Sabaria nos presenta “La noche pasada”, de Alice Brito

Recién cumplidos los 50 años de la Revolución de los Claveles y a punto, por tanto, de iniciar la conmemoración del mucho menos glorioso fin de la dictadura del lado de acá, Sabaria, una asociación cultural zamorana, publica la novela La noche pasada de Alice Brito. El título, una clara alegoría, nos evita detenernos en exceso sobre el argumento –con el consabido riesgo de que desvelemos demasiado-: baste decir que, mezclando sabiamente el folletín y la literatura de calado, la autora pinta con tanta ligereza como eficacia, tal que una impresionista, las atroces décadas finales del salazarismo. En la cubierta, una multitud femenina celebra el triunfo de la revolución, porque esta es, en buena medida, una novela en la que la perspectiva femenina es determinante. Hay una segunda protagonista: Setúbal, verdadera Grândola de la canción, ciudad roja e irredenta, por la que pululan personajes inventados y reales, como el propio Zeca Afonso. Comienza así:


No hay que engañar nunca a un lector. Los lectores son gente respetable. Hay que ser leal. Transparente. Bueno, más o menos transparente.


Por aquellos días la revolución ya andaba por ahí rondando. Bien es verdad que nadie la veía, así a simple vista, pero por allí rondaba, vamos que rondaba. Trepaba por los pantalones de las chicas que ya prescindían de las faldas, se aparecía en los cigarros que ellas se llevaban a los labios más o menos con gesto provocativo y como signo de modernidad, se escuchaba en las canciones de Zeca cantadas en un unísono casi tan fiero como conmovido, en el cabello de los chicos, excepto el de los que iban a la mili y eran esquilados como ovejas. Se sentía en las bodas por lo civil, con la abolición de los vestidos de novia y de los trajecitos domingueros de los novios. Se presentía claramente en la crispación que mostraba la gente. La guerra, la maldita guerra colonial, echándolo todo por tierra, destrozando familias, deshaciendo carreras y cortando licenciaturas en pedazos, amedrentando a las mujeres que recordaban, cuando los veían partir tan jóvenes, nacimientos difíciles, partos en casa, dolores que dolían ahora como un segundo parto sin la liberación con la que había concluido el primero. Partos revertidos.


La revolución habitaba ya en el cansancio que toda la gente tenía de esta estafa, de esta dictadura de mierda, de este callejón sin salida asfixiante, de este destino cabrón, de la vana fanfarronada colonial, cuándo iba a acabarse esto.


Del amor, entonces, mejor ni hablar. La virginidad perdió valor en el mercado de la decencia. La juventud empezó a irse a la cama y ahorrarse sacramentos. Se encontraba los fines de semana, en las fiestas de garaje que llamaba convivencias. Se bailaba muy juntitos, con total entrega.


La revolución se paseaba por las ciudades más modernas, acariciando las barbas que los hombres se habían dejado crecer, se colaba en las guitarras que se tocaban al caer la tarde, entonaba baladas con palabras inocuas en apariencia, pero llenas de un doble sentido de pública conspiración.


Estas mutaciones inequívocas eran luego desmentidas por la televisión en blanco y negro que transmitía los embarques de las tropas en los muelles del régimen. Mucho pañuelo blanco y las manos de las mujeres diciendo adiós, adiós hasta la vuelta. En la radio sonaba Angola es nuestra, viva Angola, la verdad es solo una, Radio Moscú no dice la verdad.


Tiempos extraños, aquellos. Todo tan caduco y, sin embargo, qué apariencia tan sólida. Frágil, la dictadura mezclaba una negligencia miserable, sin hacer frente a los cambios que se daban por todas partes, con la soberbia de quien está cayendo y se cree eterno. Nada era auténtico.


Sabaria nació hace dos años y medio con la voluntad de crear un espacio más de diálogo entre estos dos países que tantas veces se dan la espalda. Nuestra aportación se centra en especial en el intercambio literario: publicamos traducciones al español de autores de allá, en especial de la región colindante, Tras-os-Montes, y recientemente hemos empezado a difundir la poesía zamorana en Portugal. En la actualidad, entre títulos propios y en colaboración con otras editoriales, llevamos casi una veintena de publicaciones. Son tiradas muy cortas, elaboradas con el mayor cuidado a nuestro alcance y en una imprenta local. Puedes verlas en nuestro catálogo.

https://drive.google.com/file/d/1S-EUTtniI2aFns-DYgGb3dY84jyyEQ1r/view?usp=drivesdk


Para finalizar de manera más leve y bienhumorada, una anécdota: el nombre de Sabaria procede de una remota referencia histórica sobre un territorio transfronterizo que estuvo más o menos entre Zamora y Trás-os-Montes. Apenas se sabe que fue conquistado por Leovigildo. Curiosamente, por las mismas fechas, en el reino suevo de Braga –al lado, como quien dice-, ejercía su labor pastoral San Martín de Braga, que había nacido en la actual Szombathely, cuyo nombre en latín era Savaria. No solo eso: este obispo escribió una carta en la que pedía reprimir las creencias populares, entre las que señalaba lo que después se ha llamado mascaradas de invierno, manifestaciones muy características de los pueblos rayanos. Tenemos una guinda para este pastel, no obstante: hay quien cree que el origen del nombre estaría en una mansio romana de la Vía de la Plata, llamada Sibarim. No tendrá nada que ver con Síbaris, pero rememorar ahora la ciudad de los placeres sí lo tiene con nuestra voluntad de ofrecer un seguro deleite con estas letras de la periferia, atentos siempre a que lo local no pocas veces toca lo universal.

Jesús Rebollo

1 comentario

  1. Alice Brito

    Caro Jesús Rebollo,
    Apesar de o teu texto ter sido publicado há já muito tempo, só agora o li, por não saber da sua publicação.

    Gostei muitíssimo das tuas palavras que me deixaram muito feliz.
    Vivemos tempos terríveis.
    Que este livro sirva para que não se esqueçam as ditaduras que os nossos dois países conheceram.
    Muito obrigada,
    Abraço grande,
    Alice

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