Los galguitos de la “working class”

Nala tiene divididos a los abuelos del pueblo. Unos piensan que es cachorra de podenca, otros que de galgo. Como los conejos que se ponen a discutir si quienes les persiguen son galgos o podencos, hasta que les cazan y se acaba el debate, podríamos tirarnos así un buen rato. Tamaño mediano, orejas caídas a la mitad y echadas para atrás al correr, cuerpo estilizado, patas largas, fuertes, y rabo largo que sirve de timón y balanza para un cuerpo esbelto, fibroso, diseñado para la velocidad. Con cuatro meses apunta maneras de velocista. Color canela claro, con calcetines y collar blanco, como la punta de la cola. Mi abuelo la hubiera llamado “Rubia”, mis hijas han cogido el nombre de la novia del rey León, que para eso parece una leona.

Pero resulta que la perrita no va a ser ni galga ni podenca. Al menos no el galgo español que conocemos todos y todas. Mi hermano mediano encontró la que posiblemente sea la solución. Nala sería una galga, sí, pero una galga inglesa llamada whippet. No el greyhound o galgo inglés más fuerte y grande que el español o ibérico, sino una raza de galguitos medianos originarios de las islas británicas.

Los whippet serían una raza de perro desarrollada entre la clase trabajadora de los siglos XVIII y XIX en Inglaterra. El galgo inglés era distintivo de la nobleza y además una familia trabajadora de la época difícilmente podría mantener un perro de gran tamaño. Por tanto, los amantes de los canes cruzaron al greyhound (galgo inglés) con otras razas más pequeñas, como el Fox Terrier o el galgo italiano, hasta ir consiguiendo al lebrel del que hoy nos ocupamos: el whippet. Un galguito de la working class, fuerte y tenaz como un terrier, rápido como un galgo y de tamaño mediano, entorno a 50 cm hasta la cruz y unos 10 kilos, más o menos. Su carácter es jovial y vivaracho y su nombre podría dar fe de su espíritu, ya que “whip” es látigo en inglés.

Como los trabajadores de la ciudad no tenían ocasión de disfrutar del ocio como los nobles con sus cacerías y paseos campestres, los proletarios británicos organizarían con sus veloces mascotas concursos de atrapar a un conejo en un corral o carreras en callejones persiguiendo un trapo. Las apuestas estaban servidas, claro está. Un buen perro de carreras podía aportar un sobresueldo a su familia.

No entramos a valorar lo afortunado o desafortunado de utilizar perros para las carreras y mucho menos apostar con ellos. El siglo XIX era otra época, la clase trabajadora vivía en condiciones bastante difíciles que fueron mejorando con la lucha sindical y la relación con los animales distaba mucho de la que mantenemos hoy en día con nuestros peludos.

Pero sí queremos aprovechar para romper una lanza a favor de galgos y podencos de nuestra tierra. Dos razas de lebreles, utilizadas desde tiempos inmemoriales para la caza del conejo y de la liebre, y que hoy afortunadamente comienzan a llenar muchos hogares con su presencia, tras ser adoptados en protectoras. Tanto galgos como podencos son razas de perros de caza que hasta hace bien poco no se podían ver como mascotas. Al ser perros de caza, muchos han sido utilizados como meras herramientas y no pocos han sufrido el maltrato y el abandono. No hay más que mirar los listados de perros en adopción de las protectoras. No todos los cazadores tratan mal a sus perros, por supuesto, pero sí es cierto que podencos y galgos son de las razas más proclives a sufrir maltrato y abandono en nuestro país. Le pese a quien le pese esto es así.

En este, como en otros campos, mucho podríamos aprender en España de valorar lo que tenemos como se merece, porque galgos o podencos no tienen que desmerecer al pastor alemán o al bulldog inglés. Pero en esta tierra, siempre tan acomplejada, pareciera que nos diera vergüenza valorar nuestros tesoros.

Nala llegó de Almería pesando 1 kilo 200 gramos con 2 meses. La mitad de su camada murió por parvovirus por las deficientes condiciones en las que estaba su madre en una finca rural. La cachorra pasó 3 semanas debatiéndose entre la vida y la muerte. Finalmente llegó a nuestro hogar gracias a la protectora Nueva Vida Adopciones. Hoy con 4 meses su vida rebosa energía y su energía se desborda y se contagia entre su manada humana. Lo que no ha resuelto aún es el debate de los abuelos del pueblo, que siguen asegurando unos que “buena podenca se está haciendo” y otros que “con un año ya puedes cazar conejos con ese buen galgo”.

Javi Prieto Sancho

Nuevavida ADOPCIONES Perros y Gatos en Madrid – Asociación Adopciones Protectora de Animales en Madrid (nuevavida-adopciones.org)

4 comentarios

  1. Karla

    Muy bonita historia, ¡a crecer, Nala! 💪🏼

  2. Fernando Ruiz

    Buena e instructiva historia,bajo mi punto de vista cada raza tiene unas cualidades y en el pasado según para qué se optaba por una raza u otra.
    Como bien dice Javi hoy en día ha cambiado y se busca otros propósitos.

  3. ORJ

    Que chulo, gracias a Nala he aprendido sobre las distintas razas autóctonas y como en otros ámbitos ocurre al fin y al cabo la raza no tiene mucha importancia, sino más bien querernos cuidarnos y respetarnos tal como somos. Enhorabuena a lapetirroja!

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