El David

Ver el David de Miguel Ángel me ha emocionado, mi mente estaba en otras cosas, banales, del día a día, preocupaciones que llenan espacios de la racionalidad. Y entonces una sala llena de gente con móviles en la mano aventura lo que a todas luces es un espectáculo para la vista que hace estremecer el alma de emociones difíciles de ponerles nombre.

Porque el arte es así, te mueve por dentro y como no estamos acostumbrados a observar una escultura de hace 500 años que en su origen fue un bloque de mármol de más de 5 metros de alto, cuando la tenemos delante y nos fijamos en sus formas, relieves, sus músculos esculpidos a base de cincel y martillo, sus venas delicadamente resaltadas, sus ojos, los mechones de su pelo, en ese momento, nos damos cuenta de que la mente está a nuestro servicio. Hay que usarla como la usaba el artista Miguel Ángel, para calcular medidas y buscar equilibrios, pero la realidad es que la obra está hecha desde el corazón, como todo lo que deja una impronta en el Ser, lo verdadero.

La intención del artista la desconozco, puede que fuera mostrar la belleza de un cuerpo masculino, pero si tuviera que decir algo, creo que sería demostrar que desde la presencia más absoluta es donde se gestan las más bellas obras y que cuando se admirara este David, pudiéramos llevar esa acción de presencia a todo lo que hacemos en la vida, desde apagar la alarma por las mañanas, hasta dar el beso de buenas noches a nuestros hijos.

Vivir el presente con amor, eso es lo que veo ahora, aquí en este mismo momento bajo la atenta mirada del David de Michelangelo.

Ana Aznal

Fotografías de A.A.

Galería de la Academia de Florencia (Italia)

1 comentario

  1. Manuel Ruiz

    Qué bonito, Ana. Sobre todo lo de vivír con amor ahora que tanta falta hace.

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