
Vuelve el fuego,
el olor a ceniza
y carne quemada.
La vida que brota
vuelve a ser cercenada
por una guadaña en llamas.
Vuelven los rayos y truenos,
el malestar, la náusea,
la locura de la tormenta seca.
Afectos rotos,
resquebrajados, hastiados.
Piso ascuas humeantes en mi retirada.
Según mis pasos se alejan
comienzan a hundirse en la hierba,
altos pastos no consumidos por el fuego.
Siguiendo el camino
la vida retoña
y las violetas y vincas comienzan a florecer.
Javi



