Me gusta mucho tu trabajo, me dicen.
Es verdad que le gusta, me lo dice en Instagram cuando cuelgo alguno de mis cuadros.

Me gusta como manejas el color. ¿Me harías uno?
Aquí llega el temido encargo, ¿cómo le voy a decir que no si es un amigo que él me lo pide, así que digo que sí.
Me lo haces en colores pastel, por favor, que es para el comedor y allí los muebles son en tonos claros.
(Vamos a ver…..me dices que te gusta mi trabajo que es con unos colores brillantes, luminosos, chillones y me pides que utilice tonos pastel. No entiendo nada)
Le vuelvo a decir que sí.
Me siento ante el lienzo y comienza a surgir el deseo de agradar, encantar a mi amigo y va de la mano de mi inseguridad. Eso hace que el trabajo no sea fluido, que no coja vida propia.
En la búsqueda del agrado y de deslumbrar con mi arte la cosa se atasca y no recorre caminos naturales en mí. Busco en otros paisajes donde me pierdo en un intento de que me quieran a través de mi creación.
Empiezo a mezclar colores, a buscar tonos, a jugar con el color, pero el color se me escapa, me resulta insípido, con poca fuerza. Preciosos tonos que se van juntando en el lienzo pero que no me dicen nada, no me hablan. Son como las flores artificiales, que por muy bonitas y bien hechas que estén, casi parecen de verdad, no se pueden comparar con las naturales.
Sigo, tenaz, trabajando en el lienzo y la pintura cada vez se me antoja más muerta. Como si avanzara en un camino en espiral que me lleva a un centro agobiante, sin luz y no a un espacio amplio y con un aire limpio.
Sigo trabajando sin que la cosa no empeore, hasta que llega el momento en que me doy cuenta de que yo no soy esos colores en la tela y que no voy a poder contentar a mi amigo.
Van pasando los días y voy encontrando cada vez más excusas que me alejen del encargo. Al principio buscadas y poco a poco sin darme cuenta las excusas se presentan como un salvavidas del honor, ya que está muy claro que este encargo no va a llegar a ver la luz.

En esta ocasión mi amigo se queda sin cuadro y yo respiro por haberme quitado semejante muerto.
A ver si para la próxima soy capaz de decir que no.
Pero seguimos siendo amigos de colores brillantes, luminosos y pasteles, que a fin de cuentas todos somos colores.
Rodrigo Ruiz

Nombres de los cuadros acabados:
“Land scape” y “Puesta de sol”

