500 años del Tejo de la Senda

Tejo de la Senda

Hoy nos hemos ido a disfrutar un bosque “atlántico” en plena sierra de Madrid. Primeros de agosto y nosotras con ganas de senderismo. Pues buscamos una ruta fresca y apañamos la contradicción. Subimos con nuestro “Pandini” al Puerto de Canencia. Partimos de la Fuente de la Raja, en el área recreativa del puerto. Nuestras perras nada más llegar a los 1.524 m de altitud agradecen el cambio de temperatura y pronto comienzan a corretear con alegría entre pinos bermejos. Los pinos paulatinamente irán dando paso a un bosque más húmedo, propio de latitudes norteñas. Ante nuestros ojos van apareciendo primero robles melojos y paso a paso, también surgen acebos, tejos y abedules. Hace un sol de justicia, que se ve por encima de la bóveda de árboles que nos cubre. No nos hace falta ni gorra y apenas echamos a sudar a pesar de la ruta. Hemos acertado con esta marcha en un bosque tan fresco.

¡Cachorra solaz!


Llegamos a la Chorrera de Mojonavalle, pero no hace justicia a su nombre. El estío madrileño hace que apenas baje agua. Aunque como bien apunta nuestra pequeña Naya: “el agua baja muy fría”. Nos quedamos con la idea de volver en otoño, cuando las lluvias hayan recargado los manantiales y cumbres serranas y la cascada baje con brío entre las rocas graníticas. Nuestra cachorra de carea leonesa disfruta solaz del arroyo.


Antes de llegar a la chorrera nuestras perras se encontraron algo en el camino. “¿Huele a estiércol de vaca?”, pregunta Karla. No. No era mierda a lo que olía. Era a muerte. En mitad de la senda un joven corzo yacía cadáver, alimentando a moscas y otros bichos. Un cuervo esperaba impaciente posado en un árbol a que nos vayamos para seguir con su festín. Por la noche un tejón, un jabalí o algún zorro ha dado buena cuenta de un cuarto trasero. Los ojos y la lengua, las partes blandas y más accesibles para los carroñeros ya han desaparecido. “Así es la Naturaleza, vida y muerte”. Seguimos nuestro andar, aprovechando que estamos vivos y con ganas de celebrarlo.

Así es la vida…


Nuestro camino prosigue por el abedular de Canencia. Para almorzar elegimos una compañía inigualable. Comemos nuestro bocata y frutas junto al Tejo de la Senda, uno de los árboles singulares de la Comunidad de Madrid, con más de 500 años de vida. Estamos junto a un monumento natural, nacido de una semilla allá por el 1500 y pico. El espíritu vibra y nos pide tocar, abrazar y posar junto a su tronco. El tejo parece la unión de numerosos pequeños árboles que se hubieran juntado para crecer con más fuerza, indestructibles, inmortales.


La madera de tejo, dura y flexible, era muy valorada en el mundo antiguo para la fabricación de lanzas, arcos y flechas. El tejo está considerado un árbol sagrado por muchos pueblos europeos de la antigüedad. El Taxus baccata es una conífera, de crecimiento lento y que puede llegar a los 20 metros de altura. Sus semillas son venenosas, debido a la taxina, que consumida en altas dosis puede paralizar el corazón, aunque no para algunas aves, como el carbonero común, que las comen y difunden con sus excretas. En la península ibérica es más común localizarlo en tierras de Asturias, Cantabria y Zamora. Por tanto, el Tejo de la Senda es una rara avis en el bosque madrileño.

Acebo

Nos despedimos de nuestro “amigo” el Tejo de la Senda y Naya me dice: “Papá, cuando te mueras, vendremos Karla y yo a ver si el amigo tejo sigue todavía vivo”. Me alegro que mi hija pequeña asuma con tanta naturalidad la vida y la muerte, la fuerza del tejo y el final del joven corzo. Lo único que espero es que ese paseo de hermanas se lo den por lo menos dentro de otros 50 años… ¡je, je!


Seguimos caminando. Salud, senderistas.

Javi Prieto Sancho

Abedular
Robles y pinos bermejos
Monte es salud

Aventuras en otras tierras:

https://lapetirroja.es/2026/07/27/nuestros-pies-vuelan-en-la-passarelle-dholzarte/

1 comentario

  1. Fernando Ruiz

    La verdad que leyendo se imagina uno en esos parajes, y por unos momentos parece que desaparece el calor.
    Que verdad es que la vida y la muerte forman parte de la naturaleza, deberíamos asumirlo con más naturalidad, centrarnos más en disfrutar de la vida y a la vez , disfrutar el momento y lo que tenemos y olvidarnos de todo lo que nos sea tóxico.
    Muchas gracias Javi por estas crónicas.

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