“No pienses que estoy muy triste,
si no me ves sonreír,
es simplemente despiste,
¡maneras de vivir!”

En los bajos del bloque de viviendas un grupo de chavales simula tocar guitarras eléctricas con dos palos de escoba. Un tercer zagal aporrea un tambor de detergente vacío y unas puertas metálicas en la pared como batería. Otros tres gurriatos hacen los coros. Hacen bastante ruido, cantando el “Maneras de vivir”.
La Leñera es una banda carabanchelera que toca versiones de los míticos Leño. El pasado sábado llenaron el Gruta 77, en un directo de lo más cañero y animado. Tocan bien, no son Rosendo Mercado, Ramiro Penas y Tony Urbano, pero hay que reconocer que se meten al público en el bolsillo con una actuación simpática y músicalmente bien lograda. Insisto, salvando las distancias de que no estamos viendo tocar a Rosendo.
¿Merece la pena ver este tributo a Leño? Pues a mi compadre Álvaro y a mí nos encandiló el concierto. Como dicen ellos mismos, es lo más parecido a Leño que puedes ver hoy sobre un escenario. Rock and roll en estado puro, un legado de rock urbano de la Transición. La Leñera actúa desde 2001 por todo el estado, así que algo estarán haciendo bien en los escenarios para que el público los avale.

Su directo de dos horas repasa gran parte de la discografía de Leño, destacando temas como “Entre las cejas”, “Sorprendente”, “Corre, corre”, “El tren”, “Que tire la toalla”, “Maneras de vivir”, “Este Madrid” o “Cucarachas”. El público se sabe las canciones y el foso rápido se anima a bailar y canturrear estribillos. En su página de Facebook aseguran tener el beneplácito de los propios Leño. Desde luego nosotros sí los recomendamos para echarse una noche de rocanrol. Sus letras reflejaban la cotidianidad de los jóvenes de clase trabajadora de la época, abordando realidades como la droga, la movida del Madrid de la Transición, la represión policial del franquismo agonizante, las ansias de libertad y claro está, las relaciones afectivas, más románticas en algunas canciones como en “Sorprendente”, más punkis y gamberras en otras como “La noche de que te hablé”.
Sin duda, si los Leño hubieran sido ingleses, ahora mismo se hablaría de ellos como se hace con The Clash. El propio Rosendo Mercado hablaría de Led Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbatath entre sus influencias, pero también de los Specials o The Clash. El grupo se disolvió en su cima y Rosendo iniciaría la andadura en solitario, pero esa es otra historia. La huella de Leño posteriormente la desarrollarían con idiosincrasia propia grupos también míticos como los navarros Barricada o Platero y tú de Fito Cabrales e Iñaki Uoho.

Leño fue una banda de rock and roll madrileña, que pese a su corta trayectoria (1978-1983) se convirtió en el máximo exponente del denominado rock urbano. Sus miembros serán Rosendo Mercado, guitarra y voz, Ramiro Penas, a la batería, y Tony Urbano, al bajo, que sustituiría a Chiqui Mariscal que dejó el grupo apenas iniciado.
La banda del líder de Carabanchel cuenta con tres discos de estudio: “Leño”, “Más madera” y “Corre, corre” y el legendario “En directo”. Sus pintas, con pantalones vaqueros ajustados, zapatillas deportivas, camisetas holgadas y pelo largo suelto, gafas de sol, “chupas” de cuero o cazadoras vaqueras eran las mismas que su público vestía en el día a día en los parques y calles de los barrios de la periferia.

Leño puso la banda sonora al despertar de toda una juventud que se crió en el Madrid obrero desde finales de los 70 hasta comienzos de los 90, sepultando una dictadura que “apestaba a odio y miseria” y dando la entrada a una sociedad en la que “si tienes entre las cejas libertad, eres un menda interesante”.
Desde la terreza del cuarto alguien lanza a los chicos del barrio un barreño de agua. La repentina lluvia coge a los jóvenes desprevenidos, empapando al batería, un guitarrista y a parte del público. El concierto se acaba.
Javi Prieto Sancho
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