De amor, amistad y relaciones sexo afectivas

Días intensos de emociones, con encuentros muy nutritivos con amigos y amigas, de esos roces que curan heridas, de esas charlas que nutren sueños y conspiran nuevos rumbos y aventuras. Hablo en un parque con mi amiga Maite, que trabaja de psicóloga y sabe mucho de relaciones personales. Charlo con Silvia, la gallega, también terapeuta. Ambas mujeres jóvenes. Charlas informales, en plan colegas. Ambiente distendido, tiempo libre y rodeados de amistades, cada cual con su charla, con sus ideas y pedradas.

¿Qué tocada está mucha peña, no? A nivel emocional hablamos. Pues sí. Da igual quién diga qué. Hablamos las tres y vamos desliando la madeja de las relaciones sociales, sexo afectivas… Dice Silvia que en los tiempos del “amor líquido” es muy natural encontrarte con mujeres, sobre todo, pero también con varones, tocados a nivel emocional. Muy heridos. Con pocas herramientas de sanación y metidos en bucles más o menos oscuros, que se pueden alargar meses o incluso años. Peña con treinta y cuarenta años, que se encuentran con relaciones rotas, con vínculos líquidos, con casi algos… Poca responsabilidad afectiva con la otra persona.

Nos reímos de que hoy sea más sencillo follar con alguien que tener una conversación que implique intimidad sin sexo. Así de asustados y asustadas estamos de las relaciones afectivas, del daño que nos hicieron, de lo que nos costó sanar. ¿Quién baja las barreras primero? ¿Cuando hablas de amistad de qué hablas? Confianza. Creer en la palabra del otro, de la otra, hasta que sus hechos te demuestren que su palabra no vale nada. Mientras tanto creer. Confianza. Amistad.

Y liberarse del qué pensará el otro, dice Maite. Mi trabajo es conmigo, bastante tengo con entenderme yo. Ser honesta con la otra persona y que la otra elija cómo interpreta su papel. A fin de cuentas, la cabeza de cada cual es un puzzle con mil historias, que ni uno mismo a veces comprende.

¿Amor libre? Pero como dice Rodri, homosexual con pareja estable y relación abierta, primero hablamos de cómo jugamos y si las dos personas estamos de acuerdo con las reglas, libremente elegidas, pues adelante. ¿Es menos libre tener una relación monógama consensuada? ¿Es más libre tener relaciones al margen de tu vínculo principal sin charlarlo con tu pareja? ¿Es necesario tener pareja para compartir afectos, amores, sexualidad…? Muchas preguntas, que si no se hablan se quedan sin respuesta, claro. Definiciones que por otro lado se cambian de mutuo acuerdo, cuando llegue la ocasión y haya un diálogo sincero. Diálogo, conversación, charla, acuerdo, compromiso, libertad, responsabilidad afectiva.

Coincide Rodri que es más fácil hoy irse a la cama que intimar. El afecto puede doler mucho cuando no hay responsabilidad afectiva de la otra parte. Además, la sociedad está hipersexualizada y pone más sencillo el practicar sexo sin mucho compromiso emocional en juego. Incluso se ve como algo liberador, aunque también haya voces que hablen de un “consumismo de cuerpos”.

Me dice una amiga que después de hacer de todo en la cama, el chico con el que se enrolló se rayó al abrazarlo para dormir y se marchó de casa a las 4 de la mañana. Maite, que duerme abrazada con un amigo si se da el caso y no hay sexo de por medio. Pues muy bien, guapo, busca el “búho” y vete a casa. Verás que frío hace en el barrio a estas horas. ¡Ja ja ja! Nos reímos porque es para reírse.

A Txema, la chica con la que se estaba liando sexual y afectivamente desde hace unas semanas se le asustó por invitarla a cenar en casa después de su jornada de trabajo. Pero chica, que vas a dormir conmigo en mi casa y en tu curro te van a cobrar la cena… Lo natural es que yo cocine para los dos, ¿no? ¡El amor está en el aire! ¡¡Ventila!! ¡Ja ja ja!

De las aplicaciones de ligoteo y contacto mejor hablamos otro día. Que también tiene tela. Como Unai que no para de liarse con unas y otras y muestra su insatisfacción por la superficialidad de los vínculos. El catálogo se queda corto cuando buscas algo con miga y hay que cribar mucho para encontrar la pepita de oro entre la gravilla del río.

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Cuando hablas con amigas terapeutas como Maite y Silvia surgen preguntas muy interesantes. ¿Pero desde dónde te vinculas? ¿Qué buscamos en las relaciones afectivas? El problema es buscar validación personal más allá de tu propia persona, ¿verdad? Tú valía no depende de que Juan te elija o Jeni quiera ser tu amiga. Claro, las tres coincidimos en lo importante que es tomarte tu tiempo y trabajarte a nivel personal. Todos y todas arrastramos heridas de infancia. A fin de cuentas, como dice Silvia, “somos víctimas de víctimas”, a nivel emocional, y las generaciones pasadas estaban todavía más desvinculadas de la Inteligencia Emocional que con alfileres, tratamos de aprender hoy a toda prisa para tener relaciones sanas. Quien ni siquiera es consciente de sus heridas emocionales es que ni siquiera se atreve a mirar hacia dentro.

Dice Maite que le molan los hombres que asumen “sus cositas”, sus heridas, sus mierdas… y se las curran o lo intentan. Mejor sola que mal acompañada mil veces. Mejor solo que dando vueltas en una noria tóxica. En eso coincidimos claro. Si hay una relación afectivo sexual con alguien, que sea para sumar a lo bueno que ya tenemos cada uno, cada una.

Comenta Silvia que las relaciones de pareja o sexo afectivas en general, no necesariamente de pareja, son un excelente campo de autoaprendizaje emocional si las sabemos trabajar. ¿Por qué? Porque ponemos en juego, explica Silvia, campos de nosotros mismos que no sacamos con otras personas ni en otras relaciones que implican afecto. La pareja nos espeja y nos saca lo mejor y en ocasiones también lo peor. Dice Maite que muchas relaciones de pareja no se acaban por falta de amor, sino por falta de aprendizaje. Saber fluir con la otra persona, sin perder el rumbo de tu propio camino. No fundirte ni diluirte en la otra persona. Asumir que la vida es cambio y la relación, queramos o no está atada a dichos cambios. El caso es si se puede o quiere cambiar juntas, aprender juntas, saltar los obstáculos que van apareciendo en el camino.

La charla divaga, vamos y venimos a través de anécdotas de unas y otros. Reímos. Nos mostramos las cicatrices de heridas del pasado. Para algo estamos entre amigas. Ya no hay llantos. Tampoco los esconderíamos si los hubiera. Ya nos vimos llorar y nos consolamos y apoyamos. Sí, mucha comprensión. Todas las personas de la charla han vivido lo más bonito del amor y momentos feos, de esos que lo mejor que puedes hacer con ellos es aprender y tirar hacia delante más fuerte, más sano.

¿En serio que estamos liberando nuestras relaciones afectivas?

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Qué bien se está en el parque al atardecer. Pásame otra cerveza y gracias por tus palabras con afecto, sinceras, íntimas. Vamos con los otros colegas, a ver qué se cuentan… ¿En serio se fue de casa a las 4 de la mañana? ¡Ja ja ja! Ya te digo. ¿En serio se asustaba más porque cocinara Txema para los dos que por follar con ella? Eso parece ¡Ja ja ja! Estamos muy tocados, muy tocadas. Oye, ¿nuestra amistad implica algo más?… ¡Ja ja ja!

Maite, Silvia y Javi

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