
De canto cochino a la charca verde con nuestras jóvenes y nuestra pequeña manada. La galguita, Nala, ya se conoce el entorno. Para Mika, nuestra cachorra de carea leonesa, es su primera vez en el curso alto del río Manzanares. El agua viene de los picos cristalina y chorrea con fuerza y vigor, formando bonitas cascadas entre las rocas del río. Allá donde se remansan las aguas, las pozas aparecen transparentes con un toque verde esmeralda. La primavera tiene a las jaras pringosas, a las retamas y a los cantuesos en flor. Las perras corren libres de aquí para allá, entre la bóveda de pinos bermejos que nos cobija. El día está nublado, algo fresco, y a ratos cae alguna pequeña llovizna, que no nos impide sin embargo seguir disfrutando de nuestro caminar.

El recorrido es de 7 kilómetros, aproximadamente. Ruta circular, fácil técnicamente, pero que cuenta con el aliciente de poder ir eligiendo senderos entre las rocas e incluso ir cambiando de ribera por los puentes que nos encontramos en el camino. No abandonamos en ningún momento el ronroneo del Manzanares, que se va metiendo dentro de nosotros y relaja a la par que estimula nuestro espíritu.
Los sauces resisten en las orillas e incluso en el mismo cauce, aferrándose a la piedra y torciendo sus troncos y ramas para adaptarse a la fuerza del agua. Unos metros tierra adentro nos encontramos también con robles. Aunque hoy lo que más nos ha llamado la atención de la flora de La Pedriza han sido los cantuesos, con sus inflorescencias violetas con sus característicos dos pétalos que simulan orejas de conejo.

El cantueso (Lavandula stoechas), también conocido como tomillo borriquero, es típica planta mediterránea. Utilizada en jardinería por su bella floración y su rusticidad, también es apreciada en la producción apícola por su néctar. Sus inflorescencias secas se utilizan como medicina en infusión contra fiebres, antiséptico, antibacteriano, digestivo…

Nala, la galga, es oriunda de Almería y su pelaje fino no la invita a bañarse en las frías aguas serranas más que en los meses de estío. Mete sus patas, bebe a gusto para mitigar el sofoco de sus carreras, tan vigorosas como el mismo río. Mika, la pastora leonesa, se acerca a un remanso y de tan transparente como son sus aguas, acaba cayendo en ellas llevándose un buen susto y remojón. Pero la cachorra no pierde el tiempo en lamentos y se pone a nadar hacia la orilla antes de que la corriente se la lleve. Su pelaje, nutrido, denso, corto, la mantiene aislada de las gélidas aguas. Pronto se sacude y en poco tiempo luce ya seca. Se notan sus raíces de la meseta norte castellana, donde los ríos en mayo, precisamente, no están cálidos.
Por el camino hacemos un alto, que no tenemos prisa. Comemos frutos secos y una parte de nuestro bocata. Reanudamos camino y pronto llegamos a la charca verde entre un florido jaral.

La jara pringosa (Cistus ladanifer) o ládano es nativa de la cuenca mediterránea, destacando su presencia en la península ibérica. Suelos graníticos como los de La Pedriza son sus preferidos. El aceite de ládano se usaba como remedio para la tos y para mitigar dolores reumáticos. Hoy en día se utiliza su resina en perfumes y su polen es el más recolectado en toda Iberia por las abejas.

Desandamos camino alternando ambas riberas. Las perras ya trotan más cansadas. La ruta deja huella en nuestros rostros, donde se dibujan unas sonrisas. “Papá, esta ruta me ha gustado mucho. Bueno, mucho no, lo siguiente”, dice la pequeña. Misión cumplida.
Seguimos caminando la Madre Tierra y cultivando sonrisas…
Javi Prieto Sancho





Fotografías 1, 2, 5, 7 y 10 de Karla Serrano Prieto. Las demás de JPS.


