La vulnerabilidad

Tras leer el artículo de Javi Prieto sobre la película “El indomable Will Hunting”, quisiera reflexionar un momento sobre un par de cosas que, entre otras, me han llamado la atención.

Aunque ya se ha hablado en la Petirroja sobre las heridas de la infancia y su repercusión en la vida adulta, quisiera hacer una pequeña analogía sobre este tema. Imaginaros si todavía llevásemos puesto el traje que utilizamos en nuestra primera comunión o el que lucimos en una fiesta familiar en nuestra infancia. De ser posible esto, de no haberse hecho añicos, el traje, como mínimo, nos estría increíblemente pequeño, nos limitaría movimientos, nos haría rozaduras etc. Pues bien, esto mismo es lo que ocurre con los mecanismos aprendidos en la infancia. Sirvieron para ponernos a salvo en su momento, pero al crecer ya no son útiles y normalmente son un obstáculo que nos impide un desarrollo saludable.

Un poco de introspección sincera y sin juicio nos ayudará a cambiar de vestimenta y llevar una ropa más adecuada al momento y necesidades que tengamos en la actualidad, y si no somos capaces de hacerlo solos, pedir un poco de ayuda es de persona inteligente y no vulnerable. Lo que me lleva a comentar el siguiente punto:
La vulnerabilidad.

Desde la tierna infancia se nos enseña a no ser vulnerable, o sea a ocultar. Por un lado que repriman tu expresión de la vulnerabilidad: “no se llora”, te deja claro que hay algo en ti reprochable. Empezamos a ocultarlo para que papá o mamá, o quien para nosotros sea fuente de afecto, no nos dejen de querer.

Más tarde empezamos a esconder nuestra fragilidad para que los otros no nos hagan daño. Que “los malos” no se aprovechen de tus puntos débiles para hacerte daño, por tanto es mejor no enseñarlos.

Al final aprendemos a mostrar una máscara, que en muchas ocasiones nos llegamos a creer nosotros mismos, que no refleja la realidad. Con echar un ojo a las redes sociales y ver lo feliz y triunfador que es todo el mundo queda bastante claro que hay, o bien mucho engaño, o bien soy el más “pringado” del planeta.

No digo que tengamos que ir enseñando a todo el mundo nuestros puntos débiles. Por desgracia, sí hay personas que no nos quieren.

¿Qué tal si aprendemos y enseñamos que mostrar nuestras flaquezas no es de personas débiles? ¿Y qué pasa si soy débil?

Hablar con una persona que no nos juzga puede que nos ayude, puede que nos fortalezca, puede que descubramos a otros como nosotros o nosotras. Quizás esto genere unas redes que hace tiempo teme el sistema, que lleva muchos años fomentando un individualismo salvaje, a veces a través del temor al otro, ya que tiene claro que la unión hace la fuerza y eso a determinados estamentos no les interesa.

Querido lector o lectora creo que hay que fomentar la inteligencia emocional para saber a quién contar que no somos perfectos y eso nos traerá por lo menos una buena dosis de realidad. Al final es posible que nos demos cuenta que no ser perfecto es la norma. Que los miedos, las inseguridades, las emociones que no nos gustan, etc. habitan en cada uno de nosotros en mayor o menor grado.


Abrirnos al otro es un acto de fe y de amor hacia y para el que es el confesor de nuestro lado oculto. Cuando alguien me cuenta sus penas suele llegar un momento en el que me dice que me está dando la lata. Mi respuesta es siempre la misma. Normalmente cuando algo nos va bien lo contamos a los cuatro vientos, pero si nos va mal eso no se cuenta tan fácilmente, por tanto, si me lo estás contando a mí, es porque yo ocupo en tu vida un espacio de confianza que no le das a cualquiera. Esto es algo que agradezco.

Por todo ello no tengamos miedo a contar a nuestros seres queridos, amigos, familia elegida, etc. nuestras debilidades y cuando lo hagan con nosotros seamos conscientes que para esa persona tú eres especial.

Rodrigo Ruiz

Fotografías de La Petirroja y murales del barrio de Moratalaz.

Artículo relacionado:

2 comentarios

  1. Latsari

    Qué bella y necesaria reflexión.
    Muchas gracias Rodrigo Ruiz.

    • Rodrigo Ruiz

      Gracias por estar ahí. Me alegra que te guste

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *