He de confesar que Arturo Pérez Reverte es un escritor que me gusta y me entretiene mucho. Políticamente hablando no andamos muy cercanos creo, pero sus tramas históricas, aderezadas con buenas dosis de acción y ficción realista me resultan muy amenas. Su estilo directo, rápido y duro en ocasiones encaja con los ambientes enrevesados, llenos de aristas y los choques entre personajes fuertes como en las novelas negras de “Falcó”, en el pobre Siglo de Oro español del Capitán Alatriste o en esta ocasión en la guerra civil de 1936 con “Línea de fuego”.
La novela que nos ocupa narra una historia de ficción, dentro de un contexto histórico muy real y concreto, la Batalla del Ebro. En 1938, entre julio y noviembre, la República española trató de romper las líneas fascistas atravesando el río Ebro. Esta ofensiva y la posterior contraofensiva del bando sublevado, liderado por Franco, se convertiría a la postre en la batalla más larga y sangrienta de toda la guerra fratricida. No desvelaremos aquí el resultado de la contienda en el Ebro.

Arturo Pérez Reverte, como buen reportero de guerra que fue durante muchos años, pinta una novela bélica de película, llena de acción, de vueltas de guión, de heroísmo y crueldad, de esperanzas perdidas, sueños rotos y coherencia inquebrantable. Destapa el escritor lo mejor que el ser humano puede dar en una guerra y lógicamente lo peor que sale de las personas en dicha situación. Matar o morir. El descenso a los infiernos de una batalla real, donde los ideales se ensucian con el sudor, el fango, la sangre, la mugre y la rabia. Por las páginas de “Línea de fuego” desfilan aguerridos comunistas, legionarios, voluntarios falangistas y requetés carlistas, brigadistas internacionales, también mujeres soldado republicanas del cuerpo de radiotransmisiones.
Se le ven las antipatías a Pérez Reverte, cargando contra los comisarios políticos comunistas y contra las milicias anarquistas. Tampoco se casa con los generales fascistas, a los que describe como extremadamente eficientes en su cruel y sistemática represión de los vencidos. Destaca Pérez Reverte el espíritu patrio de unos y otros, de la tropa en un bando y otro. Ensalza el arrojo y el valor hispano y también lo tilda de cierta ingenuidad y quijotismo, pero sin decirlo él mismo, quizá se le escapa a través de las voces de periodistas internacionales, por ejemplo.
El libro no da respiro. Tomas un pueblo con las tropas republicanas y al capítulo siguiente estás con los nacionales tratando de recuperar las posiciones perdidas. Te mete en la guerra, sin duda. Sientes el asco, el miedo, la muerte, la camaradería, el sacrificio por un ideal, cada cual el suyo, que aquí Reverte es muy ecuánime. También refleja el sinsentido de toda contienda. De gentes que se matan porque les ha tocado matarse, porque han sido reclutados, porque si el país estalla en guerra o lo hacen estallar en guerra unos militares golpistas, pues toda la población se ve salpicada tarde o temprano. Pero Pérez Reverte no se casa y mantiene cierta equidistancia.

Como novela de guerra “Línea de fuego” me ha gustado mucho. Como novela sobre la guerra civil le pongo dos peros. El primero esa cierta equidistancia de la que hablábamos. El segundo, su tufillo clasista cuando habla de las milicias anarcosindicalistas y socialistas, vinculándolas por ejemplo a caos y represión sin control en la retaguardia. Resulta paradójico que se hable de caos en el ejercicio del poder popular por parte de los sindicatos de la UGT y la CNT durante la guerra civil española, cuando por ejemplo, fueron sus comités los que sostuvieron ciudades enteras como Madrid o Barcelona en los primeros días del alzamiento fascista y posteriormente cuando los gobiernos abandonaron las urbes rumbo a Valencia, por temor a que Franco las tomase. En estas dos grandes ciudades el golpe de Estado lo pararon los trabajadores y trabajadoras en armas, que aseguraron el orden público y desde el mismo 19 de julio de 1936 hicieron funcionar empresas, fábricas, talleres, medios de transporte y otras industrias colectivizadas.
En cuanto a la represión en la retaguardia, cabe destacar que el cenetista, Melchor Rodríguez García, por ejemplo, fue conocido como el “ángel rojo” por su labor humanitaria con los presos del bando nacional en territorio republicano, evitando numerosas ejecuciones. Precisamente un sindicalista que había pisado la cárcel y por tanto, cuando fue delegado de prisiones, sabía lo que se traía entre manos y fue capaz de conservar su humanidad y la de prisioneros y guardianes, estando al frente de las cárceles. Esto lo obvia Pérez Reverte, no sabemos si por ignorancia o por antipatía antisindical, aunque entendemos que no todo lo que ocurrió en la guerra civil puede mencionarse en una novela sobre la Batalla del Ebro y se le puede perdonar, pues no está haciendo Historia. Lo que sí deja claro el autor es el plan sistemático de los militares golpistas para eliminar a toda persona desafecta al nuevo régimen: sindicalistas, maestros, militantes de izquierda… Una máquina de exterminio bien engrasada, sin duda, que dejó España llena de fosas comunes, muchas de las cuales aún esperan ser excavadas en honor y recuerdo de sus ocupantes.

En resumidas cuentas, con “Línea de fuego” te sumergirás en una batalla de la guerra civil y pasarás una buena lectura durante unos cuantos días, pero para entender la contienda mejor buscar un buen libro de Historia, de Josep Fontana, de Vicens Vives, de Hobswam y si quieres una perspectiva más proletaria de la guerra civil y la revolución social que se desató en amplios territorios de Iberia, pues no dejes de leer “Homenaje a Cataluña” de George Orwell, que por cierto, él sí estuvo allí, en las milicias del POUM y en la “Rosa de Fuego” de Europa, como se conocía a Barcelona en aquella efervescente época.
Javi Prieto Sancho


Javi ya nos hace una buena presentación de la novela,muy profunda amena y bien documentada.
Muchas gracias,a ver si no se me pasa y la leo.