Habían pasado ya 6 días desde el devastador incendio que acabó con varias hectáreas del bosque. Ahora los robles, encinas, arces, castaños y demás árboles, algunos centenarios no eran más que esqueletos de lo que antaño fue su porte. La luz se colaba entre esas ramas huecas que hace unos días lucían frondosas y hacían de filtro natural para el resto de plantas y arbustos ahora desaparecidos.
El espectáculo era desolador y nunca mejor dicho porque sus habitantes habían huido todos dejando el bosque con un silencio enorme. Bueno, todos no, una Hada del Musgo se resistía a irse y desde esa tarde en que todo ardió había estado dando vueltas y vueltas intentando reconocer lo que había sido su hogar.
Era pequeñita, como son las hadas, tenía unas alas verdes que desplegaba cuando estaba feliz, unas piernas ágiles y rápidas y casi siempre sonreía. Pero no ahora, ahora no podía sonreír, no tenía motivo. Ella había sido la que siempre acompañaba a los demás habitantes en sus aventuras, les ayudaba a salir de percances, los animales la llamaban y ella acudía a su encuentro a ver qué les pasaba. Los hongos, insectos y flores también se comunicaban con ella y buscaban una guía cuando estaban perdidos. Que curioso que en este momento era la hadita la que estaba perdida y sola.

Una tarde soleada mientras caminaba sin rumbo, escuchó que alguien la llamaba:
–Hadita, Hadita, soy yo, tu amiga la abeja.
–Hola abeja, qué alegría verte, ¿has vuelto?
–He vuelto por ti, porque no te encontraba y pensé que todavía seguirías aquí. ¿Por qué no has buscado otro bosque donde ir?
–Esta ha sido siempre mi casa.
–Pero ahora no hay nadie y ya no tienes casa.
–Lo sé, pero me da miedo lo que pueda encontrar en otro bosque. Tengo mucho miedo y me da mucha ansiedad ir a otro sitio que no sea este, no sé por dónde empezar a andar, si ir al este o al sur o al oeste. No sé.
–¿Tú miedo? Si siempre tenías soluciones para todos. Encontrabas la manera de salir de cualquier dificultad, no me creo que no puedas elegir un destino y ponerte en movimiento.
–Ya ves, llevo días preguntándome eso mismo y en confianza te diré que esta mañana mientras observaba el fluir del agua del arroyo he tenido la certeza de que antes también tenía miedo e inseguridad, solo que lo escondía bajo ese personaje de Superhadita ayudadora y ahora que me toca ser Superhadita por mí pues no encuentro la forma.
–¡Ufffff! si ya sabía yo que tenía que venir -dijo la abeja con tono de preocupación.
–Vamos a empezar por el principio, ¿has mirado tu brújula?
-¿Mi brújula?, no tengo ninguna brújula.
–Claro que la tienes, de hecho siempre la has tenido y siempre la llevas contigo, tu brújula es tu corazón, es esa parte de ti que te dice si vas por el sitio correcto o no, si te vas a equivocar o no, es escuchar lo que te pasa. ¿Tú te escuchas?
–¿Que si me escucho?, si llevo días que no hablo porque no tengo con quién.
–Ya pero internamente, tú que te dices.
–Ah, vale te entiendo, pues ahora que lo dices, hablo mucho conmigo últimamente pero no me gusta lo que me digo, porque son cosas como que no puedo o no voy a ser capaz. Fíjate el otro día, estuve casi a punto de desplegar mis alas y volar a ver si desde las alturas veía árboles e ir hacia allí, pero justo cuando iba a tomar carrerilla me torcí un tobillo y me impidió volar -explicó la Hada con lágrimas en los ojos.
La abeja tomó las manos de la hada y mirándola con ternura le preguntó:
–¿Tú dónde quieres estar? ¿Qué se te ocurre hacer para estar bien contigo?
–Pues si que has venido preguntona amiga abeja.
–¡jajajaja! -rió la abeja- creo que lo mejor es dejarte sola y mañana cuando amanezca volveré a verte.
–Gracias amiga, estoy muy cansada espero para mañana encontrar respuestas.
Se despidieron con un abrazo y la abeja se fue en busca de alguna flor que hubiera sobrevivido y le diera algo de alimento. La Hada por su parte, se quedó pensativa en el mismo sitio. Algo dentro de ella había cambiado, una pequeña sonrisa se empezaba a dibujar en su cara al pensar en la conversación con su amiga.
-Qué bien me ha venido hablar con la abeja y todo lo que me ha dicho, que si yo me hablaba, madre mía, y si me escuchaba… ¡todo el rato lo hago! ¡Hasta en sueños! Ahora mismo estoy hablando conmigo -se decía la Hadita.
Pasados unos minutos se levantó y fue a descansar frente al arroyo, allí se hizo las preguntas:
¿A dónde quiero ir?
¿Donde quiero estar?
¿Qué puedo hacer para estar mejor?
Y poco a poco con el murmullo del agua corriendo de fondo, se fue quedando dormida.

A la mañana siguiente no pudo esperar a que llegara la abeja y se puso a llamarla. Gritaba y se movía de un lado a otro entusiasmada.
-Tengo las respuestas, ya sé lo que quiero, ya sé por dónde empezar. Abeja, ¿dónde estás?
-Menuda forma de despertarme que tienes. Bueno cuéntame el porqué de esa impaciencia y esa sonrisa.
-Ayer cuando te fuiste, me fui al arroyo y ahí viendo el agua como otras veces me quedé dormida y soñé, pero fue un sueño mío, quiero decir real. Bueno no sé si fue un sueño o yo hablándome.
–Explícate mejor que no entiendo nada -dijo la abeja adormilada aún.
–Yo quería tener las respuestas a tus preguntas porque en mi corazón sabía que si las tenía podía empezar de nuevo a ser feliz y buscar ese bosque frondoso que me espera en algún lugar y así me quedé dormida.
Y fue cuando me dije a mí misma que cuando despiertas al mundo sientes la alegría y el entusiasmo a tu alrededor y en lo más profundo de tu ser. Los brotes florecen en los árboles de la noche a la mañana, los pájaros regresan a sus nidos y cantan contentos y la naturaleza se llena de color. La magia nos saluda a todos. Este es uno de esos momentos en tu vida, en que nuevas ideas te inspiran y nuevas oportunidades te dan esperanzas de ver tus sueños hechos realidad. Todo va bien en tu mundo y te invade una energía que te hace sentir renovada. Permite que tu corazón se llene de entusiasmo. Deja que tu luz brille y emprende tu viaje. Eso me dije. Y ahora sé qué quiero, quiero desplegar mis alas y volar.

–Vaya como me alegro de verte entusiasmada. ¿Y por dónde vas a empezar?
–Acompañándote, si a ti te parece bien claro. Me voy a ir contigo a ese bosque que dices que es tan bonito como lo era este. ¿Y sabes qué…?
-Dime
–Que no voy sola y no porque vaya contigo, sino porque voy conmigo, con la miedosa, la insegura, la alegre y la aventurera, con todas esas yo que me hacen ser la que soy ahora. Nunca me he encontrado tan bien y con tantas ganas de explorar nuevos mundos.
–Pues no hablemos más, ¡emprendamos el vuelo!
Se cogieron de la mano y la abeja y la Hada se alejaron del suelo rumbo hacia su nuevo hogar.
Ana Aznal
Fotografías JPS


Muy bonito Ana
A veces, o casí siempre, tiene que venir alguien de fuera para recordarte que mires dentro….
Gracias Rodrigo. Hay que dar gracias de que la vida nos ponga a esas personas.