Entre rejas

-Yo no debería estar aquí… -dice la galguita.
-Ninguno de nosotros -corrobora un staffordshire bull terrier anciano color negro desde la celda contigua.

-Espera que te cuente… -insiste la cachorra de lebrel.

La jornada comenzó antes del alba. Dormía plácidamente en mi colchón cuando sonó el despertador con olas marinas y gaviotas. Mi humano se despertó, lo apagó y se levantó pasados unos minutos. Yo ya movía la cola y pensaba en el primer paseo de la mañana.

Salimos de casa y nos dimos una buena vuelta, aunque con correa, por un pueblo que todavía no había despertado. Tan solo Felipe, el pescadero, metía la mercancía para el día desde la furgoneta frigorífica a la tienda de ultramarinos. Los primeros autobuses atravesaban la calle principal.

Hago mis necesidades fuera de casa y mi humano recoge la caca de mitad del camino y la echa a una papelera. Los primeros claros empiezan a surgir por el Este. La madrugada se presenta fresca, pero andamos a buen ritmo y nuestros músculos entran en calor. La verdad es que tengo suerte de vivir con una familia tan deportista. Todos los días me sacan libre al monte y muchas veces nos pasamos el día en la montaña con otros amigos y amigas. Allí suelo coincidir con uno de mis novios caninos. Se llama Lukas, es mestizo de rottweiler y muy majo.

El caso es que las niñas se fueron al cole y el papá a trabajar como tantos días. Me quedé en casa, desayuné el pienso que me habían dejado y me eché un rato en el sofá. Por las mañanas descanso mucho, aprovechando que la manada humana no está en casa. Cuando ya los rayos del sol entran por el ventanal del salón, salgo al jardín y me entretengo olisqueando las plantas y oyendo el trinar de los pájaros que vienen a posarse en el lilo y el ciruelo.

Esta mañana descubrí un agujero en la valla, por el que salía un gato que tenía la familia antes. Como me aburría un poco decidí salir a la calle e investigar un poco por las calles aledañas. El barrio donde vivimos es tranquilo y solo hay una carretera sin excesivo tráfico y poco tránsito de peatones. Llevaba un buen rato olisqueando aquí y allá cuando decidí cruzar la calzada y llegar al parque de enfrente. Quizá las niñas estén en los columpios…

Para cruzar miro a derecha e izquierda, que los humanos siempre lo hacen para no ser atropellados por ningún coche. El parque mola porque tiene más olores. Huele a niños y niñas, a gatos y a otros perros que vienen con sus humanos.

Me encontré una bolsa de patatas fritas y estaba tratando de sacar las últimas migas que quedaban cuando llegó un coche de policía.

-¡Ey! …¿te has dormido, abuelo?.
-No, no, galguita -dice el staffordshire bostezando y estirando las cuatro patas, tumbado de costado.

Pues eso, que llegó la policía municipal y se empeñaron en acariciarme. Un poli era muy majo y otro se le veía más enfadado. Yo me puse a jugar con ellos, claro. Acostumbrada a los regates de los conejos en el monte, no me costaba nada de nada deshacerme de ellos cuando ya creían que me tenían a mano. Me lo estaba pasando genial con los policías, pero entonces el que tenía cara de pocos amigos fue al coche patrulla y sacó un palo largo metálico con un lazo al final. Así me atraparon y aquí estoy. Pero yo no debería estar aquí, porque no he hecho nada para estar entre rejas…

Bueno, he hecho un hueco en el sofá, he desplumado dos cojines del salón, mordisqueado muchas zapatillas, destrozado una libreta de dibujos de la familia, reorganizado las baldas de juegos del salón, mutilado varios muñecos de las niñas, excavado en el jardín… ¿Pero nada de eso es para ir a la cárcel, verdad?

-No, claro que no, cachorra -la tranquiliza el viejo bull terrier-. En breve vendrán a por ti. La policía solo te ha rescatado de un posible atropello o de que te robara algún indeseable. Nada más.
-Oye, ¿y tú por qué estás entre rejas?
-Porque me comí a una nueva cachorra que adoptó mi familia humana y no me dejaba dormitar la siesta…
-¡Glups!
-¡Ja, ja, ja! Es broma. A mí me han rescatado en una finca en la que malvivíamos otros perros y yo. A los más jóvenes de los staffordshire los utilizaban para peleas clandestinas, todos pasábamos hambre y no nos cuidaban ni querían como tiene que ser en una manada. Estoy esperando a que me adopten en un nuevo hogar.

La protectora municipal abre sus puertas. Entra un policía y detrás un par de niñas y su padre.
-Sí, esta perrita es Nala. Gracias agente por cuidar de ella durante esta mañana. Afortunadamente no la ha pasado nada.
-¡Guau guau guau!


-¿Y este viejo gladiador? -pregunta el padre mirando al staffordshire.
-No tiene dueño. Bueno, sí que lo tiene, pero está denunciado por maltrato animal a la espera de juicio. Se le ha retirado la custodia. El abuelo terrier busca un nuevo hogar.
-Venga, pues ya lo ha encontrado. A ver si nos educa a la cachorra, que se le ve un espíritu muy apacible y buena energía.

Los dos canes salen de la protectora moviendo el rabo, cada uno guiado por una de las niñas de la manada.

Javi Prieto Sancho

5 comentarios

    • Fernando Ruiz

      Entrañable relato,así desapareció
      la perrita de mi nuera ,salió por debajo de la alambrada y pese a los esfuerzos por encontrarla con colaboración de asociaciones y denuncias no volvió a aparecer.

  1. Nayara

    Me ha gustado mucho y está muy chulo🥰😘

  2. Isán

    Ese exgladiador seguro que le va a enseñar a disfrutar pero también a defendenderse de los que se quieren aprovechar de ella…
    Que tengan salud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *