Ascendemos a Cabeza de Hierro Menor en un día de perros

Hoy la tropa senderista Madtrekkers se nos ha quedado en una brigadilla de tres y nuestra galguita, Nala. El plan era subir desde el Puerto de Navacerrada (1.858 metros) hasta Cabeza de Hierro Mayor (2.382 m). Por el camino también subiríamos a Bola del Mundo (2.258 m), Cerro Valdemartín (2.283 m) y Cabeza de Hierro Menor (2.376 m). Seis horas después esto fue lo que pasó…

Iniciamos marcha desde el Puerto de Navacerrada con -2 grados centígrados. La máxima prevista en la montaña es de 4 grados. Por tanto vamos bien protegidos contra el frío, bastones y con crampones en la mochila, porque arriba nos espera nieve. Veremos qué grosor de manto blanco y su dureza hallamos.

Ascendemos a Bola del Mundo con poca nieve y bastantes grupos de personas por el camino. En los antiguos repetidores de televisión empieza la criba. Un manto de nieve inmaculada cubre la loma. Los “cohetes” rojiblancos parecen a punto de ser lanzados al espacio. La mayoría de la gente acaba aquí su caminar por hoy. Algunos incautos, con calzado deportivo, empiezan a tener problemas con las placas de hielo. Nosotros decidimos hacer nuestro primer alto en Bola del Mundo y poner los crampones en nuestras botas. Con los dientes de metal en las suelas caminamos con seguridad por la nieve. Nuestra cachorra de 8 meses, bien entrenada y en excelente forma física, goza la loma blanca en un frenesí de idas y venidas. El monte del valle del Tajuña se confirma como un buen campo de entrenamiento para la alta montaña. De vez en cuando un encuentro con otro senderista perruno da pie a un alborozado juego de persecución, cintas, quiebros y píllame si puedes. Una gozada ver a nuestros compañeros peludos disfrutar así de la Naturaleza, en plena comunión con el entorno y desplegando todo su potencial.

La ruta de hoy es moderada desde el punto de vista técnico, pero físicamente dura, por el terreno, por el frío y sobre todo por un viento implacable que desde Bola del Mundo nos acompañará todo el resto del camino. Las lomas, yermas de árboles, con la vegetación bajo la nieve, no ofrecen resguardo ninguno a la ventisca. Nuestros cuerpos deben luchar contra la fuerza del viento y contra la sensación térmica de mayor frío del que marca el termómetro. Hemos salido a las 9 horas y calculamos que estaremos en marcha 6 ó 7 horas. 15 kilómetros. 900 y pico metros de desnivel acumulado que tendremos que ir subiendo, loma a loma, cuesta a cuesta, paso a paso. Para nosotros 15 kilómetros, la perra acabará haciendo mínimo 30 km con sus alocadas idas y venidas. Pero sarna con gusto no pica, ya lo saben ustedes.

Pasada la Bola del Mundo el paisaje se deshumaniza, algún corredor por allí, un esquiador de fondo por allá, alguna pareja de montañeros como nosotros, dos cuervos y poco más. Las nubes blancas se mezclan con las lomas nevadas. El blanco lo inunda todo. Mires donde mires hallas una postal. Las retamas aguardan escondidas bajo la nieve a que llegue la primavera. Literalmente estamos pisando el manto de agua que nos beberemos en verano, cuando el deshielo lleve el líquido elemento a los embalses serranos que abastecen Madrid y sus pueblos. Brilla el sol pero no calienta, pues sus rayos parecen no llegar a nuestros cuerpos, siendo deshilachados por el viento. Las capas de abrigo, los guantes, gorros y la marcha continua nos mantienen en calor.

Subimos al Alto de Valdemartín y desde ahí bajamos un collado y comenzamos una dura ascensión a Cabeza de Hierro Menor. La ventisca aprieta y va desgastando nuestras energías, menos las de la galga, que sigue subiendo y bajando lomas como si nada, quizá cansada de esperar a compañeros de cacería tan lentos. Cada cual sigue su ritmo. El grupo lo mantenemos unido con las miradas que nos echamos de vez en cuando para corroborar que seguimos los tres andando sin problemas. Cada cual irá absorto en sus pensamientos, en un paisaje de ensueño, en su lucha consigo mismo para ponerse en armonía con lo que la Madre Tierra demanda de esfuerzo a cada momento. La pendiente, el viento, el frío, meter la pierna 50 cm en nieve… Otro paso, otro paso, otro paso… Ya estamos cerca.

Dos de nosotros llegamos a la cima de Cabeza de Hierro Menor. Nuestra perra ya arriba busca refugio del batir del viento entre el roquedal. Tocamos techo y buscamos refugio para un frugal almuerzo. Al poco llega nuestro tercer compañero. En cuanto sales de la pared de piedras el viento te vuelve a maltratar. Nos estamos cansando más de lo que esperábamos y todavía queda desandar el camino, acompañados de la ventisca. Decidimos pues dejar la ascensión a Cabeza de Hierro Mayor para otro día. 700 metros, que separan un pico de su hermano, que nos ahorramos para volver más seguros. “Soldado que deserta vale para otra guerra”.

La vuelta se hace más dura, pues el viento arrecia. Ya hasta la perra baja orejas y reduce sus correrías extra. Cada cual sigue su ritmo. Cada cual mide sus fuerzas. Nos cuidamos con nuestras miradas, pues aunque nos separen decenas de metros, vemos en todo momento que el compañero avanza a su ritmo. En cada cima nos esperamos y así vamos desandando el camino: Cabeza de Hierro Menor, Alto de Valdemartín, Bola del Mundo y Navacerrada. 6 horas después volvemos al punto de partida. Pero no somos los mismos. El viento se ha llevado nuestras fuerzas y también un montón de problemas, malas vibraciones y sinsentidos cotidianos. Nos sentimos bien, cansados pero bien. Nos despedimos con una cerveza, sonrisas y un apretón de manos hasta nueva ruta.

Es de noche, la nieve persiste como un bello recuerdo en mi retina. Termino estas letras con Nala durmiendo un plácido sueño al calor del hogar. Quizá la galguita también sueñe con el monte blanco de la mañana.

Javi Prieto Sancho

4 comentarios

  1. Raúl Prieto

    Día duro de monte, día bueno para pensamientos claros, aire renovador……

  2. Fernando Ruiz

    Una ruta para valientes,pero como relata Javi se prepararon bien de ropa y calzado,como debe ser en esas circunstancias no hay que jugársela,muchas gracias por estas crónicas.

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