
Hoy me asusta mi propia sombra:
Doy un paso, levanto la vista y ¡pego un salto del susto!. ¡Pero si es mi sombra, que me asombra!.
Asombrada, aguanto la respiración cinco segundos, resolviendo en un amago de carcajada. ¡Ay!, ¿seré posible?, ¿anda que asustarme de mi propia sombra?, ya nada me asombra.
Y así, cada paso conlleva un paso más a la congoja que acaba en un abandono al llanto, donde mis pensamientos navegan más allá de mis fronteras. Paso del sólido al líquido, fluyendo por la Albufera, de Buenos Aires al Puente de Vallekas.

Nadie me ve, no veo a nadie, me convierto en mi sombra, invisible, hasta que apareces al otro lado del cruce, recordando mi estado sólido y visible, recordándome que soy, porque “somos”.
Entonces mi sombra se esconde tras mi sonrisa. Abrázame para poder refugiarme en tu pecho y no ver el terror del mundo.
Indeleble Munay

Fotografía 1 de I. Munay.
Fotografía 2 de Karol.

