El nacimiento de un bosque en Rivas

Cuentan que antaño, antes de la llegada de los romanos a Iberia, una ardilla podría cruzar la península desde los Pirineos hasta el Peñón de Gibraltar sin bajarse de las ramas de los árboles. Quizá sea exagerado, pero es indudable que la masa forestal ha ido disminuyendo en estas tierras, como en el resto de la Tierra, de forma inversamente proporcional al crecimiento demográfico. A más seres humanos poblando un territorio, menos árboles hallaremos en el mismo. Las personas hemos utilizado el territorio a lo largo de los siglos a nuestro antojo, deforestando amplias zonas de bosques vírgenes para obtener materias primas con las que construir, madera para combustible o campos para cultivar. La deforestación que hoy vemos con horror en la Amazonía, hace mucho tiempo que se llevó a cabo en Europa. Por eso es siempre una alegría la plantación de un árbol y mucho más la rehabilitación de una zona para convertirla en un bosque.

Si viajas por la A3 que une Madrid con Valencia, te habrás dado cuenta a poco que seas observador del paisaje, que frente a la ciudad de Rivas-Vaciamadrid, entre la autovía y el río Jarama que discurre bajo los cortados, está creciendo un bosque desde hace algo más de una década. Pues bien, este bosque tiene una historia que le vamos a contar.

“Pinos, almendros, higueras, sabinas, olivos, encinas y coscojas” son las siete variedades de árboles que se están plantando desde 2013 en estas tierras ripenses. Nos lo cuenta Raúl Hermosa, jardinero de la Empresa Municipal de Rivas, Rivamadrid. Esta masa forestal se llama “Bosque Scania” porque es fruto de un plan de la multinacional sueca, fabricante de camiones, autobuses y autocares. “Por cada vehículo vendido por esta empresa en España y Portugal, se compra un árbol para plantar en estos terrenos de Rivas”. Desde 2013 “se han plantado entre 40.000 y 50.000 arbolitos, solo en 2024 y primeros de 2025 se han plantado 4.500 ejemplares. Scania además cede un camión cisterna a Rivamadrid para las labores de riego durante los meses de primavera y verano”. Estos riegos de apoyo son fundamentales en los tres primeros años de vida de los árboles, pues aunque sean especies rústicas y bien adaptadas a los pobres suelos castellanos, para que arraiguen bien es necesario que dispongan de agua en su primera etapa. Después los árboles son capaces de sobrevivir por sí solos, profundizando con sus raíces en busca de agua y nutrientes.

La joven plantación también requiere de tutores, para ayudar en su crecimiento contra los vientos, y de protectores contra los conejos, que si no roen su corteza y acaban con los conductos naturales por los que el árbol hace circular su savia. Como ven, el nacimiento de un bosque lleva bastantes horas de trabajo humano detrás y muchos años de lento crecimiento para que se conforme un ecosistema natural que podamos denominar bosque. Se calcula que los 40.000 y pico árboles ocupan 90 hectáreas del Parque Regional del Sureste. Una hectárea equivale aproximadamente a un campo de fútbol, así que háganse una idea. Esta masa forestal absorbe más de 70.000 toneladas de gases contaminantes, como el dióxido de carbono.

Hay un breve cuento cuyo protagonista es un niño y unos canteros de la Edad Media. El zagal se acerca a uno de los trabajadores y le pregunta:

— ¿Qué está haciendo, señor?

El primer cantero, algo hosco, le responde de mala gana.

— ¡Apilando piedras! No me molestes chaval. Vete a jugar por ahí…

El joven ve a otro artesano que trabaja la piedra con una sonrisa en la cara y se acerca a él.

— ¿Qué está haciendo, señor?

El cantero deja su maza en el suelo, se pone los brazos en jarra, y contesta jovial y orgulloso.

— Ayudo a construir la catedral de nuestro pueblo.

Hoy en la cuadrilla de jardineros y jardineras a los que hemos acompañado desde La Petirroja se escuchaba comentar con orgullo que “los árboles de las primeras plantaciones ya están bien hermosos” y que “el bosque dentro de otros 10 ó 20 años estará digno de ver”. Alguna persona reía y decía, “nuestros hijos serán los que vean bien bonita esta zona cuando crezca el bosque”. Las jardineras y jardineros que lo han plantado y lo están cuidando todos estos años se llevan el cansancio en los riñones y la satisfacción del alma de estar ayudando a nacer un bosque a orillas de los ríos Manzanares y Jarama.

Dicen que Martin Luther King dijo aquello de, “si supiera que mañana me voy a morir, hoy plantaría un árbol”.

Javi Prieto Sancho

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