
Pero antes déjame que te cuente que he estado reflexionando sobre las caricias. Caricia proviene del italiano carezza, que a su vez viene del latín “carus”, significando amado o querido.
Los efectos de las caricias son tanto físicos como psicológicos. Las caricias reducen el estrés y la ansiedad, estimulan la producción de oxitocina, alivian el dolor, fortalecen los vínculos entre personas, aumentan la autoestima… y un largo etcétera.
La RAE define caricia como: ”demostración cariñosa que consiste en rozar suavemente con la mano el cuerpo de una persona, de un animal, etc.”
Y con todo esto pienso si recibimos y damos suficientes caricias en este mundo tan agresivo. Claro que una caricia no es algo universal, cada uno tenemos nuestras caricias, ya que, por ejemplo, que te rasquen suavemente la cabeza puede ser algo delicioso para una persona o algo que le ponga nerviosa a otra.
Hay caricias físicas, como pueden ser los besos de una madre en la planta de los pies de su bebé, o peinar con los dedos la cabellera de un ser amado. Caricias que se pueden hacer con las manos, los pies, y cualquier otra parte del cuerpo. Conocí una persona que te acariciaba con sus pestañas. Acercaba su cara a tu rostro y con el aleteo de sus párpados te acariciaba. Era una caricia suave, sutil y casi etérea.
También están las caricias que se hacen sin contacto físico, una mirada de cariño, unas palabras de consuelo o de amor, una dedicatoria en la radio (si todavía se hace), un mensaje que te recuerda que eres importante para la persona que te lo manda…
Otras caricias son las que se hacen a través de objetos. Te ha hecho esa comida que te gusta, unas flores porque sí, un detalle que te regalan sin que sea un día señalado porque al verlo han pesado que te gustaría…
Por último están las caricias que nos hace la madre naturaleza. Caricias para el alma y los sentidos. El aroma a jazmín que inunda mi calle, una puesta de sol en el valle contemplada desde lo alto de un monte, las olas meciendo mi cuerpo cuando hago el “muerto”…

En todo esto pensaba sobre las caricias que damos y las que recibimos, de las cuales muchas veces no somos conscientes. Lectora o lector que estás leyendo esto, pensarás: “¿Y qué tiene todo esto que ver con lo de proponerme un juego?”.
Pues la propuesta es la siguiente: Voy a enumerar una serie de caricias que me gustan y te propongo las copies y luego en comentarios las pegues añadiendo cuantas más tú consideres.
¿Cuántas caricias podremos detectar entre todos y todas? Sería fantástico superar las cien…
- Que me rasquen la espalda.
- Que me regalen flores.
- Que me llamen para charlar.
- Un beso en la mejilla, porque sí.
- …
- …
Gracias por haber leído hasta aquí.
Un saludo con cariño.
Rodrigo Ruiz

Fotografías 1 y 3 de R.R. y 2 de JPS.


Un paseo por la montaña, un masaje, un abrazo pausado o desenfrenado…
1.Que me rasquen la espalda.
2.Que me regalen flores.
3.Que me llamen para charlar.
4.Un beso en la mejilla, porque sí.
5. La brisa del mar que te refresca en verano.
6. Un susurro de alguien muy querido.
7. Los abrazos de alegría de ver a gente querida después de tiempo.
8. Los rayos del sol en días de invierno.
9. Meter los pies en un río fresco, después de caminar mucho.
10. La tortilla de patata de mi pareja, las croquetas de mi madre, el bizcocho de mi amigo Manuel…
11. Un ducha a la temperatura que gustes ese día.
12. El olor y el tacto de sábanas limpias al irte a dormir.
13. El reclamo para que me tumbe al lado de mis sobrinos.
14. El darle la mano a mi pareja y que salgan chispas de amor.
15. Caricias de pies con pies
16. El olor a leña y a “pueblo”