Con los que no están

Ahora que nadie nos oye, papá, te voy a confesar que no tengo muchas ganas de navidad. Parece que tenemos que estar felices por decreto: las luces, los anuncios, las celebraciones, las fiestas… y todo me parece un poco superficial, banal, artificial.

Imagino que Senda estará contigo y que pasearéis ya sin problemas de artrosis o de unos músculos cargados de años. A buen seguro que cuando paréis en algún lugar a descansar, aparecerá Indi para que le acaricies el lomo y buscando el regazo de Senda para dormir.

Ahora que nadie nos oye, papá, te voy a confesar que me enseñaste más que la mayoría de mis profesores y profesoras. Con tus silencios, con tus actos, también con tus errores. Tu vida no fue fácil y con tu labor nos abriste camino. Si escribo, por ejemplo, es por ti.

Imagino que Senda está contenta a tu lado. Siempre la cuidaste bien. Os entendíais. Por los caminos del pueblo o del barrio, vuestros pasos compartían un ritmo pausado cargado de afecto mudo. Como siempre tus silencios decían más que tus palabras.

Ahora que nadie nos oye, papá, te voy a confesar que extraño cuando de pequeño te veía leer el periódico, cuando te vi golpeado por la vida, cuando te vi remontar el vuelo, cuando te veía venir reventado del trabajo para que nosotros voláramos, cuando hacías huerta y olivar ya anciano.

Imagino que Senda duerme a tu vera, mientras haces sopas de letras tratando de mantener en forma también la cabeza. Imagino que Indi se acerca a tu pernera y le rascas la cabeza, detrás de las orejas, y arquea su lomo negro agradecido.

Ahora que nadie nos oye, papá, te diré que pocas ganas de celebración tenemos. Pero en estas fechas siempre se juntó la familia y nos volveremos a juntar. Porque aunque sea el primer solsticio de invierno sin ti, también será el primero contigo. Presente sin presencia física.

Imagino que Senda, Indi y tú estaréis siempre donde nosotros estemos. Donde os recordemos y os sintamos ahí estaréis. Porque tanto vivido, sentido y aprendido a vuestro lado no puede desaparecer mientras sigáis paseando por nuestros corazones.

Mural en Covibar / From Colors

Ahora que nadie nos oye, papá, te diré que cuando estoy jodido, y este año ha sido bien duro, tu recuerdo me inspira, me empuja. De alguna manera te fuiste y fue tu última enseñanza, tu epílogo. Laboriosidad, familia, honestidad, sencillez, caer y levantarse y seguir…

La vida sigue. Tenemos perrita nueva, que te encantaría. Es color canela como Rubio, el último perro del abuelo. Nayara sigue aprendiendo baile y Karla ya marca goles en Rivas. El libro del que te hablé, lo sacamos Jesús y yo… Te hubiera gustado.

Karla, Naya y yo os sentimos cerca.

Javi Prieto Sancho

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *