
Pues no voy a hacer un artículo de Historia, pero tampoco voy a hacer una reseña cinematográfica al uso. A cuento de ver la película de animación española “El Cid, la leyenda” (2003), me apetece hablar un poco de Rodrigo Díaz de Vivar, caballero castellano del siglo XI, cuando Iberia estaba dividida entre un puñado de reinos cristianos al Norte del Duero y más reinos musulmanes o taifas al Sur. Es la época de la mal llamada “reconquista”, pues el combate no era, como algunos nos pretenden hacer creer de forma interesada entre “moros y cristianos”. En dicho periodo histórico la convivencia cultural, comercial y social entre reinos cristianos y musulmanes era un hecho. Como también era un hecho las continuas guerras entre unos y otros, pero no solo entre cristianos y musulmanes, sino también entre cristianos, entre musulmanes e incluso entre cristianos apoyados por musulmanes y a la inversa.
La película de animación dirigida y con guión de Josep Pozo muestra en parte el panorama descrito anteriormente. El Cid, es un caballero castellano desterrado por su rey, Alfonso VI, y al mando de su propia mesnada o ejército mercenario, trata de ganarse el favor y perdón del monarca combatiendo, junto al príncipe musulmán, Al-Mutamín, contra el emir del imperio almorávide, Ben Yussuf. Por tanto, para ser una película destinada a un público infantil-juvenil, el hecho de incluir personajes cristianos, “buenos y malos”, y personajes musulmanes, “buenos y malos”, nos parece un acierto y una apuesta más veraz del contexto histórico de las contiendas que se vivieron en aquella época en los territorios de frontera.

Por lo demás, la película nos parece entretenida, sin tampoco deslumbrarnos. Se deja ver y al final uno se queda satisfecho, por lo menos en mi caso. Bien es cierto que me picaba la curiosidad y dudaba de que una película de animación sobre el Cid Campeador me fuera a gustar. El personaje histórico me atrae bastante y algo he estudiado sobre él, así que me esperaba salir endemoniado de la tergiversación de la historia o de lo que yo he aprendido sobre el tema. Aprovecho para recomendar también la novela de “Sidi” de Arturo Pérez Reverte, que también ahonda en la contradicción y complejidad del momento histórico que se vivió en Iberia en el siglo XI y que algunos tratan de manipular desde un punto de vista político como una lucha entre cristianos, buenos, contra musulmanes, malos.
Como siempre, la simplificación y el revisionismo histórico de algunos son un caldo de cultivo para la propagación de la islamofobia que interesa a determinado partido político y que tan nefastas consecuencias está teniendo en el deterioro de la convivencia intercultural en determinados pueblos y barrios.
Insistimos, la convivencia y la guerra entre unos reinos y otros era constante, al margen de la religión que profesaran. La religión no necesariamente encuadraba a unos territorios en un bando y a otros en el contrario. Por eso, Rodrigo Díaz, el Cid, luchó codo con codo con musulmanes contra cristianos aragoneses, por ejemplo, y también contra taifas islámicas. Al final, el Campeador conseguiría el favor de su rey, pero conquistó y conservó hasta su muerte cierta autonomía de unos y otros, estableciendo un señorío propio en el Levante peninsular. Eso sí, el Cid, aunque permeable a la cultura islámica, era un guerrero castellano, de cultura y tradición cristiana.
Otro punto a favor de la película de Josep Pozo es presentar una Jimena valerosa, luchadora, que intenta imponer su criterio en un mundo medieval masculino dominado por la guerra. La película no deja de ser una historia de amor y aventura ambientada en el siglo XI hispano, pero sin duda que yo la prefiero a alguno de los muchos bodrios Disney con los que el imperio estadounidense nos tiene colonizados culturalmente. Bien es cierto que la estética del dibujo, con unos cuerpos musculados, grandes, presenta un trazo original al que te tienes que acostumbrar y quizá no sea del gusto de algunas personas.
Y puestos a quedarnos con lo legendario del héroe castellano, del cual hay tanto mito como historia, nos quedamos con la idea de que Rodrigo Díaz de Vivar luchaba por honor, más que por el vil botín, y tenía por banderas la amistad y la lealtad. Seas musulmán, cristiano o ateo, en algo hay que creer, amigo, amiga.
Un castellano

