El Parque Natural Enrique Tierno Galván, a las afueras de San Martín de la Vega, cuenta con una población estable de ánsares comunes y gansos que viven, anidan y crían en su laguna. Con la llegada de la primavera y el verano sacan adelante a sus crías, por lo que podemos acercarnos al parque para observar el cuidado y crecimiento de los pollos. Una excursión ideal con niños y niñas, para acercarnos a estas fornidas aves características del continente euroasiático.

Este espacio natural de la comarca de Las Vegas, en el sureste madrileño, cuenta con una laguna central creada en los años 80 del siglo pasado a partir de una antigua gravera. Un bosque de ribera de eucaliptos, olmos, abedules, chopos y álamos blancos, que rodea las aguas. También hay zonas de cañaveral y arbustos. Una pista de tierra de 800 metros, completamente lisa, circunda la laguna y es utilizada habitualmente por paseantes y corredores que entrenan allí. El lago tiene bastante profundidad y en sus aguas viven carpas y barbos. Está permitida la pesca deportiva y es habitual ver pescadores en sus orillas disfrutando de su afición, teniendo que soltar a los peces al agua.

El parque también tiene merenderos, zona de columpios infantiles, aparatos de gimnasia para mayores y una pequeña zona de calistenia para entrenar, por lo que la afluencia de público en los días soleados es alta. Por las noches el recinto se cierra y resulta un espacio ideal de dormidero para las especies de aves acuáticas y migratorias que lo utilizan: fochas comunes, ánade real, gallineta común, ánsares y gansos o patos cuchara, por ejemplo. También es fácil observar en su entorno cigüeñas blancas y entre los matorrales quizá descubran alguna culebra bastarda o de Montpellier (Malpolon monspessulanus). El Parque Natural Enrique Tierno Galván pertenece a su vez al Parque Regional del Sureste de la Comunidad de Madrid.
Bien, llegados a este parque, la pregunta que nos suele venir a la cabeza es ¿qué es lo que estamos viendo? ¿Ocas o gansos? La respuesta corta es que ánsares comunes, ocas y gansos son lo mismo. Que nos perdonen y nos corrijan los aficionados a la ornitología.

La respuesta larga sería que los ejemplares de ánsar común, se caracterizan por su tonalidad grisácea, con plumaje color crema en el dorso. Sus flancos son más oscuros y cuentan con barras blancas. La cola y la región anal también es blanca. Estamos hablando del anser anser, con una longitud entre 70 y 90 cm y una envergadura entre 140 y 180 cm al desplegar sus alas. Su aspecto es macizo, robusto, sus patas cortas rosáceas y su pico anaranjado. Emiten un graznido metálico característico, con notas nasales gangosas. Son animales que defienden su territorio y sus crías de forma ruidosa y agresiva llegado el caso.
A la península ibérica llegan bandadas del norte de Europa y Asia para hacer la invernada. Es característico ver volar en formación de V a estas aves en sus procesos migratorios para combatir, en una estrategia colectiva, al viento. Las aves se van rotando en las posiciones centrales, que son las más expuestas a la climatología, para avanzar miles de kilómetros en sus viajes en común. Como decía Piotr Kropotkin, gran observador de la Naturaleza, el apoyo mutuo se muestra como un elemento primordial para la supervivencia y evolución de las especies, tanto o más como la selección natural explicada por Charles Darwin.
Por su parte el ganso común, también presente en San Martín, sería el tradicional ave blanca de granja que conocemos como oca. En realidad es un anser anser domesticus asilvestrado. Es decir, básicamente estamos hablando del mismo animal que hemos descrito antes. De hecho en el Parque Tierno Galván podemos ver una gran y bullanguera bandada de decenas de ejemplares grises y blancos, mezclados sin distinción.

Los ejemplares que migran dejan Iberia a finales del invierno para criar a partir de febrero en el norte de Europa y Asia. Pero como les hemos mencionado, en San Martín contamos con un núcleo de población estable durante todo el año.
Los nidos los construyen las hembras a ras de suelo, cerca de la orilla, con ramas, cañas y tallos. Con hierbas, musgo y plumón crean la capa más superficial que acogerá los huevos. Son también las hembras las encargadas de incubar los huevos, generalmente media docena, durante algo menos de un mes, mientras el macho vigila. Son animales gregarios, aunque dentro de la bandada se pueden observar los distintos núcleos familiares entorno a las parejas estables que forman. Los jóvenes son capaces de volar a los dos meses de vida. Vuelan junto a su padre y su madre en los procesos de migración.
La dieta de los ánsares, gansos u ocas es básicamente vegetariana. Comen los brotes tiernos de las plantas de la ribera, aunque en San Martín de la Vega están acostumbrados también al pan duro que le ofrecen los visitantes del parque.

Desde la petirroja queríamos destacar a nuestros corpulentos y ruidosos primos y de paso acercar otro espacio natural, de los que tanto nos gustan, a nuestros lectores y lectoras, con el convencimiento de que educar en la Naturaleza a nuestros peques es la mejor manera de que la respeten, cuiden y protejan el día de mañana. No dejen de volar.
Javi Prieto Sancho
Enlace de interés:

