Cuando hablamos de salud

La frase más manida cada 22 de diciembre: al menos tenemos salud. Cuando hablamos de salud lo primero que se nos viene a la mente es la importancia vital, valga la redundancia, que tiene en nuestras vidas. De hecho, siempre se dice que puedes tener de todo, a nivel económico y personal, pero sin salud, no tienes nada.


Efectivamente esto es algo más que lógico, y cualquier ciudadano de un país con sanidad privada, en el que entrar a urgencias infartado con la tarjeta de crédito en los dientes está a la orden del día, anhela poder ser curado sin pagar un dinero que la mayor parte de la población no tiene.


Cuando te dan la noticia de que tienes cáncer, uno de tus únicos pensamientos como ciudadano español es que ojalá se invente una cura y que a ti te haga efecto ese tratamiento específico para tu tipo de cáncer que ya está implementado en un hospital determinado al que te van a derivar. Ese pensamiento, además, no se bloquea al pensar cómo lo vas a pagar mientras tienes dudas de si vas a poder continuar con tu vida.


Bueno, como este sabemos que puede haber mil y un ejemplos y mil y una patologías que se curan, o en el peor de los casos se intenta y se tratan, gracias a la sanidad pública, accesible y universal. Un sistema en peligro de extinción en un mundo en el que muy pocos países lo tienen, y nosotros tenemos la suerte de haber nacido en uno de los que aquellos que vinieron antes que nosotros consiguieron establecer.


Sin embargo, parece que, por muy absurdo o inhumano que sea, hay personas a las que solo les importa la salud de un grupo reducido de personas, concretamente un grupo con mucho dinero. Si tú te mueres, les da igual. Si tus padres, que está en una residencia, se mueren, les da igual (total, se iban a morir igual).


Solo nos hace falta poner un ejemplo dentro de España para ser conscientes del peligro al que nos enfrentamos. Pongamos en este caso el de un hospital de la Comunidad de Madrid, por poner uno bien descriptivo y ejemplar. En esta comunidad hay 179 municipios, de los cuales 21 pertenecen a este hospital en cuestión: el Hospital del Sureste.


En este hospital, de gestión pública en sus servicios de asistencia sanitaria, pero privatizado en sus servicios no sanitarios. Es decir, medicina, enfermería o dirección clínica, por ejemplo, son servicios públicos y pertenecen al SERMAS (Servicio Madrileño de Salud, gestionado por la comunidad). Sin embargo, servicios externos como mantenimiento, limpieza, restauración, seguridad o explotaciones comerciales en las instalaciones son totalmente privados.
Para dar contexto, el hospital debe atender a más de 210.000 personas, y destacamos la palabra “debe” porque la realidad es que no lo cumple. Este hospital lo han categorizado como centro de difícil cobertura, lo que significa que reúne todas las condiciones para cumplir con las faltas de personal y las carencias de recursos que suponen el día a día de sus usuarios y trabajadores.


Como nos contó una compañera enfermera del hospital, en una charla divulgativa en Morata de Tajuña sobre cuál es la situación de la sanidad pública en el sureste de la Comunidad de Madrid organizada por Morata en Común, la realidad actual del hospital es más que deprimente, insuficiente y precaria en todos los sentidos.


En 2023 abrió el hospital privado HM Rivas, en Rivas Vaciamadrid, lo cual supuso una huida masiva de pediatras del Hospital del Sureste, incluida la Jefa de Servicio, aceptando la mejora de condiciones que la sanidad privada les ofrecía y dejando el único hospital público de la zona con una falta de personal que anticipó las consecuentes fugas de distintos especialistas en los meses y años siguientes.


En 2023 también, las urgencias del Hospital del Sureste tenían una media de espera de seis horas, ocasionado por la falta de personal tras la renuncia de 13 médicos de urgencias, debido a su sobrecarga de trabajo y falta de asistencia por parte de la gerencia del hospital en ese momento, con una plantilla ya insuficiente de por sí. Se podría decir que la saturación del personal fue la causa, pero unas condiciones ínfimas de trabajo, sumadas a la imposibilidad de poder trabajar con unos recursos mínimos de calidad que garanticen los derechos y necesidades de cada paciente, saturarían hasta al más vocacional de su profesión.


Ahora mismo no sabemos si la plantilla está completa, pero lo que sí sabemos es que en el verano de 2025 hubo otra retirada, esta vez de cuatro miembros del equipo de Dermatología, dejando la especialidad con seis médicos, de los cuales solo dos están a jornada completa. Esto supone una espera de más de doce meses en conseguir cita para esta especialidad, sumado a la escasez de personal también en Anatomía Patológica (donde se envían las muestras de dermatología), que supone a su vez esperar más de dos meses para obtener los resultados de las pruebas, meses en los que no sabes si es benigno o no.


Por poner otros dos ejemplos, desde abril de este mismo año, de 15 traumatólogos se han ido 7, lo cual ha obligado a cerrar los quirófanos de Traumatología y a derivar a todos los pacientes que no pueden ser operados en este hospital a otros como el Infanta Leonor o el Gregorio Marañón. Una situación igual de precaria ocurre con el Hospital de Día, servicio en el que se administra la quimioterapia a pacientes con problemas oncológicos o hematológicos. La falta de personal en Enfermería, que son quienes se encargan de este servicio, sumada al hecho de que solo cuenten con 16 puestos (el espacio físico en el que están los pacientes) de los 32 que especifican las memorias publicadas sobre el hospital y que no son reales, conllevan a que estos pacientes, como todos sabemos vulnerables, hagan cola como en un supermercado y esperen hasta dos horas para recibir su tratamiento todos los días.


Por no poner más ejemplos, porque si no este artículo sería interminable, podemos quedarnos con que parece que muchos de ellos se quedan en palabrería, como si en realidad no se entendiera lo que supone de verdad en tu vida, en la mía y en la de cualquier ciudadano. Cuando no puedes recibir tu quimioterapia a tiempo, no puedes ser operado en traumatología o tienes que esperar dos meses a recibir los resultados de la prueba que te han hecho en la consulta de Dermatología, lo que verdaderamente peligra es tu vida y poder seguir viviéndola.


Cuando nos ponemos en casos extremos, el paso de ser atendido o no puede suponer la muerte. Pero en cualquiera de los casos, la sanidad pública es lo que te permite seguir con tu vida, a ti y a cualquier persona independientemente de su nivel adquisitivo, de su raza o de su género. El sistema de salud de España, universal y gratuito, es un tesoro que muchos países darían lo que fuera por tener.


El sistema sanitario español es lo mejor que tiene este país, y poco a poco nos lo están arrancando de las manos, convirtiéndonos en Estados Unidos y consiguiendo que solo los que pueden pagarse un seguro privado puedan ir al Hospital HM de Rivas a que les hagan una prueba antes de doce meses. Sin embargo, lo que muchos no quieren pensar porque prefieren gastarse ese dinero en el seguro privado quitándoselo de otras cosas, es que la sanidad privada no tiene infraestructura ni calidad como para atender a todos los ciudadanos.


En esta misma comunidad cada día queda más latente cómo los hospitales privados están más colapsados, mientras los públicos siguen saturados y con listas de espera interminables, tanto en consultas como en urgencias. El modelo público-privado que se instauró en la Comunidad de Madrid da para otro artículo en el que se materializan claramente las razones por las que la sanidad pública está en peligro de extinción.


Por favor, despertemos, defendamos la sanidad pública como nuestro mayor orgullo, porque tú, como yo, la necesitamos.

Claudia Paino Sánchez

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1 comentario

  1. Emilia Martín Rueda

    Soy usuaria del Hospital del Sureste.
    Quiero felicitaros por esta excelente publicación y descripción del momento actual y peligroso que estamos viviendo -especialmente en la Comunidad de Madrid- con nuestra Sanidad Pública. La de todos.
    Animo a que defendamos la Sanidad Pública cómo nuestro mejor orgullo.

    Conservemos un derecho adquirido. No dejemos que nos lo arrebaten.

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