
Se acabó el baile del sol
sobre nuestras cabezas.
Se esfumó el brillo
y también el calor.
Llegó la noche y el frío.
Arribó la oscuridad
y los temores fundados
e infundados.
El ulular de la lechuza,
el único sonido
de nuestro silencioso
vuelo por la penumbra.
Cesto sin moras
ni frutos del otoño.
No nos encontramos
en los caminos del madroño.
Ya no busco tus huellas
y esquivo furtivo tus miradas.
Se fue el calor, las moras
y las caricias luminosas.
La noche trajo su paz.
La oscuridad preñada
del consejo de Atenea
y su lechuza rapaz.
Sendas y caminos
explorados sin tregua,
para salir del laberinto
de barrancos y espinos.
Se fue la estrella
y la noche se hizo aliada
con su blanca alada
en la Luna reflejada.
Se acabó el baile del sol.
Bienvenida la noche
el camino empinado
el volar de la lechuza silenciado.
En el bosque donde renace el tomillo
caminando entre lobas
explorando barrancas y lomas
en atardeceres bermejos y amarillos.
Una encina centenaria
recuerda con su vigor
el valor de lo que crece lento
fluyendo su savia con tesón.
El sol se oculta al cumplir su ciclo
y la noche más oscura también pasa
dejando el brillo y el calor
de una nueva estrella.
Siguiendo astros de Este a Oeste
rozando sus vientos mi cara
cuidando cada pisada
pintando un Norte en cada alborada.
Javi


