Ya hemos dicho adiós a los reyes magos, a los árboles mágicos y a los sueños cumplidos e incumplidos.
Ya hemos dicho adiós, porque el día a día, no tiene freno, ni embrague que sirva para cambiar la velocidad del tiempo.
Ya hemos dicho adiós, consciente e inconscientemente, como un reflejo, como un regalo que la rutina te obsequia año tras año.
Rutina, ansiada rutina, cuando se interrumpe, no por cosas buenas.
Rutina, siempre la misma, vestida con vestidos, pantalones, dibujando una estela que cuando se interrumpe por la diversidad de los momentos, se viste con un traje, se suelta la melena y se pone a bailar.
Rutina, siempre seria, organizada, serena y violenta, dependiendo del viento de ese día.
Rutina, a veces bella, misteriosa, odiosa o amargada, como el surgir del momento, del encuentro, desencuentro o la ruptura de su fluir constante.
Rutina, a veces cambias, como cambiamos todos, y en ese cambio, seguimos impactados de ti, enamorados de ti, festejando tu regreso.
Todo es un comienzo y es un final, en tu comienzo, podemos modelarte y dejarnos modelar según los acontecimientos, en el final, podemos volver a empezar.
Concepción Rivera


