Solidaridad con Cuba desde Morata de Tajuña

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Frase atribuida al escritor uruguayo Eduardo Galeano.

En la asamblea donde se decide organizar un acto de solidaridad con el pueblo cubano, un compañero dice, “me parece una frivolidad. Cuba no está para fiestas”. Y de hecho no le falta parte de razón. La isla de Cuba vive uno de sus peores momentos desde que triunfara la revolución de 1959. El gobierno de EE.UU., con su presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, a la cabeza, han dado una vuelta de tuerca al bloqueo económico, comercial y financiero contra la isla, provocando una crisis humanitaria y energética en el país caribeño.

Recordamos que la ONU, a través de varios de sus relatores de Derechos Humanos, denunciaban a primeros de agosto que las consecuencias humanitarias ya se están convirtiendo en una crisis en toda regla que amenaza los derechos a la salud, la vida, la alimentación y el desarrollo”. De hecho, los expertos en Derechos Humanos, fueron claros y tajantes sobre las intenciones de la administración Trump, al hablar de intento de alterar el orden constitucional de un Estado soberano mediante amenazas y coacción”. Así pues, los relatores de la ONU son contundentes,el Gobierno de Estados Unidos debe cesar todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocar todas las medidas que ha impuesto al país y que son contrarias al derecho internacional”.

Mientras en Cuba falta combustible para el transporte de alimentos, la recogida de basuras o el mantenimiento y suministro de medicamentos a la población, en múltiples rincones del mundo se organizan actos de protesta y solidaridad con el pueblo cubano. En Morata de Tajuña, la asamblea de Morata en Común finalmente decidió organizar un acto lúdico reivindicativo para recaudar fondos para la ONG MediCuba. Sin duda es un granito de arena insuficiente para paliar la grave situación energética y humanitaria que sufre Cuba, pero también es un acto justo, necesario y cargado de simbolismo. Dicen desde Morata en Común, “queremos visibilizar esta realidad y compartir un espacio de solidaridad, apoyo y denuncia. Y queremos hacerlo con la alegría, la música y la energía que también caracterizan al pueblo cubano”.

En octubre de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobaba por trigésima tercera vez una resolución contra el bloqueo ilegal de EE.UU. a Cuba. 165 países de toda la Tierra votaron a favor del fin del bloqueo. Solo 6 países apoyaron a EE.UU. en su política ilegal, inmoral y criminal (Argentina, Hungría, Israel, Macedonia del Norte, Paraguay y Ucrania). Una docena se abstuvieron. El bloqueo comienza en 1960, cuando la Revolución cubana toma medidas para el reparto de tierras entre los campesinos pobres y expropia intereses de las grandes compañías estadounidenses vinculadas a la dictadura derrotada de Fulgencio Batista.

La asamblea de Morata en Común priorizó el llenar la hucha de la solidaridad y aportar lo que se pudiera conseguir a la ONG MediCuba, cuya actividad “es contribuir a que el pueblo cubano mantenga y desarrolle los beneficios de equidad, accesibilidad y gratuidad de los servicios de salud pública y haga efectivo, de manera sostenible, su derecho a la soberanía y seguridad alimentaria. Igualmente contribuir a integrar en el concepto de salud, diferentes temáticas o dimensiones relacionadas: como son la seguridad alimentaria y la nutrición, la educación, el género, el agua y la higiene, o el desarrollo local y la pobreza”.

Si se compara la realidad social y cultural cubana con los países caribeños de su entorno: Jamaica, Puerto Rico, Haití y República Dominicana, por ejemplo, veremos claros contrastes. En Cuba la educación es universal y gratuita, con una alfabetización de prácticamente el 100 % y acceso a estudios universitarios equitativo. En los países vecinos, con el sistema capitalista, existen unas élites bien preparadas en colegios privados y un gran abandono escolar por motivos económicos entre la clase trabajadora. En sanidad, Cuba cuenta con un sistema público y universal. Sus vecinos dependen de los seguros médicos privados, que son inaccesibles para la mayoría de la población de clase baja. En Cuba la seguridad ciudadana es considerada como una de las más altas de la región, en contraposición al caos reinante en Haití y Jamaica, por ejemplo, por la acción de las pandillas, el narcotráfico y la el crimen organizado. El acceso a los bienes y servicios en Cuba, si bien cuenta con grandes dificultades actualmente debido al recrudecimiento del bloqueo de EE.UU., es más equitativo que en los países vecinos, donde grandes capas de la población viven en la pobreza. Sin duda, vivir en Cuba no está exento de contradicciones y penalidades, pero es absurdo no reconocer que cuenta con mayor bienestar social y cultural que sus países vecinos, que no están sometidos, por cierto, a ningún bloqueo desde hace décadas, con el consiguiente lastre para su desarrollo económico y social. Tampoco tiene ningún sentido comparar la realidad del pueblo cubano con los sistemas políticos y sociales de Europa, un argumento falaz muy extendido entre determinada prensa occidental.

En realidad, con Trump y con anteriores presidentes de EE.UU., ya sean republicanos o demócratas, a Cuba no se la perdona intentar un modelo social más justo e igualitario a pocas millas del Imperio. El pueblo cubano goza, desde los primeros años de la revolución socialista, de índices de cultura, alfabetización, cobertura sanitaria y desarrollo social muy por encima de los países de su entorno. Tales políticas solo han sido posibles gracias al desarrollo de un modelo político orientado al bienestar común, pese a sus fallos y contradicciones, y pese a la feroz oposición, incluyendo el bloqueo imperialista, que sufre desde hace décadas. También son conocidas las brigadas internacionales cubanas, con médicos, médicas y personal sanitario, maestros y maestras, que desarrollan sus labores profesionales en las zonas más complejas de países pobres o en vías de desarrollo. Asimismo, el sistema educativo cubano cuenta con un notable número de alumnos y alumnas de países en situaciones muy difíciles, que son formados en las universidades cubanas con el compromiso de devolver a los estudiantes a sus tierras de origen para que puedan contribuir a su desarrollo.

Las políticas sociales internas, las brigadas de solidaridad con países pobres y la formación de estudiantes para devolverlos a sus países de origen están en las antípodas de las políticas de EE.UU. caracterizadas por una gran desigualdad social interna, una política internacional agresiva y militarista y el robo de cerebros de países en vías de desarrollo. Por eso se castiga al pueblo cubano, por defender su dignidad, su independencia y una alternativa real a un Imperio decadente. En cualquier caso, Cuba sigue en pie y la solidaridad con la isla y su pueblo también. Nos despedimos desde Morata, al ritmo de Compay Segundo.

Alejandro Prieto

Fuentes ONU:

https://news.un.org/es/story/2026/08/1541782

https://news.un.org/es/story/2025/10/1540649

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *