Subimos a la Ermita de Muskilda desde Otsagabia

Primer acercamiento con peque y joven al Pirineo navarro. Y ya os lo decimos, que ha sido una gozada de senderismo por los montes, la Selva de Irati y la ascensión al Pico de Orhi. Pero hoy nos quedamos con nuestra primera excursión, que había que probar las piernas, sobre todo de la más peque del grupo, a ver qué tal se aclimataba. Para empezar buscamos una ruta de salir caminando desde el pueblo. Coqueto pueblo de Otsagabia, castellanizado Ochagavía. Tejados de pizarra y tejas a dos aguas bien inclinadas para verter las nieves y que no se acumulen arriba en los fríos inviernos. Paredes blancas y flores rojas en las ventanas y balconadas. Geranios y petunias, sobre todo. Calles empedradas y el río Anduña atravesando y vertebrando el pueblo con sus puentes uniendo ambas riberas. En Otsagabia el Anduña se une al Zatoia y ambos forman el río Salazar, principal afluente del Irati. Menos de 500 habitantes. Un bombón de municipio.

Río Anduña

Marcha de unos 7 km. Circular. Partimos de unos 760 metros y llegamos al punto más alto, Nuestra Señora de Muskilda, a 1.025 metros. Cogemos la calle del ayuntamiento y la iglesia y salimos del pueblo por la parte alta. Elegimos el camino de la izquierda, el largo, el Camino Viejo a Irati y nos adentramos en un magnético y encantador bosque de hayas, robles y boj. Una bóveda verde cubre nuestras cabezas. Las zarzamoras nos avituallan de tanto en tanto, con sus primeros frutos maduros. Moras negras, jugosas, adelantadas al resto aún rojizas, pendientes de madurar. Paso a paso, por una senda sin pérdida, vamos ascendiendo el camino, con nuestros bastones de senderismo marcando el ritmo. Nuestra pequeña, habituada a caminar por nuestro monte de encinas, olivos y coscojas coge la excursión con ganas y disfruta del fresco bosque que nos rodea, del hayedo que nos protege del sol, rodeados como estamos por cientos, miles de árboles. Buen preludio de lo que nos espera en Irati.

Camino Viejo a Irati

Nuestra perra, cachorra almeriense, habituada al monte castellano que solo se puede correr en verano con la fresca del madrugón, lo goza otro tanto en el hayedo navarro. Se pierde de nuestra vista, como buen lebrel y al rato aparece llamada por nuestro silbido. No se pierde. No se marcha. No pierde la pista de su manada.

Es bonito ver como una comunidad de humanos usa y cuida su bosque. Por el camino encontramos carteles botánicos que nos hablan de las plantas y árboles que vemos. También de los usos tradicionales del entorno. Un pueblo, pegado a un bosque, que no le da la espalda. Justo caminamos en este medio arbóreo privilegiado, cuando medio León y Castilla arden por los cuatro costados. Lástima de incultura.

Hayedo

Paseamos por un bosque con siglos de historia y uso por parte del ser humano. En el bosque se ha obtenido leña, se ha hecho carbón, madera para construcción, pero también caza, setas o plantas medicinales. Ahora también se dan los usos deportivos, el paseo cotidiano, el excursionismo. En nuestro caminar encontramos robles, fresnos, avellanos, pinos silvestres y sauces. A medida que ganamos altura aparece el hayedo, que sin duda, a nuestros ojos castellanos es lo que más nos llama la atención. Algún abeto Douglas y blanco. La primera parte del bosque, la más cercana a Otsagabia, presenta un sotobosque de boj, majuelos o espinos, zarzas y avellanos arbustivos. Bajo el hayedo, solo el tejo y el acebo hacen presencia. Sin la actuación del ser humano, el bosque virgen en esta zona sería un robledal en la zona más húmeda, combinado con un hayedo en la parte más alta.

Y ahí seguimos nosotras, las dos zagalas, la perra y yo, caminando, charlando y comiendo moras. Los bastones suenan a buen ritmo. Bajo la fresca sombra de las altas hayas caminamos con gusto.

No está de más recordar que un bosque como el que nos rodea protege el suelo de la erosión, absorbe CO2 y libera oxígeno, regula la temperatura tornándola más suave y sirve de hogar a numerosas especies animales. Un bosque no es solo un conjunto de árboles, sino un ecosistema complejo, rico y vivo, con especies vegetales y animales interactuando entre sí.

Casi mil años de Historia

En unas dos horas hemos llegado desde los puentes empedrados de Ochagavía a la Ermita de Muskilda. Bonita construcción, original del siglo XII, de estilo románico, y restaurada durante el siglo XVII. Corona la ermita una torre cuadrangular, con cubierta cónica de madera y una gran campana. En el interior hallamos un retablo barroco (siglo XVII), con la virgen de Ntra. Sra. de Muskilda, del escultor Pedro de los Ríos. La imagen de la virgen de Muskilda es gótica (siglo XIV). Como curiosidad, un Patronato laico, no dependiente de la autoridad eclesiástica, “mantiene y administra los bienes del Santuario”. Este Patronato lo forman el Ayuntamiento de Ochagavía, el cura, el secretario y el Mayordomo, figura que rota cada año entre el vecindario del municipio pirenaico. Una mujer, la Xerora, cuida la ermita cotidianamente.

Arco de entrada de estilo románico
Retablo barroco
Detalle nave central

Después de almorzar y echar un rezo, que nunca está de más, para que vayan bien las cosas a nuestros seres queridos, nos volvemos monte para abajo, esta vez por el camino corto que en apenas una hora nos devuelve a la panadería del pueblo para comprar un bollo a las mozas. Primera excursión navarra que nos deja muy buen sabor de boca.

Javi Prieto Sancho

Ntra. Sra. de Muskilda (talla siglo XIV)
Detalle portón de entrada
Otsagabia – Ochagavía

1 comentario

  1. Luis M. Siu

    Bonito pueblo y bonita ruta. Por dos veces estuve en este lugar. Uno con símbolos de guerra y otro de paz. Allí dormimos en una nave rumbo a las altas cumbres del Pirineo Navarro, con la fiel infantería de las divisiones de montaña, compañía de esquiadores escalores del cuartel de Loiola de Donostia. Duras pero bonitas caminatas y ascensos a los más altos picos por este rincón del Pirineo.
    La otra veraneante singular y dejarse llevar a otros rincones en plena libertad.
    Salud-os.

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