Primero de Mayo madrileño, plural y reivindicativo

Miles de personas han recorrido, en un ambiente animado y reivindicativo, las calles de Madrid entre la Plaza Mayor y el parque de Las Vistillas. Bajo el lema “Contra la guerra y el capital. Organización de clase interseccional”, los sindicatos de clase CGT y CNT, convocaban junto al Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones sociales en defensa del derecho a la vivienda, colectivos LGTBIQA+, asociaciones de migrantes y antirracistas, así como otros grupos de los movimientos sociales madrileños. Miles de personas, quizá rondando las 10.000, han coreado y agitado sus banderas, llenando de color y ambiente el castizo barrio de La Latina. Además de las pancartas y banderas propias de cada organización, durante la protesta obrera también se han visto numerosas banderas y camisetas de apoyo a Palestina y a las 6 sindicalistas asturianas de La Suiza, condenadas a prisión.

El manifiesto unitario de las organizaciones convocantes se opone de forma tajante al “rearme y a la subida de los presupuestos militares”, criticando lo que ellos denominan “campañas imperialistas” y denunciando la “complicidad del gobierno con la guerra”. En materia migratoria se muestran críticos con las actuales políticas, ya que “empujan a la esclavitud y la muerte a miles de personas que solo buscan una vida mejor”, convirtiendo el Mediterráneo en una gran fosa común.

Las manifestantes se oponen a quienes “entienden lo público como un negocio, contra quienes se lucran de empobrecer nuestras condiciones de vida. No a la privatización y externalización de los servicios, no a las empresas en los núcleos administrativos de nuestras infraestructuras básicas, de nuestras universidades, de nuestros hospitales…”. La apuesta de este incipiente movimiento obrero, diverso, complejo, plural es tejer organización y conciencia social desde la base que posibilite cambios sustantivos en las condiciones de vida de la clase trabajadora, con sus múltiples caras, matices e identidades.

En 1886, ocho trabajadores anarquistas fueron condenados a prisión y penas de muerte a cuatro de ellos, por su participación en la revuelta de Haymarket. La Historia los conocerá como los Mártires de Chicago. Los nombres de los líderes obreros, injustamente sentenciados en un juicio lleno de irregularidades que los utilizó como chivo expiatorio, son: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolh Fisher, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel. Los trabajadores estadounidenses reclamaban la jornada de 8 horas de trabajo, para poder descansar 8 horas y cultivarse durante las otro 8 horas restantes del día. El movimiento obrero es consciente que a lo largo de la historia las mejoras de la clase trabajadora han venido asociadas a la organización y lucha sindical y social. Reivindicaciones que en su día parecieron ilusorias o utópicas son hoy en día la base de nuestras condiciones de vida como trabajadores y trabajadoras. Para disfrutar de los derechos y libertades que tenemos, muchas personas se dejaron por el camino esfuerzos, salud e incluso pagaron con cárcel o su propia vida, como el caso de los anarquistas de Chicago que cada año homenajeamos en el Primero de Mayo.

En pleno siglo XXI, casos como el de las 6 compañeras del caso de la pastelería La Suiza ponen en evidencia que el conflicto entre capital y trabajo no está ni mucho menos resuelto, como muchos tertulianos y políticos pretenden hacernos pensar. Las 6 sindicalistas, condenadas a la cárcel en Asturias, por ejercer labores sindicales como asesorar a una trabajadora, manifestarse delante de la empresa con pancartas y octavillas y emprender campañas públicas de denuncia de los abusos patronales, esperan su ingreso en prisión. Ya en su día el Tribunal Constitucional no estimó el recurso presentado por las defensas. Agotados los caminos judiciales en España, si la justicia europea o un indulto del gobierno no lo remedia, asistiremos indignados al encarcelamiento de las cinco mujeres y el varón que lucharon por defender los derechos básicos de una trabajadora: cobrar por su trabajo y no sufrir acoso durante su jornada laboral. Como dicen en Asturias y se ha extendido por toda la península ibérica: “Hacer sindicalismo no es delito”.

Más allá del ámbito del trabajo, en la manifestación de hoy ha estado muy presente el problema de la vivienda que sufre este país. El Sindicato de Inquilinas pretende la “visibilización de la crisis de la vivienda” enfrentándose a “los especuladores y presionando a las instituciones públicas para conseguir que el acceso a una vivienda digna y estable, sea de verdad, un derecho garantizado”.

Las voces de denuncia del “genocidio de Palestina”, perpetrado por el estado de Israel y su ejército en la Franja de Gaza ha sido otro tema transversal en la protesta de hoy. En concreto se denunciaba la complicidad del gobierno de España por no romper las relaciones diplomáticas con Israel, mientras no cese en su política criminal, ni tome medidas efectivas que paralicen el comercio de armas.

Sin duda, no corren tiempos para la lírica en el movimiento sindical madrileño, pero como decía alguno en una vieja protesta obrera, “mejor dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.

Alejandro Prieto

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