Más allá de la pintura

Hace muchos años que nos conocimos. La música oriental y la danza del vientre fueron los causantes de conocernos. Ana era restauradora de papel y yo profesor, con eso nos ganábamos la vida. Además de nuestros oficios ambos éramos artistas, ella como acuarelista y yo pintando en seda.

Poco a poco fuimos forjando una amistad en la que no faltaba la admiración mutua por el trabajo artístico del otro. Así que, en un momento dado, surgió la idea de realizar trabajos conjuntos. Nos pusimos de acuerdo en pintar sobre seda y los sábados por la mañana yo acudía a su casa y allí empezamos una serie de trabajos que derivaron en una exposición.

Yo empezaba con el dibujo sobre papel que posteriormente ella corregía, pues siempre fue muchísimo mejor dibujante que yo. Luego yo me encargaba de pasar ese dibujo a la seda y a continuación los dos trabajábamos a la vez en la misma pieza.

Unas veces cada uno empezaba por un lado de la obra, otras llegábamos a coincidir en el mismo espacio. Lo interesante es lo bien que nos coordinábamos en el trabajo y que nunca hubo una fricción o problema, derivado del ego de artista o de querer ser más influyente uno que otro en el trabajo que estábamos haciendo
.
Como he dicho antes, esto derivó en una exposición que firmamos como Gabriel Ela, ya que consideramos que el trabajo no era ni suyo ni mío sino de una especie de ente que surgía de la energía creativa de ambos.

Bueno, pues después de presentaros a Ana y mi relación con ella, he de decir que hace más de un año, Ana, murió
.
Hace poco su hija me propuso ir a su casa para regalarme alguno de los trabajos que Ana había dejado. Por supuesto que no lo dudé y agradecí su generosidad, ya que me permitió que yo eligiera la cantidad y el tipo de trabajo que quería llevarme. Me llevé tres obras por diferentes motivos, un autorretrato de cuando la conocí, un trabajo en acuarela y un tercer trabajo, también en acuarela, que apenas lo vi, supe lo que iba a pasar con él. Me nació intervenir en este dibujo, como en los viejos tiempos. Hacer una obra con Ana, que no fuera ni suya, ni mía, sino de los dos.

Ya con el dibujo en cuestión en casa, dejé pasar unos días mirándolo de vez en cuando para ver qué es lo que me sugería hacer con él. Finalmente, decidí hacer una intervención con acuarelas metalizadas, ya que si bien el trabajo de Ana es muy luminoso yo quería aportar todavía más brillo.

Me senté con el trabajo delante, las acuarelas preparadas y su recuerdo en mi cabeza. Permití que el pincel fuera eligiendo los colores y procuré que la cabeza interviniera lo menos posible en el proceso.

Surgieron dibujos que se acoplaban al trabajo de Ana y que venían de mi experiencia con los Zentangles, un universo que ella me descubrió. En medio de la obra surgió un volumen que fue tomando vida y movimiento, pero el color que esta forma sugería tenía que ser con acuarela.

Por último, fui intentando integrar las diferentes partes del dibujo para completar la intervención. Todo esto que aquí describo fue a lo largo de varios días, pues paraba de vez en cuando para ver qué me sugería el rumbo que iba tomando la obra y por tanto qué debía hacer a continuación
.
Más allá del resultado estético, lo importante para mí ha sido la experiencia de trabajar, por decirlo de algún modo, con mi querida amiga ausente del mundo material, pero muy presente en mi corazón y en mis sentimientos.


El proceso de intervención en la obra de Ana ha sido para mí algo mágico. Descubrir que puedo seguir trabajando con alguien que ya no está presente en lo físico, pero que en mi ser, en mi sentimiento y en mi corazón sí lo están ha sido algo sorprendentemente hermoso.

Desde aquí gracias a la vida por haber podido compartir con ella tantos bellos momentos. Muchas gracias Ana.

Rodrigo Ruiz

Pintura de Gabriel Ela

1 comentario

  1. Fernando Ruiz

    Me ha emocionado mucho,como plasmas el trabajo compenetrad y sobre todo como sin estar Ana la sientes totalmente presente.

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