
Entre el cielo y la tierra,
ese espacio paradójico, donde habitan la ternura y los monstruos.
Los sueños se hacen cercanos y el horizonte se toca con la mano.
Desde las profundidades
de angustia y dolor,
muriendo bajo suelo
escarcha en los dedos,
mirando desde abajo lo ajeno.
Queriendo conquistar el cielo,
cerrando los ojos,
corazón bajo suelo.
Se desbordan lágrimas
que arrastran la ilusión,
hasta lo más oscuro,
de la eterna prisión.
Intentando navegar
desde un amago de sonrisa
se hunde a sentidos cerrados.
Sin luz, desde los dedos
averiguando algo de cielo.
Fuerza escondida
que sube de abajo arriba.
Y se propaga desarmando todo, reorganizando en horizontal. Volviendo a lo natural.
Defender lo nuestro es lo que toca,
vuestras miserias,
nos sobran.
Indeleble Munay

