
El jardinero perfila el aligustre con el cortasetos. Lleva puestos los cascos de seguridad para proteger sus oídos de los ruidos del motor. Turbo, que así le apodan sus compañeros y compañeras por su calma habitual a la hora de realizar las tareas y su espíritu ecuánime, ejecuta su labor con maestría. Veterano en la empresa, se ha ganado el respeto de los de arriba y de los de abajo con su buen hacer y sus palabras justas y medidas. Estamos a mediados de mayo y las plantas están desbordadas, esplendorosas y más teniendo en cuenta la lluviosa primavera que hemos tenido.

—¡Bruuuummmmm! ¡Bruunn! —el motor de gasolina del cortasetos mantiene el rítmico ruido que le marca Turbo desde el gatillo.
Unos metros más atrás, Rosa y Lolo, compañeros de trabajo, recogen los restos que va dejando Turbo con su labor. Del portal empiezan a salir vecinos y vecinas que se reúnen en la plaza, junto a otros paisanos que llegan ahora y hacen corro. Se ha formado una tertulia agitada. Algunos hacen aspavientos y otras levantan los hombros y extienden las manos con la palma hacia arriba, expresando incredulidad. Muchos llevan el móvil en la mano y lo señalan, pero nadie mira la pantalla. Lolo y Rosa se miran curiosos.
—¿Qué estará pasando? —comenta la jardinera.
—Vamos a acercarnos a ver —dice Lolo.
—No funcionan los móviles —dice un vecino.
—Internet se ha caído y tampoco en los ordenadores te puedes conectar —asegura otra.
—Ni electricidad.
—Radio Nacional de España está informando que ha habido un apagón generalizado de electricidad en toda la península ibérica. Hasta ahora se desconoce la causa. No se sabe si son problemas técnicos o algún ciberataque… —comenta un joven que parece mejor informado.
—Pues habrá que tirar de fabada Litoral y comprar papel higiénico, que nos pille prevenido el fin del mundo ¡ja ja ja! —ríe un anciano, que sin duda habrá vivido situaciones más difíciles en su vida.
Ajenos a los trabajadores municipales y a la asamblea vecinal, cuatro personas, malcuidadas, con malavida, que viven de pequeños trapicheos y hurtos en el barrio, apuran sus latas de medio litro de cerveza en un banco de la zona verde, cuando de repente llega un quinto:
—¡Ey, colegas, que Putin ha invadido España!
—¡No jodas! Va a empezar la tercera guerra mundial, ya verás, tío.
Turbo, absorto en su trabajo con el cortasetos, con los cascos de protección auditiva puestos y ajeno al alboroto del barrio sigue a lo suyo. De repente corta un cable sin querer con el espadín de la máquina.
—Me cago en todo lo que se menea… ¡¿De qué cojones será este cable?!
El jardinero se quita los cascos, deja el cortasetos en el suelo, pero a la vista, para que no se lo roben los manguis del banco y busca a sus compis, Lolo y Rosa. Les ve junto a un corro de vecinos, cada vez más numeroso, pues ha ido llegando gente y paseantes que se suman a la tertulia callejera. Hasta los borrachos del banco acuden a buscar información que contraste la supuesta invasión de Rusia a España.
Extrañado, Turbo se acerca a sus compañeros de trabajo, sin perder de vista el cortasetos, que con sus 7 kilos de peso está mejor en el suelo que paseando de su brazo.

—Lolo, Rosa, ¿sabéis lo que me ha pasado?
—No.
—Que he cortado un cable sin querer con el cortasetos y no sé qué ostias será. Estaba tan frondoso el seto que no lo he visto…
Rosa mira a Lolo y le guiña un ojo sin que Turbo lo perciba.
—¡No jodas, tío! Por eso está aquí medio barrio. Al parecer se han quedado sin luz en sus casas hace un rato y nadie sabe por qué.
Turbo mira serio a su compañera y maldice su suerte de que este percance le pase a 30 de abril, justo antes del primero de mayo. Como veterano que es, sabe cuando hay que dar la cara y cuando escaquearse. Ahora aunque le pese, por el marrón que se va a comer, sabe que tiene que dar explicaciones y comerse alguna bronca del ciudadano más exaltado que haya entre ellos. Se acerca cariacontecido al grupo de vecinos y vecinas, que ronda ya la treintena de integrantes. Entra en el círculo vacío que queda en medio y se dirige al barrio:
—No busquéis más culpables ni averías. He sido yo. Sin querer he cortado un cable con el cortasetos, allí pegado a la fachada.
Lolo y Rosa se miran con los ojos como platos y estallan en una sonora carcajada que acaba haciéndoles llorar de la risa. Muchos vecinos y vecinas también sonríen o se desternillan de risa con la explicación del veterano jardinero. Otros pocos ponen cara de incredulidad.
—¿Entonces Rusia no ha invadido España…? —comenta una chica drogodependiente del grupete que bebía cervezas.
Turbo no entiende nada, pero al ver las risas de sus compañeros Rosa y Lolo sabe que se la han jugado y encaja el golpe de buen humor con una sonrisa. Extiende las palmas de las manos hacia arriba pidiendo explicación para poder compartir sus carcajadas. A su alrededor siguen las risas.
Javi Prieto Sancho


