
Madrugón para llegar al Puerto de Cotos antes de que el sol salga detrás de las montañas. A las 9 h y poco un grupo de siete personas y dos canes del grupo senderista Madtrekkers iniciamos ruta con menos 3 grados centígrados bajo cero hasta el techo de Madrid. Peñalara, con sus 2.428 metros nos espera. Unos 12 kilómetros de distancia, de dificultad técnica fácil, pero que requieren buena forma física para subir el desnivel de 630 metros que tenemos desde Cotos hasta la cima. Hoy las máximas no se esperaba que subieran de los 5 º C y así fue. Además, en las crestas del Pico Citores, Hermana Mayor y las estribaciones de Peñalara la sensación térmica era de mucho más frío debido al gélido viento que soplaba. Hasta tres capas de abrigo, guantes y gorro, llevaba el que escribe estas letras ahora al calor del hogar.

Iniciamos camino en la Venta de Marcelino y el Centro de Visitantes de Peñalara, pero no cogemos el camino derecho que nos lleva al clásico sendero de “zetas” que asciende a la montaña, sino que tomamos senda a la izquierda, internándonos en el bosque de pinos bermejos de Valsaín para coger la ruta conocida como del Batallón Alpino. Esta vía era la utilizada por las milicias y soldados republicanos que participaron en la defensa de Madrid durante la Guerra Civil (1936 – 1939), para llegar hasta las fortificaciones y trincheras que blindaban las lomas de Guadarrama del avance de los sublevados franquistas desde Segovia. Aún hoy en día se puede ver una de las fortificaciones, parcialmente en pie sus muros, construidos con piedras.

El Batallón Alpino republicano se componía de miembros de las sociedades alpinistas, excursionistas de la sierra y habitantes de los pueblos serranos, que conocían el terreno. Se componía de unas 1.000 personas y vestían uniformes de esquiadores blancos de la Unión Soviética.

Como anécdota, nos hemos encontrado en la investigación para este artículo, el caso de miembros de dicho unidad militar republicana que reconocían haber establecido contacto con las tropas nacionales para el intercambio de tabaco por papel de fumar. El tabaco lo tenían los nacionales por venir desde Canarias y el papel de la fábrica de Alcoy lo controlaban los republicanos. Incluso al parecer se llegó a jugar un partido de fútbol que enfrentó a “fascistas contra rojos”. Dicho lo cual, la guerra establecía sus dinámicas y los enfrentamientos armados y bajas en ambos bandos por supuesto que se dieron en la dramática contienda. Como curiosidad, decir que el batallón alpino madrileño no fue el único que actuó en la Guerra Civil. La Columna Ascaso, organizada por las milicias anarcosindicalistas de la CNT, también contó con Batallón Alpino propio en su actuación en el Frente de Aragón.

Pero dejamos ya las “batallitas del abuelo” y volvemos al presente. Hoy la tropilla no tenía significado ni distinción política. La charla amena, el ejercicio físico como motor de cuidado personal, el disfrute de la Naturaleza, incluidos nuestros perros Lukas y Nala, nos ha llevado a la cumbre en poco más de 2 horas. La ruta del bosque es menos transitada que la ascensión por el camino de “zetas” y tiene unas buenas panorámicas de Siete Picos, Bola del Mundo e incluso en un día despejado de nubes como hoy se puede ver Gredos al fondo. En la sierra abulense sí que se veía el manto blanco de nieve. Aquí en Madrid algún nevero escaso en zona umbría y eso sí, los arroyos helados, aunque nuestros perros se han apañado para encontrar el caño de agua que aún corría libre para beber. Al salir del pinar nos encontramos entre enebros y retamas, de porte bajo y redondeado para aguantar los fuertes vientos del crudo invierno de Guadarrama. Mejores jardineros que el viento, la nieve y el hielo imposible encontrar.

La marcha en grupo se deshace en la cresta de ascenso al Pico de Peñalara donde el ritmo lo marcan las fuerzas de cada cual. Aunque arriba nos volvemos a juntar, para sacar la foto de rigor y almorzar al resguardo de algún roquedal, compartiendo caldos de la madre, higos, chocolate, frutos secos y saboreando el bien merecido bocata. El frío no ha impedido que varios grupos de montañeros y montañeras y unos cuantos perros más, nos juntásemos en la cima de Madrid. Un auténtico lujazo el gozar de estos “Alpes chicos” a poco más de una hora de la ciudad o de la Comarca de las Vegas, de donde partía este periodista petirrojo.
Queremos despedir esta crónica agradeciendo la labor gratuita del grupo Madtrekkers para acercar los caminos y senderos de Madrid a sus componentes. Hay cosas que no tienen precio, pero sin duda tienen mucho valor. Nos vemos en la senda.

Javi Prieto Sancho

