
La Plataforma Memoria y Justicia de Fuentidueña de Tajo organizó el 5 de agosto un emotivo homenaje a personas represaliadas por la dictadura de Francisco Franco. El acto, celebrado en la Fuente Salobre, a las faldas del Castillo de Fuentidueña, contó con la presencia de alrededor de medio centenar de personas y consistió en una ofrenda floral, lectura de poemas y manifiesto recordando el caso singular del campesino Felipe Máximo Terrés Cabezas, como símbolo de todas las personas que sufrieron la cruel represión franquista. Una vez acabada oficialmente la guerra en 1939, daría comienzo el terror fascista que se llevó por delante la vida de miles de personas por su afiliación o simpatía a organizaciones obreras y de izquierdas o incluso de ideas políticas liberales. Esta política represiva se conoce en la historiografía extranjera sobre la Guerra Civil como el “terror blanco”: cárcel, tortura, campos de concentración, fusilamientos, consejos de guerra y “paseos”, sanciones económicas, violaciones, escarnio público, robo de bebés, represión cultural y de género…

Las 13 Rosas
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente. Más Antonia Torre Yela, fusilada al año siguiente.
El 5 de agosto de 1939 fueron fusiladas trece mujeres jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años, por su militancia en las Juventudes Socialistas Unificadas o su actividad e ideas progresistas. He aquí el poema de Julián Fernández del Pozo que escribió a las condenadas en el Consejo de Guerra:
Madrid se viste de luto,
por trece rosas castizas,
trece vidas se cortaron,
siendo jóvenes, casi niñas.
Malditas sean las almas,
de sus verdugos fascistas,
que con guadañas de odio,
segaron sus cortas vidas.
España es vuestra madre,
su cielo vuestra sonrisa.
sus campos tienen la sangre,
de unas rosas, casi niñas.
El pueblo de Madrid os quiere,
ese pueblo que abomina,
de salvadores de patrias,
de rojos y de fascistas.
Madrid es patria de todos,
su nombre solo mancillan,
el odio de los caciques,
cuya razón es la envidia.
Las rosaledas de parques,
de esta, nuestra España chica,
reflejarán vuestras caras,
vuestras sonrisas de niñas.
Benditas seáis mil veces,
benditas vuestras familias,
malditos los asesinos,
que nuestras rosas marchitan.

Los 10 de Fuentidueña
Florentino Alonso de la Fuente, Eugenio Pérez Carralero, Santiago Díaz García, Felipe Máximo Terrés Cabezas, Olegario Gonzalo Castillo, Honorio Ávila Gonzalvo, Esteban Alcocer Garrido, Félix Regidor Bascuñana, Vicente Martínez Carralero y Juan Antonio Antonio García.
En el acto tuvimos la ocasión de charlar con Rayco Ouviña, de la Plataforma Memoria y Justicia de Fuentidueña de Tajo, que nos contó que la represión fue especialmente feroz en el municipio ribereño. Como en otros casos, el ámbito rural, muy caracterizado por el caciquismo, sufrió de una cruel venganza una vez acabada la guerra. En Fuentidueña la asociación memorialista está investigando numerosos casos de vecinos y vecinas represaliados por sus ideas y actividades sociales, políticas y sindicales. En el acto de la Fuente Salobre se leyó el siguiente escrito dedicado al jornalero local y afiliado a la UGT, Felipe Máximo Terrés Cabezas, fusilado el 24 de julio de 1943:
“Hoy nos reunimos aquí, en Fuentidueña de Tajo, para detenernos ante una historia que merece ser escuchada de nuevo. Para pronunciar en voz alta el nombre de un vecino que vivió con dignidad… y al que le impusieron el silencio.
Hoy recordamos a Felipe Máximo Terrés Cabezas. Un jornalero. Un hombre de manos curtidas por la tierra. Un vecino que, como tantos otros, solo soñaba con un futuro un poco más justo para los suyos.
Felipe tenía 57 años cuando fue detenido. Su afiliación a la UGT bastó para señalarlo. Lo llevaron primero a la prisión de Aranjuez y después a la cárcel de Porlier. Lugares donde la incertidumbre pesaba más que los propios muros.
Allí, entre cientos de presos, esperó un juicio que ya estaba decidido antes de empezar. Su causa quedó registrada bajo el Sumario 59.366. Un número frío y distante para una vida llena de humanidad.
Aquellos procesos eran rápidos. Sin defensa real, sin pruebas y sin garantías. Bastaba una acusación genérica para poner en marcha la maquinaria del castigo. Y así ocurrió. La sentencia llegó con toda la injusticia de la época: pena de muerte.
Felipe fue fusilado el 24 de julio de 1943 en el Cementerio del Este de Madrid. Lejos de su casa. Lejos de su pueblo. Lejos de todo lo que había amado. Una vida que merecía vejez, nietos y descanso… no un amanecer de disparos. Una vida que merecía, sobre todo, justicia.
Pero hoy, ochenta años después, su nombre regresa al lugar al que pertenece. Vuelve a Fuentidueña. Vuelve a todos nosotros. Recordar hoy a Felipe Máximo Terrés es un acto de justicia y de cariño. Es decirle, allí donde esté, que no lo olvidamos. Que su vida importó.
Porque la memoria no es mirar al pasado con rencor; es el camino que recorremos juntos para devolver la dignidad a quienes intentaron borrar. Es el compromiso de que nunca más un vecino de Fuentidueña vuelva a ser silenciado por sus ideas.
Por Felipe. Por todos ellos. Por la memoria de nuestro pueblo.”

La represión franquista
En palabras del historiador Javier Rodrigo, “la violencia fue un elemento no ya central, sino hasta consustancial a la dictadura de Franco… Una dictadura que echó las bases de su omnímodo poder sobre unos cimientos regados de sangre y oprobio, humillación y exclusión. Franco fue el dictador que, en tiempos de paz, necesitó de más muertos para mantenerse en el poder”.
Según Borja de Riquer, «nunca en la historia contemporánea española un conflicto civil había sido seguido de una venganza tan amplia, violenta y prolongada. (…) No hubo interés por integrar políticamente a los vencidos, ni por buscar una reconciliación, sólo se les quería destruir o someter». Según los estudios más consensuados la cifra de asesinados por la represión franquista se cifraría en torno a 150.000 personas. Este terror fascista fue perpetrado por el ejército sublevado, falangistas, requetés y otros grupos derechistas de “gentes de orden”, con la legitimación de la Iglesia católica en las primeras décadas de dictadura.
La represión franquista tuvo un claro componente de clase, cebándose sobre la clase obrera y campesina que había tratado de mejorar sus condiciones de vida. También tuvo un claro componente de género, estigmatizando por partida doble a las mujeres “rojas”, que sufrieron crueles y humillantes castigos como el rapado de cabezas, la toma forzosa de aceite de ricino que les hacía defecar en procesiones públicas de escarnio, la violación, el rapto y robo de bebés, y por supuesto la tortura, la cárcel y la eliminación física, como a sus compañeros varones.
El acto en Fuentidueña terminó con un refrigerio y picoteo de confraternización y la promesa de volver el año que viene con un nuevo homenaje. También esperamos que los compañeros de Fuentidueña de la Plataforma Memoria y Justicia hagan suyas nuestras páginas y nos vayan contando sus investigaciones. Solo el silencio puede enterrar para siempre a las personas que dieron la vida por nuestros derechos y libertades. En nuestra gacetilla nos sumamos a este merecido homenaje convencidos de que cada persona caída por una sociedad más justa y libre es en realidad una semilla que germina en nuestros pasos de hoy.
Nunca olvidemos su ejemplo. Nunca abandonemos su lucha.
Alejandro Prieto

Enlace relacionado:
https://lapetirroja.es/2026/04/14/honrar-aprender-y-mantener-vivo-el-legado-republicano-en-la-i-jornada-memoria-antifascista-rural/
Fuentes historiográficas: La represión franquista / Wikipedia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Represi%C3%B3n_franquista


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