Corrían los primeros años ´80 y la pandilla de chicos del barrio bajaba al parque a jugar al fútbol. La mitad ataviados con camisetas de rastrillo, “no oficiales” que diríamos hoy, del club de sus amores. Era un barrio obrero, era otra época, las camisetas se compraban en la mercería del barrio y el dorsal y el escudo iban a parte y te los cosía tu madre. Mi número era el 8 de Miroslav “Mirko” Votava, un centrocampista alemán de origen checo. Tomás Reñones el capitán del equipo profesional, para que se sitúen ustedes. Nuestro “entrenador” en el parque era Alfonso, el padre de uno de mis mejores amigos y deportista intachable, aún a día de hoy, también llamado Alfonso. “Fonso” para los amigos. Un saludo desde la petirroja, “bro”.
Alfonso, padre, nos llevaba también al Vicente Calderón a ver al Atlético Madrileño, el filial del equipo. Bueno, el partido lo veía él. Nosotros, “chinorris”, nos entreteníamos por la grada haciendo el indio, que para eso estábamos en la casa de los atléticos. Ya un poco mayores también recuerdo algún partido épico de Copa de la UEFA. ¿Te acuerdos Alfonso cuando le ganamos 3 – 2 al Manchester United? Entonces el Manchester era mucho equipo, pero el Atleti, “derrochando coraje y corazón” nos brindó una tarde noche épica. Bufandas al viento, la ola en la grada y Paolo Futre corriendo veloz e imparable por la banda. Ese potro lusitano que nos tenía encandilados. Pura entrega y pasión, pura sangre.

El Atleti no te daba la oportunidad de celebrar muchos títulos, la verdad sea dicha. Alguna copa, alguna liga, de vez en cuando… pero tardes épicas te daba mil. Como remontarle al todopoderoso Barcelona un 0 a 3 con Roman Koseki en plan “Maradona” o ganar al Madrid la Copa del Rey en el Bernabéu con goles de Schuster y Futre, siempre Futre. Y la afición, la bendita afición que contra viento y marea siempre está ahí. Estuvo incluso cuando bajó a Segunda División y el número de socios creció. “Dos añitos en el infierno” y vuelta a dar guerra.
Como equipo de fútbol también cuenta, lamentablemente, con miserables que llevan su odio al deporte. La inmensa mayoría de atléticos nos avergonzamos de los asesinatos de Aitor Zabaleta y Javier Romero “Jimmy” en las inmediaciones del estadio del Atlético de Madrid. Sin duda, la violencia y el racismo en el deporte rey son dos lacras que hay que seguir combatiendo, en el Atleti y en el resto de clubes. Por eso me he alegrado tanto cuando dos angoleños han plantado hoy la bandera de su país africano, recordando el hilo rojo y blanco que en su país dejó el mítico jugador colchonero Mendoza. Ama el fútbol y odia el racismo.

Volviendo al campo, llega el Cholo Simeone de entrenador y empezamos a ganar más. A jugar mejor. A pelear igual pero con más calidad. Incluso quedamos dos veces subcampeones de Europa. No me acuerdo contra quién jugábamos las finales. Es lo de menos… je je. Ahora era yo el que llevaba a ver a mi sobrino y su amigo al estadio. La final era en una ciudad europea, pero en el Calderón instalaron pantallas gigantes y el estadio de la ribera del Manzanares se llenó. Pero somos el Atleti y perdimos. Aun mereciendo ganar perdimos. La vida es así. A veces mereces ganar y pierdes. Eso también te lo enseña el Atleti.

Sin embargo, esa noche, de vuelta al metro, la riada de gente rojiblanca iba triste hasta que alguien empezó a gritar:
-¡Vamos joder, que hemos jugado muy bien! Nada que reprochar al equipo. Orgullosos de estos colores… (y bla bla bla)
Y ni corto ni perezoso el chaval comenzó a cantar el himno del Atleti y al poco, cientos, miles de atléticos y atléticas cantábamos a pleno pulmón nuestro himno, “…porque luchan como hermanos, defendiendo sus colores”. La imagen tenía su guasa. En los andenes del metro, los aficionados del equipo rival nos miraban asombrados. Parecía que la Copa de Europa la habíamos ganado nosotros. Eso es lo que te da el Atleti, que en su espíritu más puro se premia el coraje, el esfuerzo, la lucha y no el resultado. Eso es lo que enamora a la afición del Atleti.

¿Y tú por qué eres del Atleti? La eterna pregunta cuando en Madrid hay otro equipo que lo gana casi todo. Pues porque el Atleti es un sentimiento, es una actitud ante la vida, es caer 7 veces y levantarte 8 y como decía Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, intentar siempre “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Y eso es mucho de ser atlético, Karla, de intentar siempre dar lo mejor, aunque sepas que llevas las de perder. Karla es mi hija, otra atlética.

¿Y a cuento de qué tanto rollo, Javi? Pues porque es mi gacetilla y escribo lo que quiero, que por eso la Petirroja se hace por “amor al arte”. Y hoy toca agradecer el detalle de mi compañero de trabajo Julián, de la Peña Atlética de Rivas, por cedernos dos butacas en el Metropolitano. Mil gracias, compa, Karluchi se va con el hilo rojiblanco metido en vena, directo al corazón, como cuando Alfonso, padre, me llevaba con su hijo Fonso, mi amigo, al Vicente Calderón. ¡Aúpa Atleti!
Por cierto, esta tarde hemos ganado.
Javi Prieto Sancho


Jajajajajaja
¿A cuento de que tanto rollo Javi? A cuento de que los que te leemos, que yo espero que seamos muchos, vemos a través de tus escritos lo que tú has visto antes con tus ojos y parece que hayamos estado ahí…
Que importante son los hilos… Que van metidos en vena, directos al corazón. Ésta frase me la copio…. Y en algún estado de esos que hoy pueden ser corazones verdes… Puede que aparezca porque me encantó.
Tarde disfrutada por lo que escribes y tarde que un día será contada como ¿Te acuerdas Karla y/o papá cuando………?
Forjando recuerdos.
Un abrazo familia!!
Gracias, Tamara. Bienvenida a la bandada petirroja.