Hay días que me sobra amor
y momentos
que me como por dentro,
hasta que me pasean mis lobas
y todo se deshilacha
como nubes de cirro.
La alquimia de tornar
la hoja en blanco
en solitud,
llevó tiempo, sudor y dolor.
La maestra Soledad
me acompañó entre flores.
Pasito a paso
las piezas encajaron,
desde el primer paseo
antes del canto del gallo,
hasta tender el uwagi y el zubon
en un patio azabache y dormido.
Los cirros se desvanecieron
con vientos
de los que ahuyentan penas
y con lobas e indómitas sonrisas
nos tumbamos
en los cúmulos de nubes.
Sin duda,
alguna lección se olvida
y siento la punzada de dolor.
Aparece de nuevo la maestra,
metódica, paciente,
cariñosa y ruda a partes iguales.
Remando leguas,
las sonrisas brotaron,
cuando comenzamos a buscar la vida
bajo nuestra quilla,
navegando siempre a la belleza
del sol de poniente.
Surca nuestra fragata
mares inexplorados, embravecidos,
e islas con tesoros misteriosos.
Aferro el timón rumbo al ocaso granate,
mientras mi maestra me susurra:
“Algo aprendes… Sonríe.”
Esta noche las nubes
volaron remolcadas por gaviotas,
luego, hay tierra a la vista.
En el manto estrellado de luna nueva,
nuestra negra bandera flamea
indómita al desaliento.
Javi


Qué bonita. Gracias.
Ostias! Me ha gustado mucho, gracias Javi!
Me ha gustado mucho y me ha hecho pensar un rato, y releerlo para sacarle más jugo.., gracias Javi
Gracias a vosotros por leer y comentar vuestra (nuestra) gacetilla, compas.