El paso de Japón a la Edad Moderna fue un proceso convulso, tardío y acelerado. La Revolución Meiji de 1868 abre la puerta de las islas del sol naciente a la occidentalización y al final de su larga Edad Media. Japón pasará del gobierno oligárquico del shogunato Tokugawa, a un modelo que derivará hacia una monarquía constitucional de corte liberal con el emperador Meiji Tennō al frente.
En este contexto político se desarrolla la novela histórica de “La tierra pura”, de Alan Spence. En las páginas de la obra caminaremos de la mano de un joven comerciante escocés, Thomas Glover. A la par que el personaje principal iremos conociendo los secretos y contradicciones de la sociedad japonesa de finales del siglo XIX, atrapada entre el culto a sus antiquísimas tradiciones culturales y su necesidad de abrirse a un mundo cada vez más globalizado.
Glover forjará un emporio mercantil, no exento de contrabando. Se empapará de la cultura samurái y participará activamente en el parto del Japón moderno.
Como escocés, vivirá la contradicción por las acciones imperialistas de las potencias occidentales y el rechazo de una parte de la nueva tierra de acogida, con la que paulatinamente se siente cada vez más identificado.
La novela es también una historia de gran calado humano, con personajes femeninos fuertes en sociedades muy patriarcales, como la británica decimonónica o la nipona. Lejos de estereotipos fáciles, nos encontramos con geishas y monjas budistas que nos atraparán en las derivas del caprichoso destino.
Libro con encanto, con trasfondo, entretenido y bien tejido en su trama. Muy recomendado para las personas a quienes les atraiga la cultura japonesa o la novela histórica en general.
Javi Prieto Sancho

