Santiago no cultiva fresas

El pequeño pueblo de Niharra, a orillas del río Adaja, en pleno corazón del Valle Amblés, es uno de esos municipios castellanos por los que pasas de largo si no tienes raíces allí. Un pueblo sin colegio, sin tiendas, con un único bar en el que miran curiosos al que entra y no conocen, como en las cantinas del Oeste. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el pueblo cuenta con un censo de 183 personas en 2024. Desde que se tienen registros, en 1842, la cifra más alta corresponde a 415 habitantes en el año 1930. Desde dicho año, justo antes de la II República española hasta la actualidad, la curva demográfica es una continua y persistente bajada, cuyo punto más bajo es el año 2011 con 169 pobladores. No obstante, en 2021 se registra el primer incremento demográfico en un periodo de una década, desde 1930: en 2021 Niharra cuenta con 189 habitantes.


Según los datos del INE de 2022, el 67,6 % de los niharrenses o “charcuezos” son españoles, mientras que el 32,3 % restante serían extranjeros. ¿Extranjeros en Castilla la Vieja? ¿Ingleses, franceses o alemanes que han decidido jubilarse acá? Pues no. Mayoritariamente son personas de origen africano, magrebíes o subsaharianos, que han venido para ganarse el pan y trabajan en la agricultura local. Marruecos, Rumanía y Mali son los países de origen de algunos de los nuevos vecinos y vecinas.


Niharra cuenta con explotaciones agropecuarias, fresas en agricultura y ganado vacuno. Las fresas del municipio llegan a venderse incluso en los mercados germanos con sello ecológico. El ganado limousin para carne puebla el prado comunal, en la ribera del Adaja. También existe una explotación ganadera de vacas frisonas lecheras y algún rebaño de ovejas. Las tierras de alrededor del pueblo se cultivan de cereal: trigo, cebada, centeno. Actualmente gobierna el pueblo “Por Ávila”, partido liberal regionalista, de índole centrista, escindido del PP.


Las personas que desde 1930 han ido menguando la curva demográfica del pueblo, han ido engordando la población de las ciudades cercanas como Ávila y sobre todo Madrid, que acogió un buen número de migrantes niharrenses en los años 60 y 70, con el éxodo rural producido por la mecanización industrial de la agricultura: tractores y cosechadoras que echaban de los campos a numerosos brazos. Y es precisamente el nuevo impulso económico del sector primario, en esta ocasión las fresas, lo que atrae a Niharra a nuevos pobladores, esta vez de allende nuestras fronteras, pues son los más dispuestos a trabajar en el campo, con sus duras condiciones físicas y climatológicas. Por tanto, podemos concluir que Niharra, como tantos otros pueblos de la España Interior, “España vaciada” es un pueblo que a lo largo de su historia sabe bien lo que es la migración. Emigrantes que se fueron buscando un futuro mejor, a Ávila, Madrid, Francia o Alemania, e inmigrantes africanos o de la Europa del Este, que vienen buscando lo mismo: pan, trabajo y futuro para sus familias.

Desde Mali a Castilla labrándose un porvenir


Precisamente hoy hablaba con una de las abuelas del pueblo, de la dura infancia que vivió en los años 40 y 50. Ordeñando vacas para vender leche, trillando el cereal en las eras, pastoreando a cerdos y vacas del pueblo, acarreando cántaros de agua desde la fuente del reguero hasta la casa… Vida dura, pero también con sentido, plena, donde tu esfuerzo se veía satisfecho con el propio vivir. Y cuando la vida, económicamente, no fue posible en el pueblo, tocó la emigración. En este caso Madrid. En la ciudad, que estaba creciendo, a labrarse un futuro, a trabajar y echar raíces en uno de los barrios obreros de la periferia que crecía al calor de la recuperada democracia. Migrantes. Personas trabajadoras buscando un porvenir, negado por distintas causas en sus tierras natales.

Ganado en el prado comunal


Niharra no suena muy castellano. El nombre al parecer pudiera provenir del árabe, ya que en dicha lengua significaría “almear del heno” o lugar del heno. Antes de los musulmanes, en estas tierras hubo presencia romana atestiguada de forma arqueológica, en las ruinas de una antigua villa romana, explotación agropecuaria, que los lugareños conocen como “La pared de los moros”. Y a pocos kilómetros del municipio, encontramos el castro celtíbero de los vettones, un pueblo prerromano, que también tenía como base económica la agricultura y la ganadería. Por tanto, en este puñado de tierra podemos encontrar sangre celtíbera, hispanorromana, islámica y cristiana de nuevo a partir del siglo XI, con el avance de los reinos cristianos del Norte. Todo esto antes de que existiera España. En el siglo XI, el avance castellano con Alfonso VI, llegó hasta estas tierras, repobladas con gente del Norte, de la mano de nobles como Garcí-Sancho o Raimundo de Borgoña.

Iglesia


Así que ya ven, entre idas y venidas de la Historia, por este terruño castellano han pasado no pocos pobladores. Unos se quedaron y otros se fueron. Hoy, sigue existiendo como pueblo, con una población exigua pero con un ligero crecimiento desde principios de la actual década. Una economía basada en el sector primario, agricultura y ganadería, y una población española y extranjera, en proporción de ⅔ y ⅓ según los datos del INE, que trabajan para ganarse el pan y prosperar.

Río Adaja


Otra abuela del pueblo, me decía hace tiempo, que “si no fuera por los extranjeros nadie trabajaría en las fresas”, por lo que la economía local y por tanto el pueblo se hundirían posiblemente. Una joven española, de padre y madre marroquís, vive en Niharra desde pequeña. Estudiante en Ávila, sigue trabajando los veranos para labrarse un porvenir y estudiando para llegar a ser azafata de vuelo el día de mañana. Española, de origen magrebí. De Niharra, tanto o más que las dos abuelas que hemos mencionado antes, la primera de ellas migrante en Madrid y su hermana en Francia. Por tanto, ¿de qué país hablan los discursos de cierto partido político que se llena la boca de España? ¿A quién beneficia extender el odio entre población autóctona y extranjera? ¿Alguien con dos dedos de frente piensa que sobran a este país 8 millones de personas racializadas, extranjeras o españolas, como defendió este verano determinado partido político? ¿Qué historia de España han estudiado y qué historia de España nos venden los “salvapatrias”?


Esta claro que Santiago no cosecha fresas, pero sí siembra odio.


En La Petirroja nos quedamos, siempre, del lado de las personas trabajadoras, sean de dónde sean, por la convivencia y por la cultura que nos hace libres de racismo y xenofobia.

Javi Prieto Sancho

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