Una hipoteca para el fin del mundo

Se acababa el año dos mil veinticinco y se nos escurría de las manos casi sin darnos cuenta de la espiral cotidiana de nuestras vidas. Vivir casi para el trabajo, sostener el hogar y durante dos días intentar descansar sin pensar demasiado en volver a la rutina de los días laborales y sus desplazamientos. Nos acercábamos a edades de madurez social, esos momentos en los que te haces preguntas y te comparas gregariamente con las vidas de los otros.

¿Hacerse mayor puede significar comprarse una casa? Me pregunté tontamente, buscando salida a lo que pasaría tiempo después. También podría hacerme otras tantas afirmaciones para argumentar que estábamos haciendo lo correcto, que ya nos tocaba pasar por el aro, que se estaba empezando a hacer tarde y quizás las casas no iban a volver a bajar nunca. Así con todo, esta oportunidad era ideal para no dejarla escapar. Una casa grande, compartida con amigos, barata según las circunstancias y lista para habitar y darle forma como le diría un cantero a la piedra del granito.

Hipotecarse a los cuarenta años es intentar pagar la última cuota de la casa al mismo tiempo que llegas a la jubilación. Si bien es cierto que las noticias sobre estos temas no son nada optimistas y eso que los que hacen el dinero saben que pueden imprimir cuanto quieran solo que no lo reparten a partes iguales. Y en esas andamos ya para dos semanas abriéndonos a un mundo desconocido para los que vivimos al día sin pena y sin deudas. Por fin podremos decir al mundo que nos unimos al club de la deuda, y si nos toca la lotería poder decir que este premio es para pagar deudas. Nada mal, cuarenta años y sin deudas todo un logro por intentar pasar desapercibido y que nadie mande sobre tu miseria.

Empezamos a familiarizarnos con todos esos palabros que entraban en nuestro vocabulario, tasa, plazo, deuda, referencia, valor, bonificaciones, etc. Hacer las cosas bien o por lo menos pensar que las estás haciendo bien. Esto significa que debes informarte bien de todo lo que puedes hacer para que no te engañen demasiado. Engañados ya vivimos si no a ver por qué la inmensa mayoría vive trabajando para otros que no trabajan y que son inmensamente ricos. En mi casa siempre se les ha llamado ladrones, para evitar que los niños quieran ser como ellos. Aunque es cierto que ahora muchos niños quieren ser ellos porque ser rico es hacer lo que te sale de los cojones.

A veinticinco años, sí, eso es lo que hemos hablado. Sí, se nos queda guay la mensualidad. Sí, me siento afortunado y estafado al mismo tiempo.

Ya, ya, sí, se como está Madrid, trabajo allí. Lo sé, Madrid explotará tarde o temprano, quizás dentro de veinticinco años ya con la casa pagada.

Ya, es mucho tiempo, sí, mi padre pago su casa en cinco años y mis hermanas mayores en doce. Luego mis hermanos mayores ya se fueron a los veinte años. Ahora estamos ya hablando de 2050.

La casa esta guay, la mensualidad nos cuadra y hasta vamos a poder ahorrar, bueno primero a pagar las deudas. Sí, veinticinco años está bien, así cuando tenga entre 65 y 66 tengo la casa pagada y puedo vivir en la convalecencia total.

Pues te voy a decir una cosa, leí el otro día una noticia del 2040, bueno, sobre el futuro y su colapso. ¿Sabes quién fue Donella Meadows?

Sí, la de los límites de crecimiento, lo del informe Meadows.

Eso es, que alertaban que si se mantenía el ritmo de incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de recursos…

La tierra alcanzaría su límite y explotaría.

Bueno, tanto como explotar no pero pasaría una cosa muy jodida y es que llegaríamos a una serie de situaciones de colapso de nuestra especie y de multitud de otras.
Y estaba pensando, por la risas, que igual los bancos pueden promocionar ahora ya pensando en 2050. La nueva hipoteca para el fin del mundo.

Claro, eso es, la hipoteca del exterminio. Paga tu cuota para dejarle a tus hijos una casa para el fin del mundo. Muy bonito, se me están quitando las ganas hasta de respirar.

Es que tú me dirás, qué haces, a ver está guay, todo lo que me cuentas, la casa, el precio, y claro con los alquileres de zulos a 900 euros y la gente huyendo de Madrid. Por lo menos los próximos veinticinco años los vives pagando un precio majo y en una casa bonita y alejada de la ciudad pero todo pinta a que os tenían que hacer una rebaja, ¿no?, porque ellos miran todo: las nóminas, las deudas, los ingresos, la fijeza, etc. Y vosotros qué, sí está todo fatal. El cambio climático, el fascismo 2.0 a la vuelta de la esquina, los incendios, las danas, la IA, las pensiones, las nuevas pandemias, quizás un meteorito o la tercera guerra mundial. Anda que no hay razones para pagar menos a un plazo de veinticinco o treinta años.

Yo lo veo, “Una hipoteca para el fin del mundo”, bonificaciones fabulosas si contratas tu seguro de exterminio.

Rafa Ramos

Fotografías: La Petirroja.

5 comentarios

  1. Latsari

    Gracias por poner palabras a lo que muchas vivimos. ¡Qué necesario!. ¡Gracias!

  2. RAFA

    Gracias a ti por el comentario!!

  3. Teresa

    La apreciación más trascendente es “sentimiento de ser engañado”. Siempre ha sido así; si quieres tener lo que por derecho te corresponde en la “Ley natural” tienes que pasar por el aro de la élite a través de sus esbirros que son los que llamamos políticos, no importa el partido y también de los empresarios. Ellos son premiados con lo que esquilman a los seres humanos. Su método dividirnos los unos contra los otros a través de vanas ideologías mientras ellos no se sujetan a ellas… Por eso tenemos, en lo profundo de nuestra psique la sensación de ser engañados, mientras no saquemos a la superficie, a la consciencia ese entramado ideológico seguiremos siendo su carnaza por los siglos de los siglos. ¡Qué inocencia, qué ingenuidad!

  4. Jovior

    Qué descorazonador es saber que nacemos programados en esta sociedad que nos ha tocado en suerte.

  5. Rafa

    Gracias por los comentarios y las reacciones al texto. Saludos

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