
Revoloteábamos, divertidos,
rebosantes de color.
Sangre verde.
Luz de vida.
Fuimos
de efímera constancia:
estables,
duraderos.
Un segundo eterno.
¡Dios!
Cuánto de gozo.
Cuánto de cuchillo.
Carlos Escriña Burgos,
poema y cuadro “Urracas colirrojas”


Revoloteábamos, divertidos,
rebosantes de color.
Sangre verde.
Luz de vida.
Fuimos
de efímera constancia:
estables,
duraderos.
Un segundo eterno.
¡Dios!
Cuánto de gozo.
Cuánto de cuchillo.
Carlos Escriña Burgos,
poema y cuadro “Urracas colirrojas”