Las Bulbalkan llenan de ritmos balcánicos Chinchón

Una noche de verano de agosto. Por la mañana, con la fresca, paseé con mis perras por el monte peraleño. Durante el día labores en casa, lectura, ventilador, película y gazpacho para mitigar la calor. Me dice un amigo sanmartinero de adopción de ir por la noche a Chinchón a ver un grupo de mujeres que tocan música balcánica. ¿Música balcánica en Chinchón? Por qué no, a las 21:30 h ya es buena hora para encontrarse con amigos y tomar una cerveza celebrando que ya queda menos días de tórrido verano. La música, si os digo la verdad, era lo de menos. La excusa para seguir disfrutando de las vacaciones.

Llegamos a Chinchón. Un precioso pueblo castellano del sureste madrileño, otero de las tierras del Tajuña, cuyo conjunto histórico está declarado bien de interés cultural. Sus calles empedradas de cantos rodados nos retrotraen al Siglo de Oro español. Deambulando de noche por sus calles empinadas y subalternas pareciera como si tus sandalias andaran el siglo XVI ó XVII y en cualquier esquina te fuese a asaltar un chungo aprendiz de Alatriste para robarte, acero en mano, los pocos reales que atesore tu bolsa de cuero. En algunos miradores puedes ver al otro lado del pueblo el castillo renacentista de la localidad, velando sus noches de verano.

El caso es que el siglo XXI es algo más tranquilo en estos lares castizos. Chinchón está engalanado por sus fiestas estivales y los chinchonetes y chinchonetas visten de domingo para tomar algo al abrigo de los pórticos o en las terrazas de su Plaza Mayor. Paisanos y turistas se mezclan en sus callejuelas. Llego con los amigos y amigas, vecinos de la Comarca de las Vegas, y entramos a un local semicubierto detrás del impresionante monumento pétreo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

A la hora prevista seis jóvenes mujeres se suben al escenario. No soy muy ducho, una vez que me sacas del rock y el punk, en instrumentos musicales, pero juraría que iban a la tarea con dos clarinetes, una trompeta, trombón, tuba y batería. Pantalones negros cortos, zapatillas deportivas la mayoría, camisetas blancas y chalecos negros con bordados blancos. Bonita puesta en escena. La cerveza y la noche hacen ver todo con un tono más amable que bajo el sopor del calor del mediodía. Veremos a ver qué tocan… ¿Música balcánica en Chinchón?

Pues sí, amigos y amigas, a capón entran las Bulbalkan con un ritmo trepidante de vientos, metales y percusión. Quizá algunos se acuerden de Goran Bregovich, de la música zíngara o de la familia gitana con su banqueto, su trompeta y su cabra que amenizaban las tardes de barrio en los 80 en Madrid por unas cuantas monedas lanzadas desde los balcones. Ritmo, jovialidad, marcha instrumental que no deja los pies parados y alegra la sangre amodorrada por el estío. El concierto es sentado, pero la música de las jóvenes hace que más de uno se levante a bailar. Van encadenando versiones adaptadas y arregladas con su estilo y entre medias nos presentan su EP (extended play), un grupo de canciones propias que conforman su primera publicación y que podéis escuchar aquí.
Bulbalkan | Spotify

En su primer trabajo de estudio, las Bulbalkan nos presentan cuatro composiciones suyas: Tanc, Hermanas Costraleras, Worm y Bunt. Si las queréis ver y oír interpretando Bunt aquí tenéis un vídeo de la serie Acústicos del Pinar. Y si os pica la curiosidad bucear en redes, que las encontraréis.
Bulbalkan – Bunt | Acústicos del Pinar #2 (youtube.com)

Bulbalkan (@bulbalkan) • Fotos y videos de Instagram

Una hora llenaron de acordes balcánicos la chinchoneta noche y en la última canción, tras el merecido “¡otra, otra, otra…!”, gran parte del público abandonó sus sillas y cervezas para mover sus piernas al desenfadado ritmo de los clarinetes, la tuba, el trombón, la trompeta y la batería de estas seis mujeres músicas. Gracias Bulbalkan, que lo pasamos muy bien con ustedes. Una sorpresa descubrirlas por estas tierras de viejo abolengo.

Javi Prieto Sancho

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