Paseo a Las Chinitas y al Pico Gavilán en Solosancho


Madrugamos para aprovechar la fresca de las tierras abulenses. Empezamos ruta en la base del Castro de Ulaca (Villaviciosa, Solosancho), pero en esta ocasión no visitaremos el enclave celtíbero, sino que nos encaminamos hacia El Gavilán / Tejo (1.502 metros). Marcha fácil, excluyendo la trepa al Pico El Gavilán, que en su parte más alta presenta unos riscos de considerable magnitud difíciles de escalar, así que por precaución nos quedamos a unos 10 metros de la cúspide.

Mi galga huele a tomillo


Por las faldas de la Sierra Paramera, con el Pico Zapatero y el Pico del Águila vigilando nuestro deambular montaraz, caminamos de hito en hito entre retamas, enebros y cantuesos o tomillos borriqueros, como también se conoce a la Lavandula stoechas. Serranía que cobija a rebaños de vacas, que pastan en semi libertad por las altas tierras de Ávila, a más de 1.000 metros por encima del nivel del mar. Aquí podemos encontrar a la raza negra avileña y también a la rubia limousin. Tampoco es inusual encontrar yeguadas con sus potros de la primavera y verano. En esta ocasión no tuvimos el gusto de toparnos ni con vacas ni con caballos.

De hito en hito. Paso a paso. Avanzamos


La galga cabalga de hito en hito, entre las piedras y planchas de granito, y a su jovial paso desprende el aroma de los tomillos con las flores secas, agostadas. La ruta está bien señalizada por el paso de senderistas que hacen y rehacen los hitos para futuros caminantes. Se trata de un sendero estrecho, a veces comido y disimulado por el monte, que se ha rehecho en pocos años del desolador incendio que calcinó las retamas y los pocos árboles que pueblan estos lares. Resulta ameno el deambular zigzagueante, saltando a veces de piedra en piedra, con la fragancia de los cantuesos agitados por nuestras botas y bastones. Llegados a un collado bien señalizado, nos encontramos con las opciones de proseguir marcha hacia el Pico Zapatero (2.158 metros), bajar al arroyo Picuezo y ver el paisaje singular de Las Chinitas o ascender al Pico Gavilán.

Pico Zapatero como telón de fondo


Vamos bien de tiempo y de energía, el sol no está muy alto y todavía no calienta mucho, así que decidimos ver las moles impresionantes que llaman Las Chinitas y que la perra juegue y se refresque en el arroyo Picuezo que en pleno agosto baja frío e impetuoso de las cumbres mayores de la zona. Aprovechamos para tomar un café del termo y relajarnos un poco con el arrullo del agua en su discurrir tortuoso y vivaz por las rocas.

Arroyo Picuezo
Paisaje singular Las Chinitas


Retomamos el camino, volvemos sobre nuestros pasos y llegamos al collado con la señal de las flechas de madera. Ahora sí, subimos hacia El Gavilán. Medio kilómetro más y ya estamos en los riscos finales. Rodeamos las grandes piedras por sus distintas caras y trepamos lo que podemos con seguridad, descartando el tramo final. A la sombra de los últimos 10 metros de piedra, disfrutamos del merecido descanso tras alcanzar nuestro objetivo de hoy. Nuestro corazón late con ritmo por el esfuerzo realizado, nuestra alma bulle jubilosa por otra nueva meta alcanzada. Modestos pasos que nos dan la vida, al fundirnos con la Madre Tierra y estrechar la relación hombre y perra, que tantos caminos y sendas exploran, manteniéndose en forma mútuamente, fortaleciendo piernas y espíritus. Gracias galguita. Y puestos a agradecer, también gracias a las personas que se preocupan por poner y mantener los hitos que van marcando la ruta. También nosotros mejoramos la visibilidad de la caminata rehaciendo marcas caídas y apilando nuevos cantos para construir hitos nuevos.

De risco en risco como cabras
Arriba del Gavilán
Pico Gavilán – Tejo


No tengo muy claro eso de la reencarnación, pero bien pudiera ser que en otra vida fuera pastor vetón, celtíbero de las tierras que pisamos, pues el ánima se encuentra solaz y plena, paso tras paso, mientras nuestra perra se aromatiza con los cantuesos en su joven correteo, engalanando el aire serrano con un perfume encantador y meloso.

Un senderista

Tierras bajas de la Vetonia celtíbera, hoy conocidas como Valle Amblés

5 comentarios

  1. Fernando Ruiz

    Estupenda caminata y aparte de mejorar físicamente como bien dices se estimula el espíritu al contacto con la naturaleza y se consigue dejar atrás los problemas por un tiempo.
    Que continues así y nos relates muchos más recorridos.

  2. Kety

    Gracias por el relato de esta caminata. Las descripciones que haces me trae recuerdos de cuando podía caminar. ¿Como se llama la galgita?

  3. Pilar

    Gracias por tu relato, te traslada a otra época.

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