
Hubo un tiempo
que reí en tu espejo,
un abrazo
prolongado de muchas lunas.
Pero te perdiste
y me traicioné.
Perdimos la sonrisa
entre gritos y desplantes.
¿Cuánto tarda una sonrisa
de nuevo en brotar?
¿Te encontraste?
¿Cuándo se aprende a amar?
La vida es escuela
y no permite copiar,
pues aprendes
o te lastimas…
Los gritos enmudecieron,
por fin.
Un vagón nos encuentra
sin saber nuestra parada.
Pero yo no soy aquel
y al mirarte
no sé a quién veo
ni si toca charlar o marchar.
Cuentan más tus silencios
que tus palabras,
que suenan amables
y a medias verdades.
Tus ojos se ven cansados
y algo se agota
con el último sorbo
del café cortado.
El andén se vacía
para al poco llenarse
de gente que viene, que va,
que nos da igual.
Tus ojos me dicen
te quiero,
tus labios
callan tu dolor, tu miedo.
Al final uno de los dos
cogerá el próximo tren
mientras una duda
sentada queda en el andén.
Dos tazas de café
quedaron en la mesa,
mudas,
sin promesas.
La camarera
limpia con la bayeta
las lágrimas sin verter
de quienes no aprendieron a querer.
Javi


