Al Pico Zapatero desde la Fuente de las Aguas Frías

Amanece en las Aguas Frías

Ruta senderista por la Sierra de la Paramera (Ávila). Pisamos las tierras quemadas en el incendio iniciado en Navalacruz en 2021. Dicho incendio asoló más de 20.000 hectáreas, siendo una hectárea el equivalente a un campo de fútbol aproximadamente, y se extendió por un perímetro exterior de 100 km. Cuatro años después el monte bajo, piornos y tomillos, se ha recuperado en su inmensa mayoría. Los árboles no. El paisaje resulta desolador hasta la cima. No es que antes hubiera muchos árboles, pero el incendio de hace cuatro años arrasó con prácticamente todos. Por el camino nos vamos encontrando los troncos talados en los bordes del camino, esperando que los crudos inviernos abulenses vayan descomponiendo la madera.

“Senda al Zapatero”, comienza lo duro

Mi hija de 12 años, nuestra galga de un año y yo madrugamos para acogernos a la fresca del amanecer y poder subir sin calor. Nos espera una marcha circular, de unos 10 kilómetros y algo menos de 700 metros de desnivel positivo. La marcha es pues sencilla a nivel técnico, pero hasta cierto punto exigente desde el punto de vista de forma física del senderista. Partimos a 1.511 metros en la Fuente de las Aguas Frías, un bebedero de manantial, cercado y con mesas de piedra como merendero. Antaño, grandes álamos blancos daban sombra al espacio de descanso. El mencionado incendio de Navalacruz acabó con los chopos y a día de hoy, unos pequeños plantones, pujan con la hierba silvestre por convertirse en árboles. El siniestro de 2021, que se inició con la avería de un coche en una cuneta y saltó del valle del Alberche al valle de Amblés por la deficiente gestión política del operativo antiincendios, está considerado de los cinco incendios más graves de toda la historia de España desde que hay registros.

Ascendemos a buen ritmo

Hasta la Fuente de las Aguas Frías hemos subido en automóvil por una pista forestal de tierra, arreglada recientemente, viendo como el sol rojo despuntaba por el Este. Precioso paisaje, que se hace aún más impresionante por la inmediatez de grandes montañas y la solitud que nos acompaña, mientras rasgamos los últimos velos de la noche. La pista forestal la cogemos desde el pueblo de Sotalvo.

Vacas serranas en semi libertad

Sin mucho más preámbulo nos calzamos las botas de montaña, que ayudan a prevenir esguinces y rozaduras indeseadas con la maleza o con las rocas del camino, y bastones en mano nos ponemos a caminar. El primer trecho todavía es un zig zag de la pista forestal, hasta que en las faldas del Zapatero cogemos una senda, indicada con hitos, hacia la cima, campo a través. Pronto nos topamos con las manadas de vacas, que crían los terneros de este verano, paciendo en semi libertad por las praderas de alta montaña. Con calma y sin asustarlas, pasamos entre ellas sin mayores complicaciones, disfrutando de la belleza del ganado serrano. En contraposición de sus congéneres estabulados en macrogranjas, aquí el ganado está en armonía con su entorno, sus desechos abonan la tierra de la serranía, no suponen ningún problema de gestión de residuos, y fomentan la floración y la población de abejas, tan esencial para la vida en el planeta. Un equilibrio roto, en ocasiones por la mano del hombre, como en el mencionado incendio de 2021 que arrasó estos pastos y provocó la muerte de animales y la pérdida económica para los ganaderos locales.

Subimos a buen ritmo. Yo diría que un poco fuertes, incluso. La joven tiene buenos cuádriceps, fruto de su entrenamiento como deportista, y la galga está en plenitud por sus carreras cotidianas por el monte del Tajuña. El padre, que tampoco es que esté en mala forma física, carga la mochila y unos cuantos años de más y eso kilómetro a kilómetro se va notando. Cuando zagala y can me toman mucho la delantera las silbo y las propongo echar un trago de agua para que me esperen. En hora y media me han subido a lo alto del Pico Zapatero (2.148 metros), cuando habitualmente es una ruta que suele llevar unas 2 horas ó 2 horas y pico solo la subida.

Cima del Zapatero 2.148 m

Tras trepar un poco por los últimos riscos, arriba disfrutamos de la satisfacción de la cima lograda. Nos abrigamos para protegernos del viento, que viene fresco y hiela nuestro sudor de la ascensión. Almorzamos el bocata y charlamos sobre lo que vemos alrededor. Un silencio majestuoso nos rodea. Incluso la galguita se para embelesada en cualquier risco oteando el horizonte. Lástima que otro incendio, cuatro años después, nuble con una fina capa de humo el Valle de Amblés y las vistas no sean las mejores. El incendio de Cáceres que se ha cruzado a Salamanca en estos días de agosto tiene su repercusión también en el aire abulense. Así de triste es la historia del ser humano, que antepone criterios económicos y políticos a la preservación y conservación de su patrimonio cultural y natural.

Valle de Amblés cubierto por neblina de humo

Los montes y montañas de Iberia necesitan ganado en extensivo que controle la maleza y asiente población en el medio rural, con capacidad para ganarse la vida. Los montes y montañas necesitan bomberos forestales públicos todo el año. Cualquier paisano te dirá que los incendios del verano se apagan en invierno con las labores de prevención, de limpieza de montes y de construcción de caminos y cortafuegos. Los montes y montañas no necesitan subcontratas que hacen el negocio en verano a costa de la precariedad de los bomberos y bomberas forestales que se están jugando la vida por cuatro duros. Y sobre todo, los montes y montañas no necesitan políticos incompetentes que desatienden sus obligaciones de prevención de incendios (Ley 43/2003 de Montes) durante 9 meses al año y los meses de verano se dedican a echar la culpa a otros de su mala gestión, como está haciendo Mañueco estos días en la Junta de Castilla y León. Cerramos paréntesis.

Después de tres cuartos de hora de agradable charla y descanso en la cima, bien abrigaditos, decidimos emprender el viaje de vuelta. Nos queda descender un desnivel de 700 metros por la misma senda zigzagueante, entre hito e hito, rodeados de piornos, enebros, tomillos y ganado vacuno. A la vuelta nos topamos con el ganadero y charlamos brevemente con él. En todo el camino, solo nos hemos cruzado con él, otra pareja de senderistas que subía cuando nosotras bajábamos y un ciclista de montaña que transitaba por la pista forestal. Un paraíso de montaña disfrutado por unos pocos afortunados.

La flor “quita meriendas” anuncia que el fin del verano se acerca

Perrita, zagala y padre volvemos a la Fuente de las Aguas Frías tras una hora de bajada, que carga nuestra fatigada musculatura de las piernas. Echamos un buen trago del manantial serrano y llenamos nuestras botellas para el disfrute de la familia, que nos espera en un pueblo del Valle de Amblés. Satisfechos del esfuerzo realizado, plenos de la comunión con la Madre Tierra. Otra senda más… ¡y las que quedan!

Javi Prieto Sancho

Fuente de las Aguas Frías

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