Normas y lobos

Teresa Gancedo, “Como semilla humilde”


Hace unos días, a raíz de la visita a una serie de exposiciones en el Centro de Arte de Burgos, me vino a la cabeza la idea de lo que es normativo o es transgresor. Y pensando un poco, me acorde de Norma Jean, esta mujer que bajo la máscara de Marilyn Monroe, modelo de belleza y sexualidad femeninas, transgrede la propia regla que ella misma impone de ese canon de belleza y sensualidad para, alcanzada la fama, oponerse al poder de las productoras, procurar emanciparse y denunciar los abusos y agresiones sexuales dentro del mundo del cine, refiriéndose a algunos de estos agresores como lobos.


Esta idea de que el hombre es el lobo para el hombre, retomada por el filósofo Thomas Hobbes del mundo clásico, de la que muy sucintamente se entiende que las personas estamos en constante conflicto con los otros, compitiendo en un mundo natural, sin reglas, con violencia y con el objetivo de la supervivencia pero también por puro egoísmo, la retoma Herman Hesse en la obra “El lobo estepario”. Pero aquí la atribución de este conflicto ya no tiene una causa
exclusivamente externa. Hesse advierte de que las personas nos movemos en una dualidad en la que somos lobos de nosotros mismos porque en nuestro fuero interno luchamos contra nuestra propia identidad, trasladando el conflicto y la mirada al interior de uno mismo.


Curiosamente, la necesidad de vivir en sociedad hace necesario el establecimiento de unas normas acordadas con el fin único que es la convivencia. Las normas ya sean intrínsecas o extrínsecas producen desazón, inconformismo, rechazo pero a la vez seguridad, tranquilidad y aceptación. He ahí el dilema individual: la misma norma que nos limita puede ser también la que nos proporciona un marco en el que sentirnos seguros.

Emilio Gañán, “Canto llano”


Cuando Norma Jean reivindicaba el derecho de las mujeres y su libertad a mostrar su cuerpo allá por los años 1950, probablemente no sabía que ya había establecido un canon de belleza, una norma que serviría de guía a otras mujeres durante varios años después. Posteriormente en los años 60 se iniciaría un profundo movimiento feminista en EEUU, pero esa es otra historia. Lo interesante aquí es la paradoja: quien aparentemente representa una norma puede, al mismo tiempo, cuestionarla. La imagen de Marilyn podía ser utilizada también como instrumento de emancipación y de reivindicación de la propia libertad.


El arte en sus múltiples facetas ha sido normativo y transgresor. Si se establecía una nueva manera de pintar, siempre había una manera de transgredirla. Me voy al caso del impresionismo, que rompe con el arte académico, con los temas mitológicos o históricos, hay una nueva forma de ver belleza en formas no normativas, las que no son un canon establecido. De igual manera el expresionismo, el puntillismo, el rayonismo… Todas las vanguardias artísticas transgreden los cánones impuestos. Y no digamos ya si nos adentramos en el surrealismo o posteriormente las obras conceptuales como el famoso vestido de filetes de Jana Sterbak a finales de 1980 que en 2010 se reinterpreta para que Lady Gaga lo luciera en MTV Video Music Awards.


Pero hay algo especialmente interesante en este proceso: la transgresión de una norma puede acabar convirtiéndose en una nueva norma. El impresionismo, que en su momento fue considerado rupturista, forma hoy parte de la historia del arte institucionalizado. Lo que un día fue provocador puede terminar siendo aceptado, reconocido e incluso institucionalizado. Y, cuando eso sucede, aparece necesariamente una nueva posibilidad de transgresión.


Pero, volviendo al principio, la visita a la exposición de estos tres artistas actuales que representan tres maneras de ver el mundo muy diferentes, que quieren demostrar que no hay un solo modo de ver las cosas, podemos afirmar que, efectivamente, las normas son el pacto; la interpretación de las normas, no. Esta cuestión va a depender de las experiencias previas, vivenciales, del punto de vista de la persona. Y esto lo podemos extrapolar a fin de cuentas, a cualquier norma: jurídica, social, moral…

Valeria Maculan, “La frontera húmeda”


Porque si las normas son criterios o modelos a los que ajustarse, también son susceptibles de modificarse. No son, por tanto, realidades inmutables, sino construcciones que dependen de un determinado momento histórico, de una sociedad concreta y de las personas que la integran individualmente. Y lo que en principio puede parecer una transgresión posteriormente será una norma que transgredir. Toda ruptura puede acabar siendo absorbida por aquello que pretendía cuestionar y convertirse, con el tiempo, en un nuevo modelo.


El desafío está en mantener la propia convicción cuando hacerlo implica enfrentarse a las dificultades, al rechazo o incluso a la incomprensión de esos lobos de los que hablábamos al principio.

Mónica Diez


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