Desorden en tu cabeza
en tu habitación, en tu mesa
y desordenado de nubes blancas
el cielo, como siempre tan tranquilo.
“El otro” se empeña en enamorarse
de esta o aquella… desordenadamente.
El alcohol que le da vida,
está acabando con su voluntad,
tanto ansia de amor obligado, inventado,
la tranquilidad de quien no espera.
Desorden en el coche de tu colega,
desordenadas miradas nerviosas
en locales con paredes fluorescentes.
Te mosqueas, tienes tanta rabia dentro…
…se te pone cara de asco,
y minúsculas partículas de escupitajo
vuelan desordenadas hacia tu ventana.
Aparecen en desorden visiones paranoicas:
metro, puertas con señoras en bata y zapatillas
a eso de las 9 de la mañana,
algún saludo mal dado
y la risa y la vergüenza en conjunción…
Carlos Escriña Burgos


