
La dieta mediterránea comienza en la producción local: cereales, olivas, vides, frutas y hortalizas. Es un lujo que un productor local sirva tu despensa. El comercio local fortalece el tejido productivo de los pueblos y evita la especulación con el suelo agrícola para otros fines. Si la huerta en cuestión se cultiva en ecológico, pues mejor aún para el medio ambiente, pues el trozo de tierra se convierte en un oasis de biodiversidad y refugio, por ejemplo, para las amenazadas abejas.
El Tajuña históricamente ha sido huerta de Madrid. La Comarca de las Vegas en su conjunto, con los valles regados por el Tajuña, el Jarama y el Tajo. En este contexto de monte, alcarria madrileña y vegas de cultivo, se sitúa la huerta del compañero Alfonso. Un productor local que une a su explotación autogestionada, una dimensión social al repartir verdura y hortalizas a hogares de clase trabajadora con vicisitudes económicas.

Hoy pasamos por su huerta y nos llevamos a casa una hermosa cesta de productos de temporada: lombarda, col, remolachas, puerros, cebolletas, acelga roja, calabaza almacenada del otoño… Una amplia variedad de nutritivos productos de la tierra, cultivados de forma natural y con conciencia social. ¿Qué más se puede pedir? Merece la pena apoyar huertas así y renunciar, por ejemplo, a grandes superficies como el Carrefour, que financian al estado de Israel y su ejército que sigue perpetrando un genocidio en Palestina. Pero no nos vayamos de tema, que hoy no toca.

Enumeramos algunos de los múltiples beneficios de llevar una dieta rica en hortalizas y verduras, característica de todas las tierras bañadas por el mar Mediterráneo. De los puerros nos quedamos con sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y diuréticas. El puerro ayuda a la digestión y fortalece el sistema inmunológico, con una acción antibacteriana y antiséptica de forma natural. Beneficios para nuestra sangre, nuestro corazón y nuestros pulmones.
La calabaza, cosechada a finales del verano y comienzos del otoño, nos aporta salud visual y de la piel, por su alto contenido en beta caroteno. Fácil de preparar en purés y cremas, junto a otras verduras y alguna patata para que espese, al gusto. También fortalece el sistema inmunológico y cardiovascular. Muy nutritiva, con vitaminas A, C y E y baja en calorías.

La col o repollo ayudan a controlar la presión arterial, mejora la salud cardiovascular y puede prevenir el cáncer de colon. Muy útil para la salud digestiva e intestinal por su alto contenido en fibra, favoreciendo además la microbiota, los microorganismos que residen en nuestro cuerpo y que nos son tremendamente beneficiosos. Rica en vitamina C y K.
La cebolleta nos aporta minerales como potasio y calcio, también vitaminas C y K, y antioxidantes como la quercetina, mejorando nuestros sistemas inmunitario, cardiovascular y la digestión. Es un antibiótico natural y mejora nuestra respiración. La cebolleta es la planta joven de la cebolla y por eso tiene un sabor algo más suave. Se puede comer cocinada o también cruda en ensalada.

Y así podríamos seguir con remolachas, ajetes, acelgas… pero este breve escrito pretende ofrecer unas pinceladas de nuestra rica dieta mediterránea y un agradecimiento a nuestros hortelanos y hortelanas locales. Defender el campo es comprar a los productores locales y no favorecer el neoliberalismo.
Hagamos de nuestra alimentación nuestra mejor medicina, que diría Hipócrates.
Javi Prieto Sancho


