Hoy nos fuimos a la montaña. Ya estuvimos ayer con amigos, amigas y familia y hoy apetecía pasear por la Madre Tierra buscando esa conexión con los seres queridos que este año nos dejaron.
Viene bien hacer rutas relativamente cortas y asequibles a nivel de dificultad técnica, pues después se pueden repetir y disfrutar el doble con las peques y jóvenes de la familia. La ruta de hoy es una de las que sin duda exploraremos con la tropilla. Si los zagales y zagalas son andarines, en tres horas se hace una bonita excursión.
Partimos del aparcamiento de Cotos. Ascendemos por la pista forestal marcada y nos adentramos en el bosque de pinos bermejos. Nuestra galguita va atada, ya que los perretes deben ir con correa en el Parque Natural de Guadarrama. No es extraño, por ejemplo, toparse con manadas de cabras salvajes.

Hace tiempo que no llueve y las heladas de las últimas semanas tienen las praderas alpinas amarillentas. Entre piornos y enebros bajan las aguas cantarinas de los arroyuelos.
Llegamos a los 2.000 metros, al pie de la Laguna Grande de Peñalara. Pero en esta ocasión no vamos a la laguna, sino que cogemos el desvío a la izquierda que nos llevará al Refugio Zabala. Aquí la excursión tiene su peligro, ya que en las zonas umbrías quedan placas de hielo entre las rocas graníticas que nos pueden hacer resbalar. Pero teniendo cuidado y apoyando manos en semi trepa, vamos ganando terreno. A nuestra espalda dejamos una bonita vista de la Laguna de Peñalara.

Una hora y pico después, a buen ritmo y sin pausa llegamos al Refugio Zabala. Se trata de una construcción de 1927, de granito y hormigón, en la que se puede pernoctar con saco y esterilla. Situado a 2.075 m al pie de la montaña Hermana Mayor. Obra del arquitecto Julián Delgado Úbeda y un equipo de albañiles y canteros, claro está.
El nombre del refugio homenajea a uno de los pioneros del alpinismo hispano, José Fernández Zabala (Madrid 1.884 – Nueva York 1.923), quien además de montañero fue tipógrafo, escritor y librero.

Como hoy no veníamos con intención de alargar la jornada alpina, descendemos por la senda que nos llevaría al Pico de Peñalara caso de ascender, pero nosotros vamos en dirección al puerto de Cotos y para casa. Ya volveremos con peques para disfrutar más del paseo. Que viene bien quedarse con el gusanillo de querer más y así hay excusa para volver.
Como siempre, la montaña y sus espíritus benignos nos devuelven mejor de cómo llegamos.
Javi Prieto Sancho



Yo creo que solamente con salir al campo ya se vuelve a casa mejor .
La perra ya veo en las fotos que no es friolera y mete las patas en el hielo.
Muchas gracias Javi por estos relatos.
A ti por tus comentarios, Fernando.