
El otro día participando en un taller de filosofía en el Ateneo Libertario de Carabanchel – Latina un compañero me comentó que le gustó una observación a propósito de la soledad. La vilipendiada soledad. Claro, es incómoda y más en los tiempos que corren. Resulta rara, si me apuras incluso desagradable. Pero qué tiene de positivo la soledad. ¿Acaso no es aburrida, tediosa, triste, lacrimógena, paranoica…? Un poco sí, un poco no. Como todo. Cuestión de tiempos, de equilibrios.
Mi observación fue algo así como, mejor estar solo que tratar de encajar en un ambiente que resulta insano o en una sociedad enferma, decadente. Después mejoramos la idea de forma colectiva, que es lo bueno de los coloquios con compañeros y compañeras. Desde la solitud caminar a lo colectivo, al encuentro de las otras personas afines con las que construir tu mundo, tu realidad social. Ni dejarse arrastrar por un entorno X, ni encerrarse en una burbuja endogámica, autocomplaciente o deprimente.
Necesitamos sentirnos bien en soledad para sentirnos bien en compañía. Al menos eso pienso yo ahora. Necesitamos cultivar el arte de la solitud, de encontrarnos con nosotros mismos, con nosotras mismas, y saber qué nos duele, por qué hemos llegado aquí, meditar cómo podemos salir o quedarnos si es lo que queremos. Pero la sociedad que vivimos no invita ni al sosiego, ni a la calma, ni a la introspección. Estamos en la rueda del hámster, atrapados en el frenesí de la producción y el consumo. Los peones del capitalismo global no necesitamos ni sentir ni pensar. Si te rompes, no te preocupes, que pronto te sustituirán y que la máquina siga rodando. Si estás en crisis, ya te medicarán para atenuar las consecuencias de tu malestar y que puedas seguir haciendo girar la rueda.

Amigo hámster, ¿dónde te has quedado? Quizá seas de esas personas que a la fuerza o adrede se han bajado de la rueda. Quizá estés en un momento vital de cambio, de crisis. Tus modelos pasados ya no valen para seguir y te tienes que reinventar. ¿Qué te ha pasado? Se te murió tu madre, tu padre, otro ser querido. Dejaste a tu pareja o te dejo ella o él. Te quemaste en el trabajo. Te arruinaste. Entraste en depresión sin saber cómo ni por qué. Tienes un poco de todo, tienes la cabeza a punto de explotar… No sabes cómo serenarte ni por dónde seguir y has llegado hasta aquí. Pues bien, no esperes respuestas a tus preguntas en estas letras. Pero lee hasta el final que quizá te inspiren a encontrar tu camino. Porque eso sí lo tengo claro, cada cual tiene sus preguntas y ha de hallar sus propias respuestas. Los libros, los materiales audiovisuales, los profesionales de la psicología, las terapias, son solo herramientas. Las respuestas las hallas tú y el camino le has de transitar tú. No hay fórmulas mágicas ni dos caminos iguales, por algo somos únicos.
Decíamos que hay un momento en la vida, en el que no sabemos cómo o tal vez sí, pero algo se rompe. Es entonces cuando tiendes a aislarte. Por vergüenza de lo que la sociedad entiende como un fracaso o por dolor o, lo más sano, porque recoges velas para revisar tus mapas y buscar respuestas elaborando nuevas rutas.
Después de varios años de tormenta, con varios duelos amorosos y por muerte de seres queridos entrecruzados, el horizonte se vislumbra más claro ahora. En ese tiempo de pena, tristeza y dolor, una de mis apuestas fue por explorar nuevos caminos. Amigo de los libros y de la “buena radio” (archivos multimedia audiovisuales o podcast) en este tiempo he hallado recursos muy valiosos para mí.

Dentro del ámbito filosófico encontré una buena caja de herramientas en las filosofías helenísticas clásicas. Sobre todo en Sócrates y en los estoicos, tanto helenos como romanos. De Sócrates me gusta su visión de la vida y del individuo en la sociedad. Su espíritu crítico y su capacidad de pensar por sí mismo a base de preguntas. No plegarse a los modelos sociales imperantes porque sí, cuestionarlo todo y ser fiel a tus valores e ideas una vez las has razonado y aceptado como propias.
Del estoicismo, hay recursos muy interesantes para empezar a conocer esta filosofía, eminentemente práctica. A mí personalmente me ha servido empezar por autores modernos, para después volcarme en los clásicos. De los primeros quisiera destacar a Marcos Vázquez y su libro “Invicto”, así como su visión de la vida equilibrada a través del ejercicio físico y la vida natural; Pepe García y su canal audiovisual “El Estoico”; así como otros libros introductorios como “El arte de la buena vida”, de Willian B. Irvine, o “Cómo ser un estoico”, de Massimo Pigliucci. Tanto Irvine como Pigliucci son profesores universitarios de Filosofía. Sí quisiera hacer una crítica a cierto “neoestoicismo” presente en redes sociales que abogan por una visión muy masculina y neoliberal de esta escuela filosófica, donde hablan de un individuo aislado de lo social y cuya máxima aspiración es convertirse en una especie de “macho alfa” del amor y del mundo empresarial. Creo que poco tiene que ver con la esencia del estoicismo, pero allá cada cual con su búsqueda.
El estoicismo clásico, representado por ejemplo por Epicteto, Séneca o Marco Aurelio, dotaba a la persona de un espíritu crítico molesto siempre para el poder y tenía una visión social indisoluble de la personal. Epicteto era un esclavo cuando recibió su formación filosófica y después abriría su propia escuela, siendo ya liberto. Como otros filósofos de la época vivió el destierro de Roma porque sus planteamientos teóricos y prácticos no eran del gusto del emperador de turno. Séneca fue consejero de Nerón y acabó siendo desterrado por el emperador, ya que con el paso de los años se mantuvo más fiel a sus ideas que a las prebendas y al lujo de la toga púrpura del “rey de Roma”. Marco Aurelio es considerado uno de los “emperadores buenos” de Roma. Austero, humanista, su obra “Meditaciones”, que era en realidad su diario de campaña sigue siendo una obra de referencia para toda persona que quiera adentrarse en la filosofía de la Estoa. La visión social de Marco Aurelio se refleja en su célebre aforismo, “lo que no es bueno para la colmena no es bueno para la abeja”.

¿Pero por qué el estoicismo me parece interesante? Esta filosofía se creó y desarrolló hace más de 2.000 años en un mundo en crisis, primero el de las ciudades estado griegas y segundo el de Roma. Un mundo que dejaba al individuo sumido en la incertidumbre económica, moral y vital. Un mundo parecido al que hoy transitamos. El estoicismo propone una vuelta al interior, para desde nosotros mismos, actuar en el mundo que nos rodea, como seres sociales que somos. Al menos así lo entiendo yo. Cuando se habla de “aceptación” de la realidad no significa resignación, sino ser consciente de lo que es y desde ahí trabajar en el ámbito en el que sí podemos influir. La famosa dicotomía del control, de Epicteto, se resume en que en la vida hay cosas que están fuera de nuestro control y otras que no. Básicamente, de nosotros dependen nuestros pensamientos y acciones y es sobre ellos sobre los que deberíamos incidir, despreocupándonos de todo lo demás, ya que no está bajo nuestro control: la opinión de los demás, el resultado final de nuestro actuar, la fama, la riqueza, etc. Las ideas estoicas son fáciles de entender, bastante terapéuticas, pero difíciles de llevar a la práctica. Cultivar la razón, el amor por el estudio y la sabiduría, el desarrollo de la autodisciplina, no dejarse arrastrar por los placeres fáciles ni por el desborde de las emociones… Los mismos estoicos hablaban de un “sabio ideal”, inalcanzable, una guía en la que fijarse para tratar de progresar. Sócrates, por ejemplo, era considerado un modelo a seguir. Por eso suponen un reto cotidiano y un camino de crecimiento personal sin final. Práctica, práctica, práctica… Errar y volver a intentar.
En un mundo materialista, hedonista y superficial como el que vivimos, resulta contradictorio buscar la felicidad o más bien la realización o florecimiento personal, en una filosofía que marca la práctica de la virtud y de la calma como los caminos a seguir. Volvemos a una idea expresada antes, allá cada cual con lo que busca.
Muy interesante también me han parecido autores modernos como Borja Vilaseca o Ramiro Calle que relacionan ideas más orientales como el yoga o el budismo con el estoicismo. O terapeutas como Sandra Ferrer, Elma Roura y Paloma Pastor, con cuyos contenidos he podido entender y aprender bastante sobre relaciones sociales, personales y sentimentales en los tiempos del “amor líquido”, como dicen algunos. Al final libros y contenidos audiovisuales son un magnífico complemento y hay mucho y muy buen material filosófico y psicológico gratuito al alcance de cualquier persona con inquietudes y ganas de aprender y cuestionarse.

Naturalmente, una de las dificultades radica en cribar y encontrar las pepitas de oro entre tanta publicación. Pero como con todo, el caso es empezar, poco a poco y ser perseverante en tu propio camino de análisis, crítica y desarrollo personal. Una terapia, dirigida por un buen profesional, facilita mucho las cosas, sin duda, pero no siempre está a nuestro alcance por motivos económicos o de otra índole, por ejemplo. Incluso ambos caminos, el autodidacta y el terapéutico con profesional, creo que son ideales si se pueden desarrollar parejos.
En cualquier caso, si lees esto en la mediana edad y aspiras a determinados cambios en tu vida, lo primero que te diría o que me digo a mí mismo es: tranquilidad. Llevas décadas actuando de determinada manera, a veces mejor y a veces peor, pero aprender nuevos hábitos de pensamiento y comportamiento es todo un arte que requiere de paciencia, laboriosidad y perseverancia. Ánimo.
Javi Prieto Sancho

Página de interés:
https://ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com/psicologia-en-el-ateneo/


la soledad elegida es algo fantástico
la soledad impuesta es terrible
la soledad acompañado es muy triste