
Naciste en tierra yerma, hombre seco,
un páramo sin lágrimas que llora
maldiciendo la postrera y cruel hora,
negra sombra que me arrebató tu eco.
Ojos que ya las llamas han cerrado,
contemplaban con su mirar astuto.
Eras un tipo noble, pero hirsuto,
un viejo sabio, sin ser licenciado.
De niño tan temprano sin escuela,
tú solo, en la penumbra del monte,
velando un molino cual centinela.
¡Qué fría noche! Ponte, mi sol, ¡ponte!
Tú vuela, que ya iremos tras tu estela,
gorrioncillo que vas al horizonte.
Adrián Prieto Sánchez
(1-7 de enero de 2024)


