
Ruta senderista en familia por el Paso de las Alforjas, en la Sierra de Abodi, en pleno Pirineo Navarro. Estamos a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar. Con unas vistas panorámicas espectaculares de la Selva de Irati y del Valle de Salazar, desde el que hemos partido a primera hora de la mañana para aprovechar la fresca.

El los Altos de Abodi, un pastor y su fiel perro, cuidan a un numeroso rebaño de ovejas con cientos de cabezas y numerosos corderos, que crecen en verano con los pastos altos de la montaña. El perro pastor, negro y lanudo, se acerca a saludar a nuestras dos perras. Nuestra galga le tienta a echarse unas carreras, pero el perro ovejero está trabajando y no se echa a correr. Nuestras perras también están trabajando en lo suyo, en practicar deporte con la familia y mantenernos sanos con sus paseos y su compañía. Buenos animales estos perros, que con su alegre trotar llenan nuestras mochilas de endorfinas y salud física y mental sin que nosotras nos demos ni cuenta.

El cielo está encapotado hacia el Este, hacia Aragón, donde unas nubes negras descargan cortinas grisáceas de lluvia lejana. Sin embargo, al Oeste, hacia el Cantábrico, el cielo se abre en un azul limpio, y el contraste entre las dos postales en un mismo paisaje resulta extremadamente bello.
Comenzamos la ascensión hacia los Altos de Abodi. Haremos unos 7 kilómetros. La ruta no es exigente, salvo las primeras rampas hasta subir a la cresta de la loma por la que andaremos entre la yeguada que vive en semi libertad por aquellos pastos. Ojo, decimos que la ruta no es exigente, pero venimos de estar habituados a andar nuestro monte castellano cada día. A nuestra vera un nutrido grupo de yeguas, con bastantes potros nacidos en primavera y que corren y pacen apaciblemente la hierba pirenaica. Habituados a los senderistas y ciclistas, los caballos incluso con sus crías, permiten la presencia humana a pocos metros de distancia.

Por encima de nuestras cabezas planean majestuosos varios buitres, que en algún momento permanecen sobre un risco, regalándonos una bella e inusual estampa para nosotros de estos carroñeros. Por el terreno encontramos algún hueso de oveja, limpio ya de carne, que nuestra más joven excursionista guarda como “recuerdo del Pirineo”. Por el camino hablamos sobre la ganadería extensiva de caballos y ovejas. De la necesidad del buen trato hacia los animales y del final que algunas de las crías tendrán destinadas alimentar con su carne nuestras despensas.

Una pequeña bandada de cinco cuervos completan la fauna avistada en el día de hoy. Los cuervos se posan a decenas de metros de nuestra marcha, incitando a nuestras perras a perseguir a los córvidos. Parientes de las urracas, los cuervos lucen un plumaje negro característico, de mayor envergadura y un graznido inconfundible.
Nuestro paso por la cuerda de la loma coincide en parte con el GR-11 (senda de Gran Recorrido), en el que coincidimos con un joven montañero que lleva varios días de marcha en solitario. Ayer nos cuenta que le pilló la tormenta que se desató por la noche en su tienda de acampada en plena montaña. A nosotras nos cogió en la nuestra, pero en el camping de Ochagavía. Decían los paisanos que hacía casi dos meses que no llovía. Preciosa la sensación de una tormenta de verano, estando a refugio, con los truenos retumbando entre las montañas cercanas. A nuestro excursionista no le hicieron tanta gracia los truenos y relámpagos estando acampado a más de 1.200 metros. A la noche, curiosamente, coincidiríamos a cenar en el merendero del camping.

Hoy hemos tenido una jornada de gran belleza, de paisajes de ensueño y rodeados de animales silvestres y ganado en semi libertad durante todo el trayecto. Nuestro espíritu se recoge pleno a pasar la tarde en remojo en el río Salazar. El Pirineo navarro nos está enamorando y cada ruta nos invita a querer explorar otra parte de la tierra que nos rodea embelesando nuestros sentidos y llenando de paz y gozo nuestra alma.
Javi Prieto Sancho
Fotografías Karla Serrano Prieto




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Buen artículo, me pareció estar allí