Al sol de poniente

Hay días que me sobra amor
y momentos
que me como por dentro,
hasta que me pasean mis lobas
y todo se deshilacha
como nubes de cirro.

La alquimia de tornar
la hoja en blanco
en solitud,
llevó tiempo, sudor y dolor.
La maestra Soledad
me acompañó entre flores.

Pasito a paso
las piezas encajaron,
desde el primer paseo
antes del canto del gallo,
hasta tender el uwagi y el zubon
en un patio azabache y dormido.

Los cirros se desvanecieron
con vientos
de los que ahuyentan penas
y con lobas e indómitas sonrisas
nos tumbamos
en los cúmulos de nubes.

Sin duda,
alguna lección se olvida
y siento la punzada de dolor.
Aparece de nuevo la maestra,
metódica, paciente,
cariñosa y ruda a partes iguales.

Remando leguas,
las sonrisas brotaron,
cuando comenzamos a buscar la vida
bajo nuestra quilla,
navegando siempre a la belleza
del sol de poniente.

Surca nuestra fragata
mares inexplorados, embravecidos,
e islas con tesoros misteriosos.
Aferro el timón rumbo al ocaso granate,
mientras mi maestra me susurra:
“Algo aprendes… Sonríe.”

Esta noche las nubes
volaron remolcadas por gaviotas,
luego, hay tierra a la vista.
En el manto estrellado de luna nueva,
nuestra negra bandera flamea
indómita al desaliento.

Javi

4 comentarios

  1. Carlos Escriña Burgos

    Ostias! Me ha gustado mucho, gracias Javi!

  2. Fernando Ruiz

    Me ha gustado mucho y me ha hecho pensar un rato, y releerlo para sacarle más jugo.., gracias Javi

  3. Javi

    Gracias a vosotros por leer y comentar vuestra (nuestra) gacetilla, compas.

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