Por las dehesas del Berrueco hasta el Pico de las Cabreras

Ruta senderista por los campos y montes del Berrueco. Partimos del pétreo y precioso pueblo serrano para andar varios kilómetros por sus dehesas de fresnos. Los árboles lucen desmochados, pues es práctica habitual desde antaño, el cortar las ramas del fresno para que el ganado pueda ramonear en invierno, cuando la hierba ya escasea o está cubierta por la nieve.

El grupo lo formamos doce personas y dos perros que han corrido hoy lo que no está escrito, con sus alegres idas y venidas, por caminos, sendas y roquedales. Recorrido circular, de alrededor de 13 kilómetros de largo, que habremos completado a buen ritmo de paseo y amena charla, en unas 5 horas. Ruta accesible a nivel técnico, exceptuando la trepa al Pico de las Cabreras (1.167 m), donde hay que tener cierta agilidad y cuidado para coronar su cima. Pero con ayuda, es accesible para cualquier persona habituada a la montaña. Lucas y Nala, los perretes, también han coronado, por cierto.

En las dehesas por las que discurrían los primeros caminos, encontramos las vacas limousin de pelaje rojizo, paciendo tranquilamente la hierba. Este tipo de ganado bovino, procedente del Sur de Francia, es apreciado por su carne limpia, con poca grasa. Las vacas limousin se adaptan bien a la serranía madrileña pues soportan bien tanto el frío invernal, la nieve, como los calores del verano. Por eso es fácil encontrarlas en cualquier excursión, como también a la vaca negra avileña, autóctona esta de la península ibérica.

Según subimos hacia la zona conocida como las Atalayas, de rocas graníticas, cantera de las casas de los pueblos de la zona, los fresnos van dejando espacio a los arbustos como la jara pringosa, que se prodiga en estas tierras. Los roquedales van ganando terreno a la tierra y a la propia vegetación. Nos topamos con algunos escaladores que practican su arte en paredes verticales, asegurados con cuerdas para evitar caídas graves.

Desde la cima de las Cabreras, gozamos de una buena vista del entorno: dehesa, El Berrueco a lo lejos y el embalse de El Atazar. Un arcoiris ha acompañado nuestra jornada, ya que hoy nubes y sol se alternaban en un magnífico día para caminar por la Madre Tierra, exceptuando algún tramo ventoso, como por ejemplo en la cima del pico.

Ya en el pueblo nos ha llamado la atención el sencillo pero elegante monumento a los canteros. Un bello homenaje a los trabajadores manuales, en la mayoría de las ocasiones anónimos maestros de oficios que tienen su arte y su saber, no siempre suficientemente reconocidos ni valorados a nivel social.

La cita ha sido organizada por el grupo senderista Madtrekkers, al cual queremos agradecer la buena acogida y la jornada de campo tan agradable que hemos pasado hoy. Nala, nuestra joven perra, descansa mientras termino este artículo de la impetuosa aventura perruna que ha vivido hoy junto a Lucas. Como si no hubiera perra en casa… Cuerpo ejercitado y espíritu relajado y revitalizado. La montaña vuelve a hacer su magia.

Javi Prieto Sancho

2 comentarios

  1. Marta

    Precioso relato Javi pero mucho más haberlo vivido con todos vosotros. No hay naturaleza que decepcione 🌲🍁🍄
    Marta

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