
Se agradece
la tormenta que une cielo con tierra
que atruena y espanta,
perturba, arremete, estimula.
Feroz Gaia que nos empequeñece
con nuestros banales sin sabores.
La escorrentía
limpia lo seco, lo muerto,
lava el monte y nutre la vega
y en tierra parda, mullida,
las simientes que valen
alumbran otro amanecer.
Bienvenida la tormenta
que nos zarandea,
que nos voltea
y patas arriba nos deja
devolviendo el Norte
donde truenan las nubes.
Gaia y su lengua milenaria,
de fuerzas naturales
ignoradas y olvidadas.
La senda de lo vivo
del aguacero irrefrenable
del grito del trueno.
La tormenta
que hace abrazar la madriguera,
escudriñar la oscuridad
rota por el relámpago,
al ritmo del repiqueteo de las gotas
roto por el tronar.
Lluvia, viento, relámpagos y truenos.
Noche de cobijo,
de temores imaginados.
Tormenta que rasga
la paz,
abriendo nuevos paisajes.
Javi


